Aunque ya lo he dejado ver en otras entradas de este blog, hace tiempo tenía ganas de escribir un post sobre los prejuicios sobre la lectura y el libro, y es que se habla tanto y estamos tan empecinados sobre el deber ser que pocas veces nos detenemos a analizar que los lectores están ahí, leyendo, a pesar de nuestros prejuicios; eso, en el mejor de los casos porque en el peor, los lectores están ahí, tratando de encontrar ese libro que se ajuste y se salga de todos los prejuicios sobre la lectura que les hemos vendido.
Se habla de libros que no son libros, de lecturas que no son lecturas, de formatos que no son libros, de géneros que no son lectura que vamos dejando al lector muy poco margen de disfrute. Pensemos, por ejemplo, en los audiolibros, el libro electrónico, la Literatura Infantil y Juvenil, el cómic, la ciencia ficción y nos comenzaremos a dar cuenta de los prejuicios que se tienen en torno a este vasto mundo del libro y la lectura.
Así que aprovechando que últimamente he podido documentar algunos de los “deber ser” de los libros y la lectura, se los comparto acá.
Prejuicios sobre la lectura y el libro
Algunos géneros y temáticas son lectura, otros no
Por favor, no se detengan en el personaje a quien se hace referencia en esta imagen, sino en la crítica muy sutil hacia los libros de religión y espiritualidad, el “aunque” no es gratuito en el texto, pesa mucho. No sé si estoy leyendo entre líneas más de la cuenta, pero esta crítica pareciera una especie de “sólo determinado tipo de personas puede leer eso” o “sí lees esto, ahora entiendo por qué es así”.
Este formato y esta forma de leer ni es libro, ni es lectura
Se piensa que libro sólo es el impreso, se piensa que la lectura sólo es de novelas. ¿Qué pasa cuando alguien lee en pantalla o lee un audiolibro? Entonces hay quien asegura que ese ocioso que osa desperdiciar su tiempo a través de las pantallas no está leyendo. O, como se ve en la imagen, se tipifica al lector, porque nos han vendido una idea romántica del lector y del valor didáctico que debe dejarnos todo libro.
Aquí hay prejuicios no sólo respecto al formato, sino respecto al ocio como algo necesariamente malo porque, infortunadamente, vivimos en una época en la que se ve muy bien vivir ocupados todo el tiempo, mientras que los momentos de introspección y de descanso son malos. Ya lo he dicho en otras ocasiones, esos momentos necesitamos recuperarlos.
Volviendo, al tema de los libros y el formato, asegurar que el audiolibro no es libro es tan absurdo como decirle a un ciego que la lectura de libros en braille no es lectura porque no están pasando sus ojos por las letras.
Menospreciar la LIJ y la Ciencia Ficción
Si me dieran un peso, no, mejor un dolar por cada vez que he escuchado “Disfruté mucho el libro a pesar de ser para niños”, ya tendría resuelto el próximo lustro. Pensar que los libros para niños y jóvenes no pueden ser disfrutables o tratar cualquier tema, es no sólo menospreciar a esos libros, sino también a sus destinatarios principales (que no únicos, ni exclusivos), además de creer que estos no merecen historias disfrutables, impactantes, inteligentes, profundas, divertidas, etc. Como bien dicen los de Goodreads “Be proud of what you read”.
El valor didáctico de la lectura
Especialmente de la LIJ. Un prejuicio muy ligado al menosprecio del que les hablaba en el punto anterior y los grandes culpables de que tengamos en librerías libros insulsos, maniqueos y condescendientes que pretenden “dejar un mensaje” y lo único que logran es enseñar a los destinatarios que los libros son muy aburridos y que más vale pasarlos de largo.
