Ya casi, casi, voy cerrando la celebración por los 18 años de uvejota.com. Pero no quería cerrar sin dar espacio a mi invitada de hoy, Alejandra Quiroz.
Ale es Educadora en Masaje Infantil. Yo la conocí en su faceta de bibliotecaria en la Biblioteca Vasconcelos. Aunque ahora que lo pienso, ha sabido encaminar y entrecruzar sus intereses de una forma bien interesante.
Como bibliotecaria, es una de las más comprometidas y críticas que conozco. #BIBLIOTERCA, así se define en X, yo digo que necesitamos más Ales tercas en este mundo y que, como ya también lo dije cuando nos regaló un post por los 10 años de este blog, desborda amor por la biblioteca pública.
A mi me inspira ver su trabajo, también me hace pensar y darle vueltas a lo que muchas veces asumo sobre la biblioteca pública, sobre los usuarios bebes en la biblioteca y el papel del bibliotecario en la formación de un usuario en esta edad.
Ale, no sabes lo contenta y agradecida que estoy de recibirte en Uvejota. ¡Bienvenida!
Bebés, niñas y niños en la biblioteca pública

Tradicionalmente se piensa que la formación lectora es una de las misiones principales de la biblioteca pública. Entre los públicos que atiende, es común detectar que niños y niñas son los preferidos para animar actividades de fomento a la lectura. Con el paso del tiempo, las bibliotecas han sido capaces de tener un espacio exclusivo para ellos y, en el mejor de los casos, con personal especializado para el trabajo con las infancias.
Profesionalizarse es, sin duda, un desafío. Entre los espacios culturales, las bibliotecas públicas suelen ser las que menos presupuesto reciben a pesar de la relevancia social para la reducción de las desigualdades. En Palacios del Pueblo, Eric Klinenberg retoma el testimonio de Denise, una fotógrafa de moda residente de Nueva York que frecuentaba la biblioteca de Seward Park. Tras el nacimiento de su hija, experimentó depresión posparto y para salir de ese estado, pensó que podría visitar la biblioteca con su hija. Esto se convirtió en el primer paso para experimentar un cambio sustancial en su rol como madre y ser arropada por la comunidad y, sobre todo, otras madres.
De tal manera, es posible trascender la idea del espacio bibliotecario como lugar para la formación de lectores y nada más. En realidad es un lugar donde muchas prácticas ocurren en simultáneo, integrando aspectos fundamentales para que bebés, niñas y niños tengan experiencias estimulantes. Es por eso que conocer y estar familiarizado con el desarrollo infantil es fundamental para el diseño de las experiencias que se pretenden habilitar. No significa ser un puericultista, pediatra o especialista en primera infancia. Bien vale documentarse, pedir apoyo y contar con la colaboración de otros profesionales.
Quisiera ahora contar un poco sobre los espacios dirigidos a las infancias. En la práctica, ha resultado necesario habilitar un área para los bebés de 0 a 3 años y otra para los niños de 4 a 10. De esta forma se organizan mejor los acervos, las actividades y el flujo de visitantes.
La sala de bebés

