Los libros que hablan sobre libros deben ser, como yo los entiendo y me gustaría, sencillos, sin discursos grandilocuentes, que te hablen sin palabras rimbombantes. La sencillez no está peleada con la profundidad.
Tristemente, a menudo los libros que hablan sobre libros son eso: discursos grandilocuentes y rimbombantes, una muestra de esto la pueden ver por acá. Es como si buscaran hacerte sentir menos por lo grandiosos que son, como si no quisieran que los alcanzaras, como si marcaran una distancia entre el lector mundano y la magnificencia de la palabra escrita que guardan. Bueno, tampoco es culpa de ellos, sino de sus autores que en busca de encantar, de convencer o, quizá, sólo de demostrar que han leído mucho, sueltan metáforas engalanadas.
Por eso cuando me encuentro un libro que habla sobre libros de una manera cercana, sin intentar ser aleccionador, me emociono mucho y quiero compartirlo al mundo entero.
Y si ese libro es para las y los niños, pero si además está dirigido (aunque no de manera exclusiva, ya sabemos que un gran libro infantil le habla a cualquier lector) a la primera infancia, bebés que aún no están alfabetizados, pero que leen el mundo todo el tiempo; entonces vuelvo a confiar en los libros que hablan sobre libros. Confirmo que es posible acercar estas lecturas de manera sencilla, pero muy profunda y, por qué no, amena e inteligente a las y los niños.
Hablarle al lector y a la madre/padre lector con sencillez, pero a la vez con profundidad tiene su mérito y mucho. Un mérito del que no gozan todos los libros que hablan sobre libros.
Por eso, no podía esperar para compartirles uno de mis hallazgos recientes ¡Libro! de Stina Wirsén, un pequeño álbum ilustrado para bebés publicado por Leetra en 2023, editorial mexicana independiente que, por cierto, se caracteriza por una cuidadosa y rica edición de libro álbum. Con sus grandes diferencias y distancias ¡Libro! me recuerda un poco a El increíble libro de Yang Sifan del que ya también les platiqué por acá.
¡Libro!, así con esos signos de admiración (¡!) ya nos deja ver que nos sorprenderá lo mucho que puede llegar a ser un libro, aún cuando esté destinado a niñas y niños que aún no los pueden leer, al menos no pasando “…la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados” como asegura la RAE en su primera acepción.
Una edición en cartoné para permitir la manipulación de los lectores más pequeños, este ¡Libro! se compone sólo de cinco páginas, pero que no los engañe su formato pequeño, pues este ¡Libro! dice mucho de lo que son los libros.
De acuerdo con una reciente entrevista a Quetzalli de la Concha, vicepresidenta y consejera legal de CeMPro (Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor), publicada en El Universal, durante este sexenio aumentó la piratería de libros en México casi un 10% para libros en papel y un 12% para las ediciones digitales. O lo que es lo mismo, en la administración anterior 4 de cada 10 libros leídos eran pirata, mientras que en la actual son 5 de cada 10.
Lo anterior representa una pérdida para el mercado editorial de 15 mil millones de pesos. También se menciona que el mercado del libro ha tenido una caída de 30% en su tamaño. Es curioso además que se mencione que el único apoyo que han recibido por parte del Estado es el de realizar reuniones con la Coordinación de Memoria História que tiene a su cargo la Estrategia Nacional de Lectura.
Y digo que es curioso porque no se puede esperar nada de una coordinación que además se supone opera una “estrategia” que, en términos reales, sólo ha existido a nivel de nombre durante el presente sexenio.
Mucho se puede decir sobre la percepción de la piratería de libros (mi postura ya la he explicado por acá), generalmente es vista como el gran crimen del lector; sin embargo, no nos detenemos a reflexionar quién piratea y, lo más importante, por qué.
Lo primero que viene a mi mente es que venimos de un periodo de pandemia que dejó bastante mermada la economía y afectó tanto a librerías, como al poder adquisitivo de los lectores. De hecho, las repercusiones del Covid-19 para la industria editorial también se esbozan en la entrevista.
Ojo, no estoy diciendo que esté bien, simplemente considero que antes de pensar en métodos punitivos como lo espera la vicepresidente de CeMPro, conviene detenernos a buscar las razones. Porque, más allá de la ilegalidad de adquirir un libro pirata o descargarlo de forma ilegal y de la intervención del crimen organizado en un país ya muy violentado, más allá de hablar de las pérdidas de la industria editorial debidas a la piratería; llama poderosamente mi atención que sea precisamente en México, un país en el que se supone no hay lectores, donde se registre este aumento de piratería de libros.
Los “expertos” en el tema aseguran que no se lee y desde hace varios años nos ronda la fatídica cifra de “tres-punto-y-cachito” libros leídos por año; 3.2 de acuerdo con el Módulo sobre lectura Molec 2024 o 2.9 de acuerdo con otros estudios. Entonces, ¿cómo es posible que crezca tanto la piratería de libros? ¿quién los está leyendo? Si hay oferta, es porque hay demanda, ¿cierto?