Me creí el “deber ser” de los libros y la lectura que no me permito disfrutar lo que se sale de ese canon
Quiero cerrar el post con este ejemplo, quizá el más decepcionante de lo bien que muchos han hecho para vender prejuicios sobre la lectura: “este libro me gusta, pero no me puedo permitir ese disfrute porque no es literatura”, “no es buena literatura”. Hace algunas semanas, en el cierre del círculo de lectura de Literatura Infantil y Juvenil que mi querida Abril G. Karera dirigió en la Biblioteca Vasconcelos se mencionaba algo similar, lectoras y lectores que durante mucho tiempo se han privado de los libros para niños en el entendido de que estos no son libros. ¿Cuántos lectores habrá que se estén privando de ciertos géneros, autores y/o formatos sólo porque piensan que eso no es lectura?
Y podría contarles más, pero me quedo con eso, ¿conocen otros prejuicios sobre la lectura? ¿han caído en estos prejuicios o en otros? ¿no se han permitido disfrutar una lectura pensando cualquiera de las cosas que les cuento en este post?
Por si andan un poco despistados, el lunes pasado se anunció el fallo del XIV Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil, uno de los premios más prestigiados en lengua castellana que reconoce la trayectoria de autores de literatura infantil y juvenil. En esta ocasión el premio se lo llevó la argentina Graciela Montes por su increíble y más que completa trayectoria.
Les comparto acá el comunicado de prensa donde se anunció a la ganadora y, desde luego, los invito a conocer su obra ya sea de literatura, de teoría o sus traducciones. Aunque no todo está publicado en México, pueden hacerse de algunos títulos; espero que con este reconocimiento se reedite su obra y llegue a toda América Latina. Mis favoritos, si tienen oportunidad de topárselos no lo duden, son: Aventuras y desventuras de Casiperro del Hambre, El turno de la escriba e Irulana y el Ogronte.
Ahora sí, el comunicado:
Guadalajara, Jalisco a 8 de septiembre de 2018
Graciela Montes es la ganadora del XIV Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil
La entrega de la décimo cuarta edición del galardón se realizará el 27 de noviembre, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Por “ser una escritora pionera en la literatura infantil y juvenil en Iberoamérica, que ha influido en varias generaciones de escritores y especialistas de toda la región”, el jurado de la décimo cuarta edición del Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil eligió, por unanimidad, a Graciela Montes como ganadora.
Montes, quien junto con este gran reconocimiento recibirá 30 mil dólares, es una de las representantes más sobresalientes de la literatura infantil y juvenil.
El jurado de esta edición del Premio SM estuvo integrado por Juana Inés Dehesa, en representación de la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI); María Elena Maggi, como representante del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC); Verónica Juárez Campos, por parte del International Board on Books for Young People (IBBY México); José Pulido Mata, en nombre de la Oficina en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y Cecilia Ana Repetti, en representación de la Fundación SM, quienes destacaron “su calidad literaria, cuya diversidad de estilos y recursos permite lecturas en varios niveles”.
En su acta, el jurado del Premio SM resaltó “su obra amplia y diversa, que aborda temas innovadores”. Así como, “la complicidad con el lector que, sin ser complaciente, contribuye a una relación con el texto que no precisa intermediarios”. Además de “la creación de personajes valientes que resuelven conflictos personales y sociales con sus propios recursos”.
Los miembros del jurado reconocen “su proyecto de creación y su idea clara de la teoría de la literatura infantil y juvenil, sus posibilidades y su función en la sociedad”
La ceremonia tendrá lugar el 27 de noviembre próximo,
en la 32 Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Los ganadores anteriores del Premio SM han sido Juan Farias (España, 2005), Gloria Cecilia Díaz (Colombia, 2006), Montserrat del Amo y Gil (España, 2007), Bartolomeu Campos de Queirós (Brasil, 2008), María Teresa Andruetto (Argentina, 2009), Laura Devetach (Argentina, 2010), Agustín Fernández Paz (España, 2011), Ana María Machado (Brasil, 2012), Jordi Sierra i Fabra (España, 2013), Ivar Da Coll (Colombia, 2014), Antonio Malpica (México, 2015), María Cristina Ramos (Argentina, 2016) y Marina Colasanti (Brasil, 2017)
Graciela Montes
Nació en Buenos Aires, Argentina.Es Profesora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Se ha desempeñado como escritora, traductora y editora.
