Vía Galleycat llego a Breve historia de la literatura juvenil, un interesante video elaborado por Epic Reads y que muestra precisamente eso, la historia de la literatura juvenil –YA, Young Adults en inglés– dirigida generalmente a adolescentes lectores entre los 12 y los 18 años, y que en los primeros 15 años de este tercer milenio está viviendo un segundo aire gracias a la aparición de libros como las sagas Crepúsculo de la escritora Stephenie Meyer y Los juegos del hambre de Suzanne Collins, así como con la creación de premios literarios enfocados en esta categoría. Es interesante ver algunas diferencias entre la Literatura Juvenil en Estados Unidos y países de habla hispana como es el caso de México, comenzando por el término mismo: en inglés se usa YA y fue utilizado por vez primera en 1960; en español no existe un registro oficial del término (si me equivoco, por favor corríjanme) que, además siempre viene acompañado de un género hermano, es decir, la Literatura Infantil; de esta manera nosotros lo conocemos generalmente como LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) y entre los muchos exponentes actuales encontramos, desde luego, las traducciones de libros mencionados en el video, pero también es posible [&hellip

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Cuando hablamos de las bibliotecas, especialmente de las públicas, nos gusta decir que somos garantes de acceso a la información pero, ¿realmente sucede así?, ¿no intervienen nuestros propios prejuicios a la hora de seleccionar un libro para el acervo?, ¿es posible hablar de autocensura en las bibliotecas al grado de no permitir ciertos contenidos que personalmente juzgamos como inapropiados? A la mente me viene, desde luego, el boom que fue el refrito 50 shades of Grey (para los que no lo saben, este libro surgió en un foro de fanfiction como un derivado, que es más bien una copia donde sólo cambian los nombres de los personajes, de Twilight) y que está viviendo un segundo aire (muy airado) gracias al reciente estreno de la adaptación fílmica; ¿qué pasa con este libro?, de buena fuente sé que en una biblioteca pública en este país hay una enorme lista de espera para el préstamo a domicilio y seguramente sucede así en el resto de bibliotecas públicas en varios países; muchos parecen tener una opinión poco favorecedora sobre el libro (aunque a veces me pregunto si genuinamente lo consideran malo o lo disfrutaron y les apena decirlo o simplemente se dejan llevar por [&hellip

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No, no, no se confundan, este post nada tiene que ver con promoción lectora, aunque en algún punto bien podría servir para estos fines; en este post vamos a hablar sobre cómo se aprende a leer bien, es decir, qué procesos cognitivos influyen o intervienen en el momento en el que los niños aprenden que la “m” con la “a” se lee como “ma” y por qué a unos niños les resulta más sencillo aprender a leer que a otros. De acuerdo con el estudio White Matter Morphometric Changes Uniquely Predict Children’s Reading Acquisition, publicado en el número 25 de 2014 en la revista Psychological Science y al que llego gracias a The New Yorker, todo se reduce a la materia blanca de nuestro cerebro. Seguramente todos hemos oído hablar de la materia gris pero, ¿qué es la materia blanca? Según Wikipedia, la materia o sustancia blanca “es una parte del sistema nervioso central compuesta de fibras nerviosas mielinizadas (cubiertas de mielina). Las fibras nerviosas contienen sobre todo muchos axones (un axón es la parte de la neurona encargada de la transmisión de información a otra célula nerviosa).” La materia gris de la que todos hemos escuchado hablar “está compuesta [&hellip

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En realidad, nunca he sido muy fan de la promoción de la lectura por tiempos, decir que se debe leer durante determinado número de minutos al día creo es la peor forma de intentar promover la lectura, que además se convierte en una lectura por obligación para cumplir un horario y no por los cientos de razones que pueden llevar a una persona a leer. Por eso el programa “Lee 20 minutos” de conocido consejo me parece de lo más hueco; sin embargo, quizá me pueda estar equivocando con los tiempos destinados a la lectura y sus resultados, al menos en un sentido. De acuerdo con los resultados de un estudio realizado recientemente por Quick Reads (programa de promoción lectora con base en Reino Unido) en conjunto con Galaxy Chocolate, los que leen durante 30 minutos a la semana son 20% más susceptibles a sentirse satisfechos con sus vidas, es decir que aquel argumento de que leer mejora nuestras vidas encuentra eco en este estudio. El Dr. Josie Billington de la Universidad de Liverpool y responsable de este estudio encontró además que los lectores, a diferencia de los no lectores, reportan menos depresión y mayor autoestima hasta en un 21% y 10%, respectivamente, lo que a [&hellip

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Y siguiendo la línea histórica del post publicado hace un par de días, qué les parece revisar hoy el origen del colofón, y es que, como sabrán, todo lo relacionado con la historia del libro y las bibliotecas siempre resulta apasionante, al menos para la que escribe ahora este post. Sí, seguramente muchos dirán que ya todos sabemos qué es el colofón y que es un tema muy masticado que se puede encontrar fácilmente en cualquier tesauro especializado en bibliotecología y ciencias afines; pero estoy casi segura que en esas fuente no encontrarán el apasionante origen de esta bella anotación. Antes de comenzar y por si hay algún despistado que aún no sabe de qué estamos hablando, veamos qué nos dicen los diccionarios especializados en el tema sobre lo que es un colofón: Según el Glosario ALA en su segunda acepción: 2. En los libros modernos, anotación final del libro o en el verso de la portada, o página de derechos, donde se registran el nombre del impresor, el tipo de letra y de papel empleados, material utilizado en la encuadernación, equipo de impresión usado y nombres de las personas que han intervenido en la producción del libro. No debe [&hellip

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