También llama mi atención que la Ciudad de México sea considerada como el gran mercado pirata; francamente yo hubiera esperado que se diera más en otros Estados del país donde no hay una oferta de librerías y ferias del libro como la que existe en la capital. Y esto me lleva nuevamente a reflexionar: si la CDMX tiene un mercado amplio y con una gran oferta para los lectores, por qué es precisamente donde se piratea más. ¿Hay más lectores acá que en el resto del país? ¿o quizá en el resto del país la piratería es más digital y por tanto no se puede rastrear tan fácilmente como en la CDMX?
Son muchas preguntas las que me hago con esta entrevista, desde luego es preocupante que el brazo del crímen organizado esté tan metido en la industria del libro, pero vuelvo a lo mismo, ¿esta oferta/demanda puede traducirse en la presencia de lectores? Yo insisto que sí, quizá no es la deseable, pero los lectores ahí están.
Por ello estoy de acuerdo con la entrevistada sobre la necesidad de que el Estado se involucre de una vez, sí, con atacar el problema, pero también es urgente destinar presupuesto a la investigación. Urge que las encuestas como el Molec indaguen más a fondo sobre los lugares donde los lectores adquieren sus materiales de lectura, cuánto destinan económicamente a estos materiales o si los están descargando gratuitamente de sitios pirata.
Nos urge saber si los lectores de libros pirata también van a la biblioteca, adquieren además materiales de lectura en librerías físicas o plataformas digitales legales. Nos urge investigar para entender qué los lleva a piratear. Urge entender a las y los lectores. Urge entender que sí hay lectores.
En lo personal nunca me ha gustado describir a las bibliotecas como templos del saber o santuarios del libro, considero que las bibliotecas son espacios cuya principal característica es permitir que las y los usuarios las moldeen conforme a sus necesidades e intereses y que van más allá del simple y exclusivo resguardo de los acervos. Sin embargo, encuentro recientemente una iniciativa que podría ser la excepción que confirma la regla de percibir a las bibliotecas como santuarios del libro.
Como sabrán, las bibliotecas públicas en Estados Unidos siempre han enfrentado duras críticas por parte de diversas asociaciones que han cuestionado los títulos de sus acervos por las temáticas que abordan. Entre ellos podemos encontrar Las aventuras de Huckleberry Finn y Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain y la saga Harry Potter de J.K. Rowling, por sólo mencionar algunos ejemplos, aunque acá pueden ver el listado completo y los motivos de la censura.
Como respuesta a esta censura, desde 1982 se realiza el Banned Books Week, un evento anual promovido por la ALA (American Library Association) que busca poner el foco en el derecho a leer, así como protestar frente a la censura de los libros y también busca que los ciudadanos reflexionen sobre el tema.
A pesar estos y otros esfuerzos, incluida la reciente Declaración internacional sobre la libertad de expresión, publicación y lectura, el 2023 y lo que llevamos de este 2024 han sido años especialmente duros para las bibliotecas estadounidenses en materia de censura. De acuerdo con el reporte The state of America’s Libraries 2024, sólo en 2023 la ALA registró 1,427 intentos de censura de acervo y servicios en las distintas bibliotecas de aquel país, en este mismo orden de ideas registraron un total de 4,240 títulos prohibidos frente a los 2,571 registrados en 2022, es decir, un incremento del 65% en 2023, lo que representa el mayor intento de censura desde que la ALA realiza este registro.
El Proyecto de Ley 900 de la Cámara de Representantes en el Estado de Texas buscaba restringir el acervo de las bibliotecas escolares de Texas, además de requerir a los distribuidores que etiquetaran los libros antes de venderlos a las escuelas. El proyecto fue bloqueado temporalmente el 19 de septiembre, sin embargo, esto es sólo la punta del iceberg, ya desde el verano de ese mismo 2023 las bibliotecas en Montana, Missouri y Texas habían anunciado su salida de la ALA como protesta ante la defensa de esta asociación frente a los libros censurados, mucho de ellos con temas LGBTQ+ o de raza.
A pesar de lo anterior, la respuesta y defensa de las bibliotecas ha sido ejemplar. El mismo día en que el Proyecto de Ley 900 fue temporalmente bloqueado, el Tribunal de Comisionados del Condado de Harris (HCCC) aprobó una resolución para declarar a la Harris County Public Library como santuario de libros.
El movimiento de santuarios del libro no era nuevo, comenzó un año antes en septiembre de 2022 cuando la Biblioteca Pública de Chicago y la Ciudad de Chicago se unieron en defensa a los crecientes ataques de censurar y prohibir libros en esa biblioteca pública.
Es de esta manera que otras bibliotecas en Estados Unidos y Canadá se están uniendo a la campaña para declararse a sí mismas como santuarios del libro, es decir, espacios que reúnen libros censurados y protegen y concientizan sobre la libertad de lectura.
Actualmente existen más de 3,300 santuarios del libro y para convertirse en uno sólo se necesita:
Recolectar y proteger libros en peligro.
Hacer esos libros accesibles.
Organizar charlas y eventos sobre los libros que son blanco de censura.
Concientizar sobre la historia de los libros prohibidos y la quema de libros.
