Yo me sigo tomando muy en serio esta celebración por dieciocho años de escribir en este blog. Y como parte de mis invitados de lujo al festejo, hoy toca el turno a Fernando Juárez.
Fernando es bibliotecario municipal en Musquiz, su pueblo allá en el País Vasco, donde hace un montón de las cosas bien hechas que se espera salgan de las bibliotecas públicas. Y como varios de mis invitados, es un encuentro afortunado del blog, del suyo, y ya después de las redes. Quizá él no lo sepa, pero yo leía con avidez Biblioblog, por allá de 2003 cuando no me pasaba por la cabeza escribir yo en un blog.
Biblioblog era (es?) un proyecto a seis manos, ocho en los últimos años 2013-2019, de otros grandes bibliotecarios (Natalia Arroyo, José Antonio Merlo y Jordi Serrano, además de Fernando) quienes compartían un montón de cosas valiosas sobre la profesión, la pomposa web 2.0 de aquellos años y sobre la biblioteca. Por cierto, Natalia y Jordi, además de Fernando, ya han estado invitados a otras fiestas por el cumpleaños de Uvejota, Natalia y Jordi en el quinto y décimo aniversario; Fernando en ambos.
BIblioblog fue de cierta manera el artífice para crear en 2009 el movimiento #Biblioteca en twitter que buscaba durante un día volver el hashtag #biblioteca en tendencia en esa red social. Gracias a la y los autores de Biblioblog, se logró movilizar a mucha gente en España y América Latina que participó durante, si no mal recuerdo, unos 9 años en el día de la #Biblioteca, un par de años logramos volverla tendencia…
Tiempos bonitos en Twitter, antes de convertirse en X, cuando importaba la conversación y compartir. Luego ya todes sabemos lo que pasó.
Pero quedan las publicaciones y la reflexión, queda la camaradería y quedan las ganas de seguir compartiendo. Por eso Fernando no podía faltar y le agradezco infinitamente que me haya seguido la corriente en esta celebración. Además no puedo más que agradecer sus palabras.
Fernando, mil gracias por ser parte de este festejo y por esta increíble contribución donde no sólo chuleas mi blog, también das cuenta un poco de lo que ha ocurrido con estos espacios y su valor en pleno 2026.
Ahora sí, pasen a leer.
Dieciocho años dando la matraca

Mantener un blog durante dieciocho años sobre bibliotecas, libros y lectura tiene mucho mérito.
Abrir un blog es sencillo. Eso lo hicimos muchas veces. Algunos incluso más de una vez, para mayor vergüenza retrospectiva. Lo difícil es seguir. Escribir periódicamente cuando ya ha pasado la novedad, cuando la web ha cambiado, cuando las redes han prometido sustituirlo todo y cuando uno empieza a sospechar que publicar en internet consiste, demasiadas veces, en llegar tarde a una conversación que ya se está hablando de otra cosa.
Uvejota —Verónica— ha seguido.
Llevo toda la vida en una biblioteca y sé que no sería capaz. Material no falta: libros, usuarias, lecturas, reuniones, catálogos, actividades, ocurrencias institucionales, pequeñas miserias administrativas y alguna epifanía de mostrador. Pero de ahí a sentarse durante dieciocho años a escribir sobre todo eso con continuidad, criterio y una voz reconocible hay un trecho.
Por eso agradezco que existan espacios como éste. Sin pontificar —bastante tenemos ya con quienes nos explican el futuro de las bibliotecas desde una pantalla—, Uvejota mantiene abierta una conversación profesional desde la práctica, sin convertir cada entrada en consigna ni cada intuición en modelo exportable.
Y eso ayuda cuando levantamos un poco la cabeza del mostrador y nos preguntamos hacia dónde va todo esto. No “todo esto” en abstracto, sino las bibliotecas, la lectura, la profesión, la relación con la comunidad, la tecnología.
Cuando conocí a Uvejota nos movíamos en coordenadas de web 2.0. Blogs, comentarios, enlaces, conversación, sindicación, etiquetas. Las relaciones profesionales empezaban a desbordar los límites de la presencialidad.
Desde aquella “web social” han pasado unas cuantas cosas.
Las redes se comieron buena parte de aquella conversación. La velocidad nos dejó sin pausa para la lectura. La visibilidad empezó a confundirse con influencia. Y el sector bibliotecario fue adoptando palabras nuevas para seguir hablando de viejos problemas: participación, innovación, comunidad, transformación digital, derechos culturales.
Mi propia mirada también se ha desplazado. Durante un tiempo me interesó sobre todo cómo la web podía hacer más visible la biblioteca. Con los años, quizá por acumulación de oficio, por militancia asociativa o por cansancio, me he ido centrando más en otros menesteres: cómo defendemos la profesión, cómo mejoramos el ecosistema bibliotecario, qué condiciones materiales hacen posible un buen servicio público, qué significa pasar de una biblioteca que programa actividades a una biblioteca que crea condiciones para que la ciudadanía ejerza sus derechos culturales.
Que no te confundan las palabras: me refiero a pelear horarios, presupuestos, personal, cooperación, infraestructuras digitales, reconocimiento profesional y un poco de sentido común. Ingrato pero reconfortante.
En ese desplazamiento, las conversaciones sostenidas importan. Los blogs importan. Las voces que permanecen importan porque permiten volver sobre las preguntas sin empezar cada vez de cero.
Eso es lo que agradezco de Uvejota.
Dieciocho años escribiendo sobre bibliotecas no son solo dieciocho años de entradas. Son una forma de archivo profesional. Un lugar al que se puede volver para recordar cómo pensábamos, qué nos preocupaba, qué palabras usábamos, en qué nos equivocamos y qué intuiciones siguen teniendo recorrido.
Mientras internet se llenaba de plataformas donde todo caduca a gran velocidad, Uvejota mantuvo casa propia y esa rara costumbre de pensar antes de salir corriendo a publicar la siguiente novedad.
Así que felicidades, Uvejota.
Por los dieciocho años, por la constancia y por seguir dando la matraca. Por si la expresión no cruza bien el Atlántico: dar la matraca es insistir con nobleza, perseverar con un punto de cabezonería y recordar una y otra vez lo que conviene no olvidar.
En Muskiz, además, la matraca me lleva inevitablemente al martillo pilón de El Pobal: golpe a golpe, sin demasiada retórica, hasta que el hierro toma forma. Algo muy bibliotecario, en realidad. Y, bien mirado, bastante necesario.
Fernando Juárez Urquijo
Bibliotecario
Mastodon @ferjur