¿Crees que eres especial porque hueles los libros apenas adquiridos, porque tienes un montón de libros apilados en tu mesa de dormir, porque lees en el baño o porque lees varios libros al mismo tiempo? Aquí va un post sobre lectores excéntricos, que quizá te demuestre que estás muy lejos de serlo. Se dice que Maquiavelo vestía sus mejores atuendos para leer a sus autores favoritos, algo así como vestir de fiesta para leer, imaginen todos aquellos lectores y lectoras que no conciben irse a la cama sin antes leer un libro, vestir de gala para leer-dormir. Montaigne, al contrario de Maquiavelo, consideraba a la lectura como un ejercicio extenuante que ataba y entristecía al cuerpo mientras ponía a trabajar la mente, razón por la cual acostumbraba a leer caminando, una costumbre que no ha perdido peso a lo largo de los siglos, si no me creen, miren: Lo que sí veo un poco más complicado es leer mientras montas a caballo, pero se dice que varios humanistas del renacimiento lo hacían durante sus largos trayectos, y es que en algo había que ocupar el tiempo en estos largos recorridos, aunque quizá la lectura no fuera la actividad más sencilla [&hellip

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Si tu propósito número uno de año nuevo fue leer más libros y sólo has logrado completar la primera mitad de un libro de 50 páginas, entonces este post es para ti. ¿Cómo leer más de 42 libros en un año? es un artículo que ha estado circulando bastante en los últimos días y que no quiero pasar de largo, después de todo, de lectura se trata la cosa. Pues bien, el especialista del comportamiento Sam Thomas Davies es capaz de leer más de 42 libros en un año (más de 3 libros por mes), ustedes se preguntarán, ¿y cómo logra esta insana cantidad de libros en un año, especialmente en estos tiempos en los que hay tantos distractores y la constante es andar corriendo todo el día?, Sam Thomas Davies se lo deja a la regla del 10%, es decir, que una vez que tomes un libro entre tus manos te comprometas a leer un 10% del mismo cada día, así de simple. Desde luego que en el camino desearás enfrentarte a un mamotreto de más de quinientas o incluso mil páginas (no sé por qué me viene a la mente The history and power of writing que me [&hellip

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Vía Galleycat llego a Breve historia de la literatura juvenil, un interesante video elaborado por Epic Reads y que muestra precisamente eso, la historia de la literatura juvenil –YA, Young Adults en inglés– dirigida generalmente a adolescentes lectores entre los 12 y los 18 años, y que en los primeros 15 años de este tercer milenio está viviendo un segundo aire gracias a la aparición de libros como las sagas Crepúsculo de la escritora Stephenie Meyer y Los juegos del hambre de Suzanne Collins, así como con la creación de premios literarios enfocados en esta categoría. Es interesante ver algunas diferencias entre la Literatura Juvenil en Estados Unidos y países de habla hispana como es el caso de México, comenzando por el término mismo: en inglés se usa YA y fue utilizado por vez primera en 1960; en español no existe un registro oficial del término (si me equivoco, por favor corríjanme) que, además siempre viene acompañado de un género hermano, es decir, la Literatura Infantil; de esta manera nosotros lo conocemos generalmente como LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) y entre los muchos exponentes actuales encontramos, desde luego, las traducciones de libros mencionados en el video, pero también es posible [&hellip

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Cuando hablamos de las bibliotecas, especialmente de las públicas, nos gusta decir que somos garantes de acceso a la información pero, ¿realmente sucede así?, ¿no intervienen nuestros propios prejuicios a la hora de seleccionar un libro para el acervo?, ¿es posible hablar de autocensura en las bibliotecas al grado de no permitir ciertos contenidos que personalmente juzgamos como inapropiados? A la mente me viene, desde luego, el boom que fue el refrito 50 shades of Grey (para los que no lo saben, este libro surgió en un foro de fanfiction como un derivado, que es más bien una copia donde sólo cambian los nombres de los personajes, de Twilight) y que está viviendo un segundo aire (muy airado) gracias al reciente estreno de la adaptación fílmica; ¿qué pasa con este libro?, de buena fuente sé que en una biblioteca pública en este país hay una enorme lista de espera para el préstamo a domicilio y seguramente sucede así en el resto de bibliotecas públicas en varios países; muchos parecen tener una opinión poco favorecedora sobre el libro (aunque a veces me pregunto si genuinamente lo consideran malo o lo disfrutaron y les apena decirlo o simplemente se dejan llevar por [&hellip

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No, no, no se confundan, este post nada tiene que ver con promoción lectora, aunque en algún punto bien podría servir para estos fines; en este post vamos a hablar sobre cómo se aprende a leer bien, es decir, qué procesos cognitivos influyen o intervienen en el momento en el que los niños aprenden que la “m” con la “a” se lee como “ma” y por qué a unos niños les resulta más sencillo aprender a leer que a otros. De acuerdo con el estudio White Matter Morphometric Changes Uniquely Predict Children’s Reading Acquisition, publicado en el número 25 de 2014 en la revista Psychological Science y al que llego gracias a The New Yorker, todo se reduce a la materia blanca de nuestro cerebro. Seguramente todos hemos oído hablar de la materia gris pero, ¿qué es la materia blanca? Según Wikipedia, la materia o sustancia blanca “es una parte del sistema nervioso central compuesta de fibras nerviosas mielinizadas (cubiertas de mielina). Las fibras nerviosas contienen sobre todo muchos axones (un axón es la parte de la neurona encargada de la transmisión de información a otra célula nerviosa).” La materia gris de la que todos hemos escuchado hablar “está compuesta [&hellip

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