Trabajó durante más de veinte años en el Centro Editor de América Latina, donde dirigió la colección de literatura infantil Los cuentos del Chiribitil entre 1977 y 1979.
Es miembro fundador de la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de la Argentina (ALIJA) y cofundadora de la revista La Mancha.
Su producción literaria abarca títulos de ficción como cuentos y novelas, además de ensayos y textos informativos. A lo largo de su carrera, suman más de treinta libros para niños, dentro de los cuales destacan: Nicolodo viaja al País de la Cocina, La guerra de los panes, Aventuras y desventuras de Casiperro del Hambre, Historia de un amor exagerado, Y el árbol siguió creciendo, Otroso, Irulana y el ogronte, y Tengo un monstruo en el bolsillo, entre otros. Además, ha escrito novelas como: El umbral (1998), Elísabet (1999) y El turno de la escriba (2005), entre muchas más.
Sus libros para niños y jóvenes han sido publicados en varios países de habla hispana, además de haber sido traducidos a varios idiomas como alemán, catalán, coreano, griego, hebreo, italiano, portugués y tailandés.
Graciela Montes ha sido reconocida por su labor como escritora con el Premio Lazarillo (1980), el Premio Fantasía Infantil (1996) y fue nominada en tres ocasiones al Premio Internacional Hans Christian Andersen. Recibió el Premio Casa di Risparmio di Cento (2001), fue reconocida con el Diploma al Mérito en la categoría “Literatura Infantil” por la Fundación Konex (2004) y fue galardonada con el Premio Alfaguara de Novela (2005), entre otros.
Como traductora, ha trabajado con importantes obras como los Cuentos de Charles Perrault, Huckleberry Finn de Mark Twain y los libros de Lewis Carroll. Ha ofrecido conferencias y charlas sobre literatura.
Jurado
Juana Inés Dehesa
Jurado representante de Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI).
Verónica Juárez Campos
Jurado representante del International Board on Books for Young People (IBBY México).
María Elena Maggi
Jurado representante del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC).
José Pulido Mata
Jurado representante de la Oficina en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Cecilia Repetti
Jurado representante de la Fundación SM.
¿Alguna vez se han preguntado cuál es el impacto del libro en la industria audiovisual o si, por el contrario la industria audivisual impacta de alguna forma en el consumo de libros? ¿Y si este impacto en cualquiera de las vías es positivo o negativo?
Lo pregunto porque recientemente se han publicado dos estudios sobre el impacto del libro en la industria audiovisual y viceversa, cuyo enfoque y resultados son contradictorios de una forma bastante interesante.
El primero, titulado ¿Compradores de libros, a dónde van? (Buchkäufer – quo vadis?) publicado en el mes de junio (acá un resumen en español), muestra los resultados de un estudio alemán donde la empresa GfK encuestó a 25 mil personas y en el que se observó que la reducción en el consumo de libros se debe a que la gente pasa más tiempo en la red, específicamente viendo series de televisión en servicios de streaming como es el caso de Netflix y que este tipo de servicios ejercen mayor atracción que un libro, la clásica historia de que el libro y la lectura tienen mucha competencia.
De acuerdo con este estudio, entre 2013 y 2017 la compra de libros en Alemania cayó un 18% y este porcentaje es aún mayor conforme aumenta la edad del otrora lector y hoy televidente (¿será Netflixvidente?), pues entre los 20 y lo 50 años esta caída fue de entre 24% y 37% destinándose en promedio casi 3 horas diarias para navegar en la red.
Paradójicamente, el estudio también revela que los que son lectores asiduos son los que siguen leyendo y comprando más libros, pues en promedio una persona adquirió 12 libros en 2017, mientras que en 2013 sólo se adquirían en promedio 11 libros; lo mismo ocurrió para los libros electrónicos: menos compradores, más compras por persona.En lo personal aquí es donde veo el punto medular, no es que la gente (en este caso los alemanes) estén dejando los libros por ver series, sino que las personas que originalmente no son lectores asiduos están mudando de pasatiempo, antes quizá era la televisión, después los videojuegos y ahora series en Netflix.