Y es así como vemos que las bibliotecas no son espacios apolíticos, las bibliotecas pueden y deben tener una opinión y tomar una postura frente a situaciones que ponen en peligro el acceso a la información y a la misma institución. Las bibliotecas son santuarios del libro cuando defienden el acceso a los mismos y la libertad de los usuarios de leerlos; no son santuarios del libro cuando quedan en meros almacenes.
¿Saben?, el mes de mayo de cada año siempre estoy con mi pensamiento en el blog, pues es cuando cumple años. Y aunque este 2024 ha sido lo mismo, me sorprendí esta mañana con la novedad de que se me había pasado completamente el 18 de mayo (y casi el mes completo), fecha en la que uvejota.com cumple un año más de andanza en este mar digital, sus dulces 16.
Mucho ha cambiado desde esas primeras entradas que publiqué en aquel lejano mayo de 2008: aunque había quienes vaticinaban la desaparición de los blogs frente al creciente uso de redes sociales (twitter y facebook, en aquel entonces), lo cierto es que los blogs gozaban de gran salud y marcaban la pauta en la forma de interactuar y relacionarte a través de internet.
También existían poderosísimos lectores de RSS que me mantenían al día con los blogs que seguía y las distintas webs que me interesaban. Muchos de estos lectores de RSS, de hecho, también ya han desaparecido; pareciera que están condenados a extinguirse. Entre ellos encontramos a Google Reader, el primero que usé y que Google discontinuó en 2013.
Y para nada quiero un post fatalista de aniversario de uvejota.com, de hecho, ahora que lo pienso no me gusta nada el título de este post. Soy una convencida de que, a pesar de los pesares, los blogs continuarán y seguirán siendo los que den material a tantas redes sociales. Pero es precisamente esta reflexión constante (especialmente cada que se acerca el aniversario) sobre la importancia de los blogs y también sobre la desaparición de contenidos digitales no sólo en estos espacios, sino también en redes sociales, páginas web, apps, etc., lo que me lleva a plantearme sobre la memoria digital.
Lo anterior incluye también las stories en distintas redes como Instagran, Facebook, Whatsapp, Snapchat, entre otras, que tienen una duración de 24 horas, a menos que el usuario decida conservarlas. Aunque esto también me lleva a preguntarme si todos estos contenidos son relevantes y vale la pena que todo perdure, pero esto ya es tema para otro post.
La reflexión sobre la memoria y la decadencia digital, coincide curiosamente con la publicación de un importante estudio sobre el tema a cargo del Pew Research Center en el que podemos ver cómo gran cantidad de contenidos han desaparecido de internet, la llamada “decadencia digital” afecta tanto a información en páginas de gobierno, redes sociales y distintos espacios en la web.
Sin embargo, el tema no es nada nuevo y no se limita a la desaparición de contenidos digitales del siglo XXI; lo efímero de los soportes documentales ya amenazaba seriamente los contenidos creados en pleno siglo XX. Durante mis estudios de Licenciatura ya se ponía énfasis en la pérdida de contenidos almacenados en microfichas, cintas magnéticas, CD-ROMs, discos floppy, etc. La pérdida podía deberse a la incapacidad de transferir la documentación a otros medios, la corrupción del soporte y/o la falta de dispositivos para visualizar los contenidos en esos soportes.
Incluso publicaciones en un formato que había mostrado durabilidad a través de los siglos como es el libro impreso, se ven amenazadas por el uso de papel cuya acidez lo condena a la desaparición irremediable y más rápida que en libros publicados hace tres o cuatro siglos. Es decir, la acidez del papel afecta principalmente a aquellos libros publicados entre mediados del siglo XIX y hasta la ultima década del XX.
Pero ¿qué nos dice el informe del Pew Research Center en relación con los contenidos digitales?
A través del análisis de enlaces que devuelven códigos de error como 404 (No Encontrado), 410 (Eliminado), entre otros, concluyó que un tercio del contenido creado en 2013 ya no está accesible en 2023, esto representa el 38% de pérdida de información. La decadencia digital afecta a páginas de gobierno, sitios de noticias, Twitter (actual X), e incluso Wikipedia.
Intuyo que si este estudio se extendiera a otras redes sociales, blogs, páginas de instituciones académicas, bibliotecas y apps móviles, seguramente la tendencia sería la misma. Acá algunos de los resultados más relevantes:
23% de páginas de noticias y 21% de páginas gubernamentales tienen al menos un enlace roto.
54% de las páginas de Wikipedia tienen en la sección de “Referencias” al menos un enlace que lleva a una página inexistente.
Casi uno de cada cinco tuits no es públicamente visible después de algunos meses de haberse publicado. En el 60% de los casos se debe a que el propietario hizo su cuenta privada o se dio de baja de la plataforma. En el 40% de los casos restantes, el propietario borró ese tuit.
La importancia de este estudio radica en los sitios que analizó. Esta decadencia digital nos habla de la pérdida de información y, sí, por qué no, de la pérdida de la historia digital.