Los últimos quince años han constituido un parteaguas en la promoción de los derechos culturales de los bebés en América Latina. Aunque la mediación lectora con bebés de cero a tres años tiene mucho más tiempo implementándose, la transformación de espacios apropiados para este segmento de la población junto con el desarrollo de políticas públicas que los respalden han sido fundamentales para transformar la práctica.
La activación y el desarrollo de espacios designados para bebés ha tomado mucho tiempo en reconocerse como algo necesario. A veces se hace con las mejores intenciones pero sin el conocimiento técnico o especializado. Se cree que el simple gusto por los bebés es suficiente. Esto se traduce en prácticas que si bien no son nocivas, quedan en lo superficial.
En noviembre de 2014 se inauguró la primera guaguateca de Chile. Tuvo sede en la Biblioteca de Santiago. Se reconoce a la educadora y bibliotecaria Lorena Moya como la fundadora de ese espacio, siendo directora de la sala infantil desde 2005. Lorena cuenta que la sala infantil albergaba un rincón para bebés pero dejó de ser suficiente.
Lograr un espacio dirigido a este público es una conquista histórica y una respuesta a los datos reales: el 35% de los visitantes de la biblioteca correspondía a menores de 0 a 4 años de edad. El proyecto fue posible gracias a que estaba considerada en el plan estratégico de la biblioteca, la destinación de presupuesto y la vinculación con la Universidad Diego Portales para proyectar el espacio.
Las guaguatecas chilenas se convirtieron en la inspiración para activar este tipo de espacios específicos dentro de las bibliotecas latinoamericanas. En el caso de Chile, en 2024 comenzó a implementarse la Red Nacional de Guaguatecas, un proyecto inédito en el continente (y quizá en el mundo) que pretende abrir 44 guaguatecas en las bibliotecas públicas del país.
Fuera de Chile, el espacio ha sido nombrado como bebeteca. El nombre generalmente da gracia pero su impacto es decididamente político en el reconocimiento de los bebés como lectores de pleno derecho. Su inclusión en estos espacios es visibilizar que la lectura inicia antes de leer y que ser bebé no es ser inerte.
La sala infantil
En el mejor de los casos, la biblioteca pública cuenta con al menos una sala infantil. Por cuestiones de espacio, presupuesto o convicción, es común que en dicha zona se atiendan a todos los menores de edad. Es probable que esto afecte el flujo de visitantes, pues no da capacidad de gestionar una atención acorde a las necesidades de cada etapa.
A menudo estas salas replican un espacio escolar o aúlico. Se concibe que es un lugar al que los menores vendrán a hacer tareas o a formarse como lectores. Esta es una visión tradicional que hoy por hoy se ve desafiada cuando se introduce el juego y la conversación como elementos fundamentales en el desarrollo cognitivo de niñas y niños.
De tal manera, es pertinente pensar de nuevo qué queremos ofrecer en esos espacios. Persiste una inercia por pensar que los colores primarios y el espacio lleno de cosas propicia la participación de niñas y niños pero en realidad, lo inhibe y hasta sobreestimula. La carga sensorial de los colores, más el ruido de la música y el coro de voces puede volverse abrumador.
Concebir a la biblioteca como un lugar para la calma en el que se alterna el movimiento y la quietud es asumir una postura a favor del desarrollo saludable de niñas y niños. Hacer de la sala infantil un espacio para propiciar la exploración autónoma en un ambiente seguro y controlado puede dar herramientas que difícilmente conseguirían en casa u otra institución.
De los proyectos existentes en el mundo, quisiera reseñar tres que hacen un trabajo estupendo:
Biblioteca Pública Virgilio Barco – Colombia

En el costado oeste del complejo bibliotecario tiene lugar la sala infantil de esta biblioteca. Es un espacio amplio, bien iluminado con suficientes puestos de lectura, dos foros, uno general y otro para bebés, y una decisión estratégica en la organización de la colección. Destacan con letras grandes los estantes de Novela, Poesía, Álbum Ilustrado, entre otras. Este acomodo me parece apropiado para los más pequeños y sus acompañantes, pues simplifica la búsqueda de los materiales de lectura.
Kulturhuset – Suecia
La Casa de la Cultura de Estocolmo, Suecia, ubicada a unos pasos de la Estación Central del metro y a pie de calle de la Plaza Sergel concibió espacios bibliotecarios para dos grupos de edades: Rum för Barn para personas de 0 a 9 años y TioTretton para personas de 10 a 13.
Ambos espacios están equipados como mobiliario apto para el juego, el descanso y la lectura. Hacen sesiones de lectura en voz alta, narraciones orales y talleres. En el caso de TioTretton, el acceso a los adultos está restringido pues se considera un lugar exclusivo y seguro para transitar la pubertad.
Oodi – Finlandia

Esta icónica biblioteca finlandesa, regalo al pueblo por el centenario de su independencia, dedica el extremo norte de la tercera planta a bebés, niñas y niños. Además de los libreros que contienen la colección bibliográfica, cuenta con una pequeña sala donde se realizan lecturas y narraciones. El área de juego y lectura cuenta con un tapete comisionado a la artista Marika Maijala especialmente para la sala, inspirado en los cuentos de hadas.
Tiene, además, una pequeña cocina y comedor para alimentar a los pequeños, así como estacionamiento de carriolas. Facilita mucho la permanencia de las familias en el espacio.
Habilitar espacios para bebés, niños y niñas en las bibliotecas públicas debe ser una convicción y un compromiso político en materia cultural. Además de apoyar la lectura y el aprendizaje, son lugares para promover el juego, la imaginación y la creatividad. Es necesario que se desarrollen con seriedad y respeto por el público que reciben, además de contar con la sensibilidad necesaria para la inclusión. Convoco a tomar conciencia sobre esto aprovechando el aniversario de Uvejota y el rol que Verónica Juárez ha tenido en la difusión de la literatura infantil para que familias y profesionales puedan orientar mejor su labor. ¡Enhorabuena, Vero, por este compromiso incansable!
Alejandra Quiroz Hernández
Educadora de Masaje Infantil Certificada y Bibliotecaria