El e-Book pasado y futuro (Primera entrega)

Sony ReaderRecientemente se publicó en Ars Technica el interesante artículo The Once and Future: on reading in the digital age donde se habla del presente, pasado y futuro de la lectura en dispositivos que no son precisamente libros. Hace algunos días, publiqué en Moccablog un post sobre este mismo tema y creo que el artículo de Ars Technia nos ayuda a esclarecer un poco más el panorama en torno a el libro electrónico (e-Book) y las recientes formas de lectura, por eso me permito presentarles (en varias entregas) la traducción libre de algunos extractos que me parecen de sumo interés.

En esta primera entrega Un libro con cualquier otro nombre, se habla de la lectura en formatos distintos al papel, la vieja discusión de separar la forma (dispositivo) del contenido (texto):

EL E-BOOK PASADO Y FUTURO: LEER EN LA ERA DIGITAL
Por: John Siracusa
Un libro con cualquier otro nombre

Parte del problema está justo en el nombre: e-book. En el mundo de la impresión, la palabra “libro” se utiliza para referirnos tanto al contenido como al medio. En el mundo digital, el e-book se refiere sólo al contenido, o mejor dicho, esa es la intención. Desafortunadamente, al estar ambos términos fundidos en la jerga del mundo impreso, se transfiere también a la terminología digital, de ahí mucha de la confusión.

Esto no sucede igual con la música, donde el medio y el contenido están separados; el medio cambia (vinil, cassette, CD, MP3) pero la música sigue siendo música. La música es el producto, lo que estás adquiriendo; el medio es sólo un recipiente que cambia implacablemente. Cuando aparece un mejor medio más conveniente, barato o rápido, la música le sigue, con o sin los propietarios del contenido.

Sin embargo, con el libro… hay tanto a cuestas en torno a este término: tomos gigantes, libros en encuadernación rústica o tapa dura, y todos se identifican como libros. Actualmente no ha habido en el mundo escrito una discontinuidad de forma que enfatice la separación de la forma y el contenido igualable a la que existe en la industria musical.

Algunos géneros literarios se aferran al libro como forma y como contenido: novela, biografía, historia; “estoy escribiendo un libro,” “lleva contigo un libro,” “trabajo en una librería.” Aunque fuera posible que la mayor parte del contenido de Ars Technica apareciera en un libro, quizá no sea lo que estás pensando cuando lees la palabra “libro”. Como ya lo dije, hay mucho a cuestas.

Mi discusión no se centra en el punto de la nomenclatura, es muy claro que existe un rostro poco amigable detrás de las quejas más comunes en torno a los e-book.

Tigres de papel
Existe una legión de objeciones populares en contra del e-book, y, sorpresivamente son los entusiastas de la tecnología (por ejemplo, muchos de los que están leyendo este artículo) los que están entre los más ofendidos. Aquí les presentamos algunas de las principales objeciones:

La pantalla
“No puedo leer una novela entera en una pantalla!” “El papel tiene un contraste superior” “Vista cansada! vista cansada!” “Despiértenme cuando tengamos pantallas de 1200 dpi.”

Con muy pocas excepciones, todas las comparaciones desfavorables de la pantalla frente al libro impreso son acertadas, pero estoy aquí para decirles que eso no es lo que importa.

En el mundo industrializado, el tiempo que las personas invierten para leer en una pantalla ha anulado el inconveniente de la pantalla misma. Literalmente, millones de personas han demostrado estar dispuestas y ser capaces de leer grandes volúmenes de textos en pantallas que resultan poco cómodas, pensemos por ejemplo en los mensajes de texto de los celulares: habrá quien diga que los mensajes de texto son cortos, pero puedo apostar que el Estadounidense promedio leerá sustancialmente más texto en su celular que en un libro.

Sin embargo, los celulares son sólo la punta del iceberg -un iceberg llamado “la web.” ¿Cuántas palabras y texto en páginas web crees que se leerán este año en Estados Unidos y otros países desarrollados que tienen similar penetración de Internet? ¿cómo puede esto compararse con el número de palabras que serán leídas en los libros durante el mismo periodo por la misma gente?