Unos resultados nada halagüeños para el libro, sin embargo, si nos detenemos un poco más veremos que algunos aspectos de este estudio son contradictorios; por un lado señala que la gente está abandonando los libros en favor de series de televisión y, por el otro, dado que “…cada vez hay mayor presión socialpara reaccionar de manera constante y estar atento para no perderse algo”, esto se puede aprovechar para ofrecer libros como una forma de contrarrestar el frenesí que causa el estar permanentemente conectado y al tanto de todo lo que ocurre, lo anterior de acuerdo con Alexander Skipis, jefe de la Asociación de Editores y Libreros en Alemania, en el comunicado que acompaña al estudio y en el que además añade que los distintos grupos de edad están tomando una actitud positiva frente a los libros como una forma de desconexión.
Entonces, ¿abandonan los libros o están llegando a ellos como una forma de enfrentar la hiperconexión? Aquí es cuando nos damos cuenta de la importancia de mirar las cosas desde una perspectiva diferente.
En ese otro enfoque del impacto del libro en la industria audiovisual, donde el libro es una fuente de inspiración para seguir nutriendo otras industrias culturales y no una víctima a la que todos le roban audiencia, encontramos Contribución de la industria editorial a otras industrias creativas, un informe de la Asociación de Editores de Reino Unido publicado recientemente en el que se estudia el gran impacto que tiene el libro en el cine, la televisión y el teatro:
El ingreso en taquilla de una película basada en un libro es 44% mayor en Reino Unido y 53% mayor a nivel mundial. Para ponerlo en números más duros, una película basada en un libro tuvo entre 2007-2016 un ingreso en taquilla de £262 millones, la adaptación de un cómic a película tuvo un ingreso de £446 millones durante el mismo periodo, mientras que un guión original sólo tuvo un ingreso de £171 millones.
Las series de televisión basadas en libros tienen un 58% más de espectadores que las series originales.
Entre 1968 y 2002 el 35% de las películas filmadas en inglés tuvieron al libro como la fuente de inspiración.
El 43% de las principales películas filmadas en Reino Unido entre 2007 y 2016 están basadas en libros.
El 40% de las producciones de alto presupuesto en 2017 están basadas en un libro.
Una obra de teatro basada en un libro tiene hasta tres veces más entradas que una obra original.
Pero no sólo eso, libros, películas y series de televisión se retroalimentan constantemente en un ciclo por demás interesante: gracias a un libro es que hay historias para las series y películas que, debido a su éxito dan a su vez a conocer el libro a una mayor audiencia y, quizá, logran hacerlo pasar de un best a un long seller, con lo que quizá nuevamente se realicen nuevas adaptaciones al cine o a la televisión.
Y más allá del indiscutible impacto del libro como fuente de inspiración, yo no puedo dejar de pensar que, contrario a lo que señala el estudio alemán, las series de televisión y servicios de streaming como Netflix no necesariamente están quitando tiempo de lectura a las personas, son precisamente estas series inspiradas en libros las que ponen en la mira del espectador determinado libro, una forma de descubrimiento que es quizá más útil que los elaborados algoritmos de las librerías en línea. Pensemos, por ejemplo, cuántas personas han terminado leyendo Game of Thrones gracias a la serie y sus siete temporadas, cuántos después de ver las 8 películas de Harry Potter o las tres de El Señor de los Anillos, terminaron acercándose a los libros. Para muestra de lo anterior, el caso de estudio que aparece en el informe de la Asociación de Editores del Reino Unido: el libro War horse de Michael Morpurgo es un libro infantil que no tuvo gran éxito comercial cuando fue publicado por primera vez en 1982, pero después de la adaptación al teatro en 2007 comenzó a ganar popularidad.
Resulta, pues, interesante conocer estas dos visiones de la industria editorial frente otras industrias audiovisuales: victimizar al libro, escandalizarnos y quejarnos de que ya nadie lee (por culpa de Netflix, la televisión, internet, los videojuegos, las redes sociales, el cine, o cualquiera que sea el entretenimiento en turno) o colocarlo en el lugar que se merece y ver el impacto que tiene en la industria audiovisual y cualquier manifestación cultural.