Desde luego, no todo está perdido o perdido completamente, actualmente contamos con sitios tan valiosos como el Wayback Machine de Internet Archive que, según Wikipedia desde 1996 archiva páginas web y hasta el 3 de enero de 2024 tenía archivados más de 860 mil millones de páginas y más de 99 petabytes de datos. Infortunadamente, es imposible para Internet Archive archivar todo lo que hay en internet, pero es un esfuerzo importante para no perder esta información.
Cabe pues la pregunta, ¿cuánta información hemos perdido en las últimas décadas por la decadencia de los soportes y plataformas digitales?, ¿qué podemos hacer los bibliotecarios al respecto?
Pues eso, como ya lo dije sirva esta reflexión sobre la decadencia digital y la preservación de la memoria digital para celebrar 16 años de uvejota.com.
El pasado 23 de abril, en el marco de los festejos del Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor, se presentó el Módulo sobre lectura, Molec 2024. Una encuesta sobre lectura que el INEGI realiza desde el 2015 para generar datos estadísticos sobre la práctica lectora que realizan los mayores de 18 años en un país donde, se asegura, no hay lectores.
Como en años anteriores se consideraron como materiales de lectura los siguientes:
Libros
Revistas
Periódicos
Historietas
Páginas de internet, foros o blogs
Sorprende, y no en un sentido positivo, que una vez más dejen de lado al audiolibro. A pesar de que año con año de manera contundente y sin aparente vuelta a atrás este formato va ganando terreno entre lectores e, incluso entre quienes no se consideran lectores.
La ausencia de este formato me hace reflexionar que siguen quedando fuera muchas prácticas lectoras, por ejemplo, en estos días que he estado leyendo The Sandmandde Neil Gaiman en audiolibro, quedaría fuera de los resultados porque, a pesar de provenir de un cómic, no se incluiría al estarlo leyendo en audiolibro.
Molec 2024, algunos resultados
Como siempre que reviso este tipo de estudios me deja más preguntas que las supuestas respuestas y, desde luego, quiero saber más sobre los cómos, los por qués, los qué pasaría sí Así que, antes de saltar a las conclusiones, veamos algunos de los resultados más interesantes mientras, sobre la marcha, los voy comentando:
Entre el 2015 (año en que comenzó a realizarse esta encuesta) y el 2024 ha disminuido 14.6% la población lectora. Sin embargo, puede verse un ligero crecimiento de 1% entre el 2023 y el 2024. También resalta que sea precisamente el grupo de los más jóvenes (18 a 24 años) quienes presentaron una menor brecha de disminución del porcentaje lector (6.5%). Una hipótesis que me atrevo a plantear es que se trata de un grupo etario que se encuentra estudiando en los niveles medio superior y superior, razón por la cual están leyendo activamente.
En relación con los formatos, no es de extrañar que el libro sea el formato más utilizado para leer con el 41.8%, mientras que las historietas son el formato menos utilizado (4.6%). Esto me lleva a preguntarme si la forma como se nombra influye en los resultados, por ejemplo, ¿cambiaría este porcentaje si en lugar de utilizar historieta, se utilizara cómic o, incluso cómic, historieta, novela gráfica, manga,etcétera? ¿los lectores de estos formatos se sentirían aludidos como lectores?
Aunque entre los objetivos específicos del Molec 2024 se menciona el “Identificar particularidades de la lectura tales como: preferencia de soporte (impreso o digital)”, lo cierto es que poco se distingue en estos resultados sobre libros impresos o digitales. Esto nos priva de indagar más sobre la lectura digital que no, desde luego, no está cubierta con el formato internet, foros o blogs.
Por cierto, al igual que en años anteriores las páginas de internet, foros o blogs, ocupan el segundo lugar de formato de lectura con el 39.4% (en el Molec 2023, este formato ocupó el 37.7%). Esto, desde luego, resulta muy interesante; sin embargo, el ser más específicos nos ayudaría a tener un mejor perfil lector en este rubro. Por ejemplo, ¿qué foros o páginas de internet se utilizan? ¿se trata de foros destinados a la lectura, como podría ser Goodreads o bien plataformas como Wattpad, por sólo mencionar un par de ejemplos? ¿hay distinción entre foro y red social?
Al igual que en el Molec 2023, llama nuevamente mi atención el que se tome en cuenta la velocidad de lectura en esta encuesta, y es que no se puede considerar bueno o malo que alguien lea más o menos rápido. También debe considerarse que hay lecturas que imponen mayor detenimiento, y eso no está mal, ni bien. ¿Qué nos dice realmente que un lector considere que su lectura es rápida, regular, medianamente rápida o lenta? ¿hablamos de alfabetización o práctica lectora? ¿qué criterios toma en cuenta el lector para determinar que lee más o menos rápido?
El papel de las bibliotecas y las librerías
En relación a los establecimientos destinados para adquirir los materiales de lectura se encuentran en primer lugar las tiendas departamentales, seguido por las librerías, puestos de libros o revistas usados y, en último lugar, sí, una vez más, la biblioteca. Algo seguimos sin hacer para visibilizar este espacio, ¿acervos obsoletos? ¿mala calidad en la atención? ¿desconocimiento de la existencia de bibliotecas cercanas? ¿una mezcla de todas?
