Anunciada al inicio de la administración de Vicente Fox con bombos y platillos como “la gran obra cultural de la administración foxista” y a dos años de su inauguración (de los cuales ha permanecido un año cerrada), la Biblioteca José Vasconcelos se sigue enfrentando a un sinnúmero de críticas y problemas; problemas que, por cierto, parecen no tener solución.
Pero no, no me refiero al problema de las goteras, ni el de su jardín; no es el problema banal de su utilización como locación para tomar fotos para un catálogo; no es el problema de que lleve un año cerrada; el problema no es su apertura precipitada; ni las críticas por su carácter “babilónico”; su problema no es que las autoridades de cultura no puedan dar una fecha de reapertura; y no, desde luego que el problema tampoco ha sido el gran presupuesto utilizado para su construcción.
Yo no tengo duda que estos y otros “peros” que le ponemos a la biblioteca Vasconcelos se derivan de la falta de planeación y estudio de las necesidades reales de lectura e información en nuestro país. El principal problema que esta biblioteca tendrá que enfrentar es la falta de planeación, la falta de visión y conocimiento del sistema bibliotecario nacional por parte de las autoridades de cultura durante el periodo 2000-2006. La falta de un estudio de las necesidades y situación actual de las bibliotecas públicas en nuestro país.
Acaso las autoridades, es más, los mismos bibliotecarios no se han dado cuenta que no necesitamos obras titánicas de miles de millones de pesos; es que no han comprendido que no necesitamos más bibliotecas, sino que las necesitamos mejores. De qué nos sirve una biblioteca pública más en el DF, si las que existen en todo el territorio nacional están en el abandono, con acervos obsoletos y que, en el mejor de los casos, funcionan más como bibliotecas escolares que como bibliotecas públicas. Al pasar del tiempo, surge la interrogante: ¿en qué estaba pensando el Comité Consultivo que participó en la planeación de la megabiblioteca? Comité formado por 21 especialistas en diferentes áreas, entre los cuales y para sorpresa de muchos colegas también se encontraban especialistas en bibliotecología.
Recordemos pues que la Biblioteca Vasconcelos tuvo una inversión inicial de 800 millones de pesos, suma nada despreciable que sin duda pudo ser mucho mejor utilizada para el fortalecimiento de la actual red de bibliotecas públicas del CNCA (conformada por poco más de 6000 bibliotecas de este tipo), y así lograr que aquellas bibliotecas que se encuentran en las comunidades más alejadas de nuestro país estén bien equipadas tanto con acervos de verdadera utilidad para la comunidad a la que sirven, como con recursos humanos capacitados en la atención a los usuarios. Me pregunto ¿de qué manera un niño del sur del país puede sacar provecho de la megabiblioteca? o ¿una obrera de las maquilas en la frontera norte se servirá de la misma? ¿De qué forma la Vasconcelos apoya o sirve a la biblioteca pública de la comunidad en la que yo vivo?
Pues bien, el panorama como yo lo veo, sigue siendo desolador para la Vasconcelos, y me atrevo a afirmar que mientras que en este país se sigan lanzando proyectos en favor de las bibliotecas o de la lectura, que estén basados más en la vanidad de un funcionario público, que en la preocupación y el conocimiento real de la situación bibliotecaria en nuestro país; ese proyecto está destinado al fracaso y al desperdicio de recursos financieros, y por ende a la creación de más aunque no necesariamente mejores bibliotecas.
26 junio 2008 − Publicado en Biblioteca José Vasconcelos Bibliotecas Públicas
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