El 8, 9 y 10 de junio se estuvo llevando a cabo la Semana Chilanga del Álbum Ilustrado (@del_semana), evento organizado por Luis Téllez (@pavidonavido), escritor y experto en literatura infantil y juvenil. Tres días, cuatro mesas de discusión, talleres de lectura en voz alta y narración oral para niñas y niños, además de exhibición y venta de álbums y productos ilustrados, todo ello con el fin de reflexionar, cuestionar y discutir sobre los claroscuros (que hay muchos) del libro álbum en la Ciudad de México.
Aunque se analizaron muchos temas, todos ellos necesarios, les platicaré algunos que me parecieron especialmente importantes:
Colorear la escritura fue la charla inaugural a cargo de Valeria Gallo y Ana Romero. Una mesa en la que se habló sobre el diálogo que debe o debería existir entre escritores e ilustradores durante el proceso de elaboración de un álbum ilustrado, además de tocar un poco las particularidades de estos materiales: ilustración a doble página, formatos, licencias que el ilustrador se pueda tomar, qué cuenta el texto y qué cuenta la imagen, la pertinencia de los temas y la creciente percepción de que se está publicando sobre pedido para abordar (un tanto forzadamente) temas espinosos, dejando de lado (quizá) la libertad creativa de escritor, ilustrador y editor.
En la mesa El álbum en la Ciudad de México hoy a cargo de Grace Silva, Alejandra Quiroz y Abril Castillo se presentaron algunos de estos materiales, pero también se puso especial énfasis en la responsabilidad no sólo social sino también ambiental al momento de editar estos libros tomando en cuenta la huella de carbono que deja el libro álbum, la validez o no de la autopublicación (sobre la que se dice que hay mucha basura y en la que yo a veces me pregunto si es necesariamente mayor que la que hay en las librerías con libros publicados tradicionalmente). Y una pregunta muyinteresante quedó abierta, ¿vale la pena talar árboles para poner un libro álbum en las manos de un lector?
Analizar para disfrutar, miradas críticas, a cargo de Ana Luisa Tejeda, Maya Aguayo y Paola Zorrilla, se analizaron algunos libros silentes (de los que les hablaré en una próxima entrega). También se habló sobre la ausencia de crítica especializada, lo que a mi gusto es un reflejo del prejuicio ya no sólo hacia la literatura para niños y jóvenes, sino hacia los libros a los que despectivamente se les llama “con dibujitos”. El principal problema de la falta de crítica especializada es que: 1) no se llegan a conocer estos materiales, 2) no se aprecian en su justa medida, y 3) cuando llegan a las escuelas, no se aprovechan lo suficiente porque los maestros en ocasiones no saben qué hacer con ellos.
En la última mesa Fabricantes de universos, editoriales independientes y libro álbum a cargo de Erika Olvera, Carlos González y Luis Tellez, se habló sobre los retos a los que se tienen que enfrentar las editoriales independientes para poder poner sobre la mesa un libro álbum: costo del papel e importación, pues en México sólo se produce papel bond; el rol que juega o debería jugar el Estado no sólo en la producción de estos libros, sino también en la promoción de la lectura; apostar a libros originales o ir a la segura comprando de derechos; cómo mover estos libros entre los lectores; por qué son costosos estos libros; el valor o daño que las ferias del libro hacen a librerías, etc. Paradójicamente, pareciera que son precisamente las editoriales independientes quienes más apuestan por el libro álbum a pesar de los pesares.
Algunas cosas que quizá para algunos resultaron incómodas, pero sobre las que es necesario seguir discutiendo y visibilizando:
La importancia de ver al libro álbum no sólo como un material destinado a los niños. Todos podemos ser consumidores de estos libros. No se trata de libros con dibujitos, sino de toda una propuesta donde hay narrativa en todos y cada uno de sus componetes.
La necesidad de capacitar y sensibilizar a padres, maestros, bibliotecarios y promotores sobre estos materiales. ¿Por qué son costosos y a qué nos referimos realmente con costoso?