Pero no desdeñemos el papel de la biblioteca porque sí que juega un papel, si no predominante, al menos importante en la formación de lectores. Por ejemplo, el 39.1% de los encuestados que son lectores fue porque sus padres los llevaban a las bibliotecas o librerías; a su vez, el 65.3% de lectores fue motivado por sus maestros a asistir a la biblioteca.
Salta también que aunque la librería goza de un buen segundo lugar, son las tiendas departamentales las que están ganando terreno. ¿El ofrecer de todo, incluidos los libros, ayuda? Recordemos también que estos espacios ofrecen principalmente best sellers y novedades editoriales, no la especialización que te podría ofrecer una librería, o el espacio que ofrece una biblioteca.
Conclusiones sobre el Molec 2024
Como ya lo mencioné anteriormente, este tipo de estudios dejan más interrogantes que respuestas y eso no es necesariamente negativo, pues nos invitan a analizar con lupa los resultados y matizarlos, nos invitan también a tratar de encontrarles sentido en un mundo tan complejo como los lectores mismos y sus prácticas lectoras. Sin embargo, hay grandes ausentes que no nos permiten perfilar más detenidamente a estos lectores:
Falta indagar sobre el papel del audiolibro y plataformas de podcast.
Falta indagar sobre la lectura en digital y esto no sólo se limita a si se lee o no en este formato, sino saber sobre plataformas, dispositivos de lectura, etc.
Falta, como bien apuntó Ale Quiroz, la inclusión de los lectores más jóvenes, ¿por que no se toman en cuenta? ¿cómo cambiarían los resultados?
Y es que, para determinar si se lee menos o más, o simplemente si se lee en México, no basta con preguntar si se leyeron los formatos incluidos en el Molec 2024.
Sin duda, el Molec se ha convertido en una pauta para conocer lo que está pasando en materia de lectura y lectores. De igual manera entiendo que quizá resultaría muy complicado levantar una encuesta anual que cubra todas estas prácticas lectoras o interrogantes, pero no puedo evitar quedarme con esa sensación de que sigue siendo incompleta y no nos permite ver el panorama completo de este país de “no lectores”.
Gracias a Cutzi Quezada, investigadora en Literatura Infantil y Juvenil y compañera de batalla en el Comité Lector de IBBY México, llego a May children decide: child and teen juries in literary prizes, un interesante informe sobre los premios a la literatura infantil y juvenil a nivel mundial en los que participan como jurado niñas, niños y adolescentes.
Esta investigación fue realizada en el marco del programa CHILDCULTURES. Challenging Anthropocentrism, Adultism and Other Exclusions with Children’s Literature and Culture y en ella participaron la Universidad de Glasgow, en Escocia, en colaboración con IBBY Internacional y con la sección IBBYCat.
Este primer documento es pues el resultado de una encuesta que tuvo el propósito de mapear los premios de Literatura Infantil y Juvenil en el que intervienen niñas, niños y adolescentes como jurado, además de conocer sus características, por ejemplo, país e institución responsable, año en que se integró el jurado, en que consiste el premio, hay algún tipo de remuneración para el jurado infantil y adolescente que participa, edades del jurado, etc.
Además de los resultados y lo que nos dejan ver, se ponen sobre la mesa varias interrogantes y reflexiones para quienes evaluamos libros de literatura infantil y juvenil y conformamos acervos para bibliotecas infantiles, escolares o públicas. Precisamente ahora que estoy redactando un texto sobre el tema, me resuena mucho “¿Los niños pueden ser expertos en literatura infantil?” (“Could children be experts in children’s literature?”), claro que sí, finalmente a ellos están destinados estos libros. Pero, ¿eso nos quita responsabilidad? Por supuesto que no.
Desde luego, me vienen tantas otras interrogantes que irremediablemente surgen desde que he participado como jurado o como miembro de un comité seleccionador, y para las que no siempre tengo una respuesta definitiva, aunque a veces sí, pero sobre las que considero pertinente volver cada cierto tiempo y no dar las cosas por sentado.
Jurado infantil y juvenil en premios literarios: México
Fue a partir de la edición de 2016 que se decidió integrar los comentarios de niños lectores a las fichas de los libros que aparecen en la Guía y así se enunció en la presentación de dicha edición:
Por primera vez, desde que se publicó la primera guía de libros recomendados, el comité de lectura de IBBY México / A leer, después de seleccionar estos libros entre las novedades aparecidas en los últimos 18 meses, propuso a un grupo de niños mirarlos y comentarlos. Esta maravillosa iniciativa permitió a los seleccionadores repensar algunas clasificaciones, mover libros de un lado a otro de la guía, confirmar sus criterios y poner en duda otros. Ojalá muchas guías sigan este ejemplo y sienten a los niños en sus comités para integrar puntos de vista diferentes, para ampliar las miradas y formar lectores críticos.
Como deja ver la presentación de la Guía, el Comité Lector está conformado por niñas, niños y adolescentes que participan activamente en actividades de la Biblioteca de IBBY México. IBBY México les proporciona los libros para revisión, mismos que deben ser devueltos para integrarse a la Biblioteca una vez que han sido evaluados. No reciben remuneración económica, pero aparecen sus comentarios en la Guía.