Es claro que la gente espera leer en las pantallas, pantallas viejas y llanas con un pequeño texto y grandes pixeles. Se leen grandes cantidades de texto durante periodos extendidos, más de 40 horas en una semana laboral, es decir, cuando muchos oficinistas se sientan a trabajar frente a una computadora todo el día. Y también se sientan a leer por placer en casa. Es probable que lo estés haciendo en este momento (a no ser que imprimas la versión en PDF de este artículo o pagues para que te lo lean).

Lo diré nuevamente: la gente leerá en las pantallas. La superioridad óptica del papel aún es real, pero también irrelevante. El umbral de calidad mínimo para las lecturas extendidas hace tiempo quedó atrás.

Entonces ¿esto significa que las personas tienden a leer novelas y otros “libros” tradicionales en las pantallas? No necesariamente, mi único objetivo en esta sección es poner sobre la mesa de una vez por todas el argumento tecnológico.

No voy a pedirte que desees leer realmente una novela en una pantalla, lo que intento decirte es que tu reticencia a hacerlo no tiene nada que ver con la tecnología en pantalla a pesar de las fervientes protestas (…donde “tú” es estadísticamente proporcional a un grano de arena, obviamente. Algunas personas tienen problemas físicos legítimos con las lecturas prolongadas en la pantalla -y papel. De cualquier forma siguen siendo sólo un ruido estadístico).

Creo que la gente lo entiende, aún cuando es muy real la reticencia incluso a considerar leer un “libro” en algo que no es un libro. La mente pide a gritos una explicación lógica, especialmente las mentes técnicas; por lo tanto, la racionalización falsa en torno a la pantalla es ya muy conocida por los entusiastas de la tecnología.

El dispositivo
Ah! la queja del dispositivo es prima hermana de la queja que pesa sobre la pantalla: insatisfacción con el dispositivo de lectura, “Es muy grande,” “No puedo doblarlo,” “Me da miedo romperlo,” “La pila nunca se agota en un libro real.”

Menciona el término e-book a una persona que jamás lo haya escuchado y su inclinación natural será pensar primero en algún tipo de dispositivo con forma de libro. El hecho de que los dispositivos como estos existan y sean comercializados sin considerar la diferencia entre un “lector de e-book” y un “e-book” solidifica esta asociación incluso entre los consumidores que conocen el e-book.

Es muy cierto que la conexión del libro físico normalmente es adoptada sin reservas por la industria, lo que resulta en aparatos con proporciones similares a las del libro, nombres tecnológicos como “e-ink” (e-tinta) e incluso las cubiertas rudimentarias o las cubiertas de pasta dura. Todo esto conspira para consolidar la conexión entre el dispositivo y el contenido. Por lo tanto, la insatisfacción con el dispositivo se traduce en la insatisfacción con el e-book en general.

Y la mayoría de las veces, hay mucho para estar insatisfecho: la pantalla es a menudo, el primer objeto de crítica. De hecho ya se han cubierto los temas de apariencia, pero las proporciones de la pantalla y la durabilidad también están bajo la mira, sin mencionar la influencia de la pantalla sobre la vida de la batería. También resulta difícil obtener un dispositivo de tamaño, peso y precio exactamente igual a cualquier otro producto.

Es claro que los dispositivos, tanto los portables como los estacionarios, que la gente ha mostrado ser capaz de leer (en el caso de los portables) traen consigo casi cualquier defecto; así que cuando llega el momento de considerar invertir en los llamados “e-books,” hay un inmediato cambio de contexto en las mentes de los consumidores pues comienzan a preocuparse por las fallas reales o imaginarias de los dispositivos que pretenden encarnar este concepto.

2 Respuestas a “El e-Book pasado y futuro (Primera entrega)”
  1. Diana Rodriguez 18 febrero, 2009
  2. Loco_Ver 18 febrero, 2009

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