La necesidad de información estadística, la necesidad de compartir experiencias y de generar información; quizá nos toque a los involucrados comenzar a hacerlo y no esperar programas oficiales con evaluaciones oficiales que lo último que buscan es investigar qué ocurre realmente, sino justificar programas. Un buen inicio de compartir experiencias ha sido esta semana; sin embargo, insisto, y creo que también en algún momento se mencionó, sin quitar responsabilidad al Estado, nosotros debemos comenzar a generar y compartir datos.
Al final me quedo con este tuit:
Hubo polémica en nuestras mesas, se dijeron cosas que a algunos no gustaron, se tocaron temas ásperos, sí. Es que nos disgusta la autocomplacencia, ver sólo lo bello de los libros sólo nos estanca. ¡Gracias a todas y todos por el diálogo! ¡Y la diáloga!
— Semana Chilanga del Álbum Ilustrado (@del_semana) June 10, 2018
Excelente, monumental y muy loable iniciativa de Luis Téllez para hablar sobre el libro álbum de manera más cercana y, como bien lo dice, sin ser autocomplaciente. Enhorabuena, creo que muchos ya estamos esperando una segunda, tercer, cuarta… semana del álbum ilustrado.
En abril pasado el INEGI publicó el Modulo de lectura MOLEC 2018 (sustentado en la Metodología Común para Explorar y Medir el Comportamiento Lector del CERLALC y la UNESCO), un estudio en el que se presentan datos estadísticos actualizados sobre el comportamiento de los lectores mayores de 18 años que residen en áreas con una población a partir de 100,000 habitantes y que considera como materiales de lectura libros, revistas, periódicos e historietas en formato impreso o digital, además de lectura de páginas de Internet o blogs.
El Módulo de Lectura MOLEC 2018 resulta por lo menos soprendente en lo relacionado con los lugares destinados a la lectura, donde no están los que se podrían considerar más naturales para estas actividades; con los tipos de lectura por sexo y con los formatos de lectura en los que por algún motivo no se incluye a los audiolibros y en donde la lectura en formato electrónico aún no despega y donde siguen sin aparecer los audiolibros. Acá algunos de los datos que encuentro más interesantes:
Quizá el dato más relevante, y no en un sentido positivo, es queel número de lectores mayores de 18 años ha ido disminuyendo paulatinamente: en 2015 era el 84.2%, 80.8% para 2016; 79.7% en 2017 y 76.4% en este 2018. Esto representa un descenso de casi 8 puntos porcentuales en sólo cuatro años. Aunque, recordemos también que hay algunos otros estudios que indican lo contrario.
De la población considerada por el Módulo de Lectura, 97.7% es alfabeta y de estos, el 76.4% declaró leer al menos uno de los materiales de lectura del MOLEC. De cada 100 personas, 45 han leído al menos un libro. Sin embargo, en 2015 eran 50 de cada 100.
Sexo y tipo de lectura:la proporción de lectores hombres es mayor que las mujeres, 80.1% y 73.1%, respectivamente. Sin embargo, es mayor el porcentaje de mujeres que leyó algún libro en los últimos 12 meses, 46.5%, frente al 43.6% de los hombres. Mientras que los hombres leen más periodicos, páginas en internet, blogs e historietas, 53.1%.
Lo que más se lee es literatura, 40.8%; los libros de texto se encuentran en segundo lugar con el 33.6%; los libros de autoayuda están en tercer lugar de lo más leído con 28.2%.
Formato: el 84.9% prefiere leer en formato impreso, 89% busca revistas impresas y 91.6% periodicos impresos y sólo el 10.7% leen libros en formato digital.
A pesar de esta diferencia notable entre los que leen en impreso y digital, el porcentaje de los lectores en este formato ha ido aumentando constantemente; mientras que en 2005 sólo era el 5.1 de la población mayor de 18 años, como ya vimos en 2018 este porcentaje se ha duplicado. Encuentro sumamente interesante este dato y me pregunto si realmente se trata de preferencia de un formato o, si esto se debe realmente a que la oferta sigue sin ser la misma en impreso y en electrónico, también puede ser que los lectores siguen sin conocer el formato electrónico, que el acceso no es el mismo, que los lectores no están acostumbrados y/o no confían en las compras electrónicas, etc.