En las ediciones de 2017 a 2021 también puede leerse:
El Comité Lector considera como uno de sus principales criterios de selección la opinión de niños, niñas y jóvenes consultados en diversas actividades.
Es a partir de la edición del 2017 que ya aparece el nombre (sin apellido) y la edad del niño, niña o joven que revisó el libro.
Listo, les dejo por acá el link al documento y al dataset. Y sigamos reflexionando sobre nuestro papel como críticos, revisores de libros para niñas y niños.
Hablemos de algo que poco abordo en este blog: la ecoedición. Es decir, la edición que busca reducir al mínimo el impacto ambiental en todos y cada uno de los procesos, por ejemplo, qué tipo de papel se utiliza, la toxicidad de las tintas, el tiraje y almacenamiento, el embalaje y retractilado de libros, la distribución a librerías, la venta en línea y, sí, desde luego, el impacto de la lectura en pantalla.
Desde luego, no soy ninguna experta en el tema, pero sí me preocupa adónde estamos llevando este mundo y más específicamente, el impacto ambiental del proceso editorial y de lectura, así que poco pero sí he abordado el tema en uvejota.com y leerenpantalla.com.
Pero regreso al tema porque recientemente doy con el dosierEcoedición elaborado por CERLALC (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) en 2022 y que nuevamente vuelve a poner sobre la mesa a propósito del Parlamento de la Ecoedición 2024 del cual formó parte.
Desde luego, el tema de la ecoedición ya se ha abordado por distintas instancias y se han realizado investigaciones, también se han presentado propuestas por parte de distintas instituciones, entre ellas Greenpeace; sin embargo, lo interesante de este dosier es que recoge los puntos de vista y algunas propuestas en países de América Latina y el Caribe.
Desde luego, cuando hablamos de ecoedición todos pensamos inmediatamente en el uso del papel y aunque sí es un proceso que genera altas emisiones de CO2, lo cierto es que todos los procesos tienen algún impacto. Así que, qué podemos hacer para reducirlo.
Papel y tintas
Las editoriales deben exigir a las empresas que les provean papel reciclado, papel ecológico, papel producido de bosques gestionados de forma sostenible.
Existe, sin embargo, una opción de papel que no conocía: el papel mineral o papel piedra. Se trata de un papel “…que se produce sin agua, ni árboles, ni cloro, y que se extrae de la piedra, es carbonato cálcico y tiene un gran parecido con la celulosa.” También resulta interesante que es un papel impermeable y, según este dosier, aísla la grasa, la humedad y los hongos.
En la comparativa que presentan podemos ver que una tonelada de pulpa de papel virgen requiere 31 toneladas de agua utilizada y 20 árboles; para pulpa de papel reciclado se requieren 17 toneladas de agua y 4 árboles. El papel piedra (como se le conoce en España), por su parte, no requiere agua, árboles o cloro, y sólo consume 18,000 BTU, es decir, la mitad de la energía que se consume para la producción de papel virgen.
Por su parte, las tintas son consideradas como el elemento más tóxico. Se proponen distintas tintas para distintas impresiones. Aunque aquí también es necesario que la editorial evalúe el tipo de impresión menos contaminante.
Publicación y almacenamiento
Se propone la impresión bajo demanda. El principal argumento es que ya no es sostenible seguir publicando grandes tirajes, ni pequeños, sin saber cuánto se va a vender y no existe certeza de que todo va a llegar a un lector final.
La impresión bajo demanda también ayuda a disminuir el impacto ambiental en los procesos de almacenaje, empacado y/o retractilado de libros. Desde luego, el imprimir bajo demanda también asegura que no se emitirán gases cuando se se utilizan camionetas para distribución en las librerías.
Uso de etiquetas de ecoedición
También se propone que las editoriales comiencen a certificarse para poder colocar etiquetas de ecoedición en los libros que publican. Estas etiquetas informan con datos numéricos sobre los recursos consumidos en la producción de un libro.
Actualmente es posible toparse con publicaciones que informan sobre el uso de papel reciclado, papel proveniente de bosques sostenibles y del uso de tintas ecológicas. Sin embargo, son menos los libros que manejan la etiqueta de ecoedición o mochila ecológica (como también se le conoce), que informa sobre los recursos consumidos en todo el proceso.
Desde luego, esto le implica a las editoriales más gastos, más certificaciones, es decir, involucrarse más de lleno con la ecoedición.
Aumentar los precios por contaminar
Exigir un pago extra por los daños al medio ambiente y, desde luego, entrar en un proceso de ecoedición implica que la editorial destine más recursos económicos. Aunque los lectores y consumidores en general se decantan por empresas sostenibles, me pregunto qué tanto están dispuestos a desembolsar por libros ecosostenibles.
Edición tradicional vs Edición digital
Aunque pueda parecer la solución, lo cierto es que la edición digital también contamina y bastante.
