Llenar la vida con libros no garantiza leerlos

librosVivimos en la era de las redes sociales, en las que es muy fácil tener una opinión por todo, indignarse por todo y hacer una tormenta en un vaso de agua por todo. No es que eso esté mal (al menos lo de la opinión), pero ¿qué pasa cuando creemos que nuestra opinión es la verdad absoluta del planeta y 25 planetas habitables en 300 años luz a la redonda? Pues eso, que es muy fácil indignarse y armar pleito por todo, sin detenerse a escuchar al otro y sacar lo válido y útil. 

La indignación más reciente, al menos la que ha tocado a varios amantes de los libros (incluidos bibliotecarios), es patrocinada por Marie Kondo. Kondo es una Youtuber que saltó a la fama y a una serie en Netflix poniendo orden en la vida de la gente. Desde luego, el orden en el método Konmarie  implica ver qué sirve, qué no y deshacerse de esto último. 

Podríamos creer que todo va bien, hasta que en el episodio 5 “From Students to Improvements” Kondo tiene la osadía de meterse con los libros. Según ella, en una casa no deberían existir más de 30 libros, sólo aquellos que te hacen feliz merecen descansar en tu biblioteca personal. 

Aquí es cuando muchas buenas conciencias se fueron de espaldas y pusieron el grito en el cielo, como si Kondo los estuviera obligando a tirar libros, una ola de críticas en redes sociales que no me hubiera esperado. ¡Y cómo no va a ser, si los libros son sagrados, intocables, inamovibles! Y si los queremos mover y tocar surgen los problemas. Creo sin embargo, que el problema no radica en que los toquemos o los movamos, sino en la forma cómo nos relacionamos con ellos: objeto más que contenido. 

Resulta que al libro se le ha dado un valor como objeto, por lo tanto es sagrado, intocable, acumulable, visto como un buen elemento de adorno en los hogares porque nos da cierto estatus, aunque eso no garantiza su lectura. “Leer es bueno”, “leer te hace mejor persona”, “los libros son lo mejor que pudo sucederle a la humanidad”, “una casa sin libros es como un cuerpo sin alma” y más frases y prejuicios que damos por sentados, que poco favor le han hecho a los libros y a la lectura al ponerlos en un pedestal pocas veces alcanzable y deseable para muchos “no lectores”.

De esta manera, todo aquel que se atreva a decir que no pasa nada si los dejamos ir, si dice que no le gusta leer, que los anota, que los dobla, que tal o cual lectura no le gustó, que lee cómics, que lee audiolibros o que hace tiempo no lee; produce resquemor y una ola de críticas, rasgamientos de vestiduras, además de una defensa férrea de la acumulación, el tsundoku y otras idolatrías hacia los libros porque, ¡son libros!

Si no me creen:

Algunos aseguran que Kondo odia a los libros, otros que no le hagan caso y que llenemos nuestros hogares y mundos con ellos (no hablan de leerlos), que los libros no sólo deben darnos felicidad, que los libros no sólo deben reflejar nuestros pensamientos y valores.

Es curioso, sin embargo, que todos estos defensores a capa y espada de la acumulación (que no de la lectura) y presuntos lectores, caigan en una lectura bastante lineal y además (al menos por sus comentarios) vean una sugerencia como obligación para todos.

Por ejemplo, esa frase de “libros que te hacen feliz”, es obvio que no habla sólo de libros que te ponen feliz con una sonrisa sosa (o quizá yo esté leyendo muy entrelíneas esa frase); habla también de libros que mueven, conmueven, que significan, que sacuden. Admitámoslo, no todos los libros caen en estas categorías y, si no pasa eso, entonces para qué conservarlos. ¡Ah, ya! Porque se ven muy bien en los estantes de nuestros hogares y es un sacrilegio desecharlos. ¡Qué horror! ¡qué ignorante!

Sin darme cuenta, durante años he hecho lo que Kondo pide en aras de salud mental; así que de forma consistente aunque sin proponérmelo y superando los 30 títulos en casa, he clasificado mis libros (bueno, en realidad tengo más clasificaciones inconscientes, pero para propósitos de este post hablaré sólo de esta clasificación en específico) en: 

  • Libros que amo y de los que no me pienso deshacer jamás (al menos hasta nuevo aviso o quizá nunca): generalmente libros que me han regalado, libros que me gustaron mucho, en menor medida libros firmados por el autor (que tampoco soy muy dada a las firmas, salvo en casos muy especiales) y libros útiles para mi profesión. Libros a los que vuelvo cada cierto tiempo para relectura o por cuestiones de trabajo.
  • También están los libros que me gustaron pero que ya cumplieron su ciclo conmigo y es mejor compartir. Esos libros a los que estoy convencida que ya no voy a volver, esos los dono a bibliotecas, porque en ningún lugar van a ser mejor utilizados y reutilizados que ahí. 
  • Libros que no me gustaron y que no tienen nada que hacer conmigo: esos también los dono, aunque eso no implique que lo regale a quien sea. No se trata de pasarle mi desagrado lector a alguien más, sino de buscar el lector para ese libro. Estos libros también se van a bibliotecas.

Lo anterior sin contar con que en los últimos años procuro no adquirir libros físicos, mis lecturas son gracias a préstamos bibliotecarios, préstamos de amigos y, sí, en gran medida, adquisiciones digitales.

En resumen, todo lo anterior y mi forma personalísima de mantener mi biblioteca no es una defensa a Marie Kondo, ni su máximo de 30 libros en la biblioteca personal. A lo mucho, esto es un reflexión en torno a los libros y la lectura, a pensar cómo nos relacionamos con estos objetos y una invitación a desacralizarlos y leerlos; porque llenar la vida con libros, no garantiza leerlos o entenderlos. 

Porque está bien tener etapas sin libros, etapas de lecturas ávidas, estantes llenos de libros o estantes vacíos de libros y llenos de muñecos, está bien prestar libros o ser egoísta con ellos, buscar que te los firmen, anotarlos, subrrayarlos o leerlos con guantes, leer audiolibros o sólo libros físicos. Todo esto está bien si así funciona tu vida lectora, y no porque alguien más te dijo cómo debe ser y que se ve bien tener libros acumulados, aunque no los leas. 

2 Respuestas a “Llenar la vida con libros no garantiza leerlos”
  1. Nicolás Díaz 11 enero, 2019
    • Veronica Juárez 15 enero, 2019

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