Tiempo de lectura y nivel educativo: 39 minutos en promedio, aunque el nivel educativo si juega un papel esencial, por ejemplo, los lectores con al menos un grado de nivel superior leen en promedio 49 minutos; mientras que las personas con educación básica sin terminar, como es el caso de la secundaria leen en promedio 29 minutos.
Pero, ¿por qué lee la gente? Por entretenimiento 39.3% para los que leen libros y 65.6% para los que leen revistas. Los que leen periodicos (62.1%) lo hacen por “cultura general”.
Y ahora, ¿por qué no lee la gente? Falta de tiempo, 45.6%; falta de interés, 24.4%; y preferir otras actividades, 14.8%. Un trabajo en el que sin duda las bibliotecas y los/las bibliotecarios tenemos un gran trabajo pendiente para lograr que la lectura sea una actividad tan atractiva como cualquier otra al punto que la gente se haga un tiempo para leer.
¿Dónde se lee? el hogar es el principal lugar para la lectura, seguido del lugar del trabajo. Resulta curioso que las bibliotecas, espacios que podrían considerarse naturales para la lectura, no figuren entre los espacios destinados para la lectura, lo cual es un trabajo pendiente para los bibliotecarios. Me resulta sorprendente, extraño quizá, que el transporte público no aparezca como lugar destinado a la lectura.
Quiero cerrar este post con uno de los resultados al que las y los bibliotecarios debemos prestar especial atención: el papel de las bibliotecas. De acuerdo con los resultados del Módulo de Lectura: sólo el 9.8% de la población asistió a estos espacios para adquirir en préstamo materiales de lectura y sólo el 24.6% recibió en el hogar estímulo para asistir a estos espacios. Es decir, las bibliotecas siguen sin figurar como un espacio natural para la lectura y no se hace mucho desde la escuela y/o el hogar para fomentar su uso, pero menos desde la misma biblioteca para convertirse en espacios atractivos para la lectura. Mucho que hacer en este terreno.
Valdría la pena que para encuestas futuras se amplíe más el espectro de materiales de lectura donde se incluyan audiolibros; además que, como ya lo comenté, vale la pena revisar más el papel de las bibliotecas y del transporte público como lugares de lectura.
Esto no se acaba hasta que se acaba o, lo que es lo mismo, la celebración sigue y aprovechemos mayo mientras sigan llegando los regalos.
Así que hoy toca el turno de festejar con mi querida María Esther Pérez Feria. Mediadora de lectura y compañera de lecturas con quien he tenido el privilegio de coincidir gracias al Comité Lector de IBBY México. Esther es alguien a quien definitivamente tienen que escuchar hablar de un libro y con un libro, una verdadera delicia. A ella la encuentran en escuelas, festivales de poesía y ferias del libro, pero como este país es muy grande, entonces seguro que mejor la lean en Palabras para Darte Vuelo, el blog que comenzó en 2017 y al que le deseo larga, qué digo larga, vida infinita o bueno, larguísima.
Convencida y conocedora del valor y la utilidad de la poesía, de escuchar al otro, de leerle a alguien; su colaboración y regalo es precisamente un reflexión sobre este tema. Así que búsquense un lugar cómodo para leerla, en verdad lo vale.
Esther, mil y un gracias por aceptar ser parte de este festejo, gracias por traernos más poesía al blog.
¡Bienvenida!
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¿Para qué sirve la poesía?
María Esther Pérez Feria Palabras para darte vuelo, cultura escrita, niñas y niños Blog
Foto de Marco Esteban Mendoza
Para Verónica Juárez y sus diez años de aportes a la lectura en medios digitales.
En verdad, las palabras sueñan.
–Gaston Bachelard
¿Sirve para algo la poesía? ¿La poesía es útil en la infancia? Hay quienes declaran que la poesía