Este post no busca hacer defensa a ninguno de los dos formatos pues, como se menciona a lo largo del dosier, todos los procesos tienen un impacto. En este sentido, no existen estudios concluyentes sobre cuál proceso es menos contaminante.
Si bien, con la edición digital le ahorramos al ambiente todo lo anterior, debemos señalar que requiere el uso de computadoras cuyos componentes son contaminantes. Así también son contaminantes los dispositivos utilizados para la lectura y ni qué decir de las emisiones de CO2 por mantener los ordenadores donde se almacenan todos esos archivos que descargamos con un click en nuestros dispositivos. Como se menciona en el dosier:
Según el Real Instituto de Tecnología de Suecia, para compensar el impacto ambiental de un dispositivo de lectura digital, habría que leer anualmente 33 libros de 360 páginas cada uno.
No lo encuentro tan descabellado, pero vale la pena mencionar que existen muchos dispositivos, así que convendría saber si todos contaminan por igual. Me atrevo a pensar que la vida de un ereader (dispositivo de lectura dedicado) es mayor frente a teléfonos celulares o tabletas. Y si, por ejemplo, leemos en un teléfono celular (como ocurre con la mayoría de lectores) estos 33 libros de más de 360 páginas utilizando plataformas de streaming y a eso agregamos el resto de actividades que hoy en día se realizan en un celular y que requieren conectividad (nada sostenible como ya se ha comentado), ¿realmente se compensa el impacto ambiental?
Este convenio busca garantizar la sostenibilidad en el proceso editorial, aunque de entrada sólo se menciona la certificación para el manejo sostenible de bosques (papel) y, como ya vimos, la ecoedición pasa por todos los procesos editoriales. De igual manera se busca establecer un marco de trabajo para el intercambio de conocimientos y buenas prácticas.
Leo en la página web de la CANIEM que se realizarán asesorías gratuitas, talleres y mesas de trabajo y un 20% de descuento en el primer fee anual al obtener la Licencia de Uso de Marca FSC. Si me preguntan, no me parece suficiente, pero es importante que ya se esté abordando el tema.
La ecoedición y el papel de los lectores
Ya para finalizar, no todo es responsabilidad de la editorial y las empresas tecnológicas. ¿Qué podemos hacer el eslabón lector para un menor impacto ambiental?
Aunque el dosier no aborda mucho sobre el papel de los lectores, sí que se esboza la forma en la que consumidores se sienten más identificados y dispuestos a adquirir a una empresa socialmente sustentable. Pero también se habla del impacto de las compras en línea, así que quizá valga la pena volver a las librerías físicas y más cuando lo que se adquiere es un libro tradicional, es más, yo diría que primero busquemos y leamos en las bibliotecas. No es necesario tener todos los libros acumulados en nuestras casas, es más, como también lo comentaba en otro post, mucho ayuda la compra de libros usados.
Y si se trata de un libro electrónico, vale la pena estar enterado de cuáles son las empresas tecnológicas más comprometidas con el medio ambiente. Amazon no entra en este rubro, de hecho, en el dosier se menciona que es una de las tres empresas tecnológicas (junto con Twitter y Netflix) menos avanzadas en el tema. Aquí me pregunto si la lectura en plataformas de streaming es más sustentable.
Algo que también ayudará mucho no sólo a la edición, sino al impacto a nivel general es no tener siempre el último dispositivo. Se habla mucho de la obsolescencia programada, pero lo cierto es que, en aras de siempre tener el modelo más reciente, desechamos los dispositivos cuando su periodo de vida no ha terminado.
Por último, aunque no se menciona en el dosier, intuyo que descargar los archivos de lectura y leerlos offline también aporta a la ecoedición, si estoy diciendo una barbaridad, corríjanme.
Distintas organizaciones internacionales que representan a distintos actores del mundo del libro, entre ellos, autores (IAF), bibliotecarios (IFLA), editores (IPA), libreros (EIBF), además de PEN Internacional, firmaron recientemente la Declaración internacional sobre la libertad de expresión, publicación y lectura, mediante la cual hacen un llamado conjunto por la defensa de la libertad de expresión, la libertad de leer y la libertad de publicar.
Sin duda, esta declaración es más que necesaria en los tiempos que corren, donde hemos visto que la censura está afectando seriamente a autores y muchas bibliotecas alrededor del mundo, particularmente en Estados Unidos donde, incluso, bibliotecarios y bibliotecas en estados como Montana, Missouri y Texas, entre otros, están abandonando la American Library Association por la lucha contra la censura.
A pesar, de la necesidad y la oportuna firma de este acuerdo, no puedo dejar de darle vueltas a esta parte de la Declaración:
Las editoriales, los libreros y los bibliotecarios tienen la responsabilidad y la misión —teniendo en cuenta su criterio profesional— de darle un sentido pleno a la libertad de lectura al garantizar que todas las personas tengan acceso a las obras de los autores.
Es decir, por un lado tenemos la responsabilidad y misión de garantizar el acceso; mientras que, por otro lado, algunas de las editoriales que pertenecen a la Asociación Internacional de Editores (IPA), parte firmante en esta declaración, son precisamente las que demandaron a Internet Archive por la violación de derechos de autor que supone el Préstamo Digital Controlado y, a un año de distancia de la victoria de estas editoriales, presentaron hace unos días un escrito en el que se oponen a la apelación que interpuso Internet Archive en este caso.
Karine Pansa, Presidenta de IPA menciona (las negritas son mías):
Es importante que el sector del libro permanezca unido. Los editories necesitamos autores que sientan que pueden escribir libremente, también necesitamos que libreros y bibliotecarios defiendan los libros que publicamos y nos ayuden a encontrar a sus lectores.
Pero la IPA no defiende a las bibliotecas y los bibliotecarios frente a las prácticas leoninas de las editoriales. Insisto, considero que esta Declaración resulta más que necesaria, pero no puedo dejar de pensar en los serios aprietos en que muchas editoriales meten a las bibliotecas con sus esquemas de licencias y periodos de embargo.
Por ello, es tan importante lo que menciona Vicki McDonald, Presidenta de la IFLA, sobre la firma de esta declaración (las negritas y anotaciones entre corchetes son mías):
Las bibliotecas abogan mundialmente por la libertad de leer, no sólo como un objetivo en sí, también como un motor clave de un mundo de personas informadas y capacitadas. También cumplimos con esto todos los días, a todos los miembros de nuestras comunidades. Pero esta libertad sólo puede darse si también hay libertad de expresión y libertad para que los editores apoyen la creación y difusión de nuevas ideas [por ejemplo, el Préstamo Digital Controlado, por mencionar algo que ya se viene dando desde hace tiempo]. Por lo tanto, estoy feliz de unirme a nuestros amigos de IPA, EIBF, IAF y PEN International para formular esta declaración.
En lo que trato de encontrarle coherencia. Les platico que esta declaración se presentará a lo largo del año en distintos eventos relacionados con el mundo del libro, así que supongo que en noviembre se discutirá en la FIL Guadalajara. Por lo pronto, ya fue presentada esta semana en la Feria del Libro de Londres.
Les dejo la declaración íntegra, que también pueden revisar en distintos idiomas en la página de la IPA.
Declaración Internacional sobre la libertad de expresión, publicación y lectura
Con el fin de que todas las personas tengan acceso a una amplia variedad de obras, nos hemos unido para apoyar la libertad de expresión, publicación y lectura. Creemos que la sociedad necesita ciudadanos cultos que tomen decisiones y contribuyan al progreso democrático basándose en información y conocimientos precisos. Los autores, editoriales, librerías y bibliotecas tienen un rol fundamental en este sentido, que debe ser reconocido, valorado y propiciado.
La verdadera libertad de lectura consiste en poder elegir entre la mayor variedad posible de libros que compartan la gama más amplia de ideas. La comunicación sin restricciones es esencial para una sociedad libre y una cultura creativa, pero implica la responsabilidad de oponerse a los discursos de odio, las mentiras deliberadas y la distorsión de los hechos. Los autores, editoriales, librerías y bibliotecas contribuyen de manera esencial a garantizar esta libertad.
Dentro de los límites establecidos por las leyes y normas internacionales sobre derechos humanos, los autores deben tener garantizada la libertad de expresión. A través de sus obras entendemos a las sociedades, desarrollamos la empatía, superamos nuestros prejuicios y reflexionamos sobre ideas provocadoras.
Del mismo modo, los libreros y los bibliotecarios deben tener libertad para ofrecer a todas las personas la gama completa de obras, de todo el espectro ideológico. Esta libertad no debe verse limitada por ningún gobierno ni autoridad local, individuo o grupo que pretenda imponerle a la comunidad en general sus propias normas o gustos, aunque lo haga en nombre de la “comunidad” o de la mayoría de la comunidad.
Para que los libreros y bibliotecarios puedan ofrecer la mayor variedad posible de obras escritas debe existir la libertad de publicación. Las editoriales deben tener la libertad de publicar las obras que consideren importantes, incluso aquellas que son poco convencionales, impopulares, o incluso las que puedan resultar ofensivas para ciertos grupos.
Las editoriales, los libreros y los bibliotecarios tienen la responsabilidad y la misión —teniendo en cuenta su criterio profesional— de darle un sentido pleno a la libertad de lectura al garantizar que todas las personas tengan acceso a las obras de los autores. Las editoriales, los bibliotecarios y los libreros no necesariamente respaldan cada obra que ofrecen. Si bien las editoriales y las librerías toman sus propias decisiones y hacen sus selecciones con respecto al material que ofrecen, el acceso a las obras escritas no debería restringirse según los antecedentes personales o las afiliaciones políticas del autor.
El riesgo a la autocensura a causa de presiones sociales, políticas o económicas sigue siendo alto y afecta cada eslabón de la cadena entre el escritor y el lector. La sociedad debe crear un entorno adecuado para que los autores, editores, libreros y bibliotecarios puedan cumplir con sus funciones en libertad.
Por lo tanto, instamos a los gobiernos y a todas las partes interesadas a colaborar con la protección, la defensa y la promoción de las tres libertades antes mencionadas —libertad de expresión, publicación y lectura— tanto en la legislación como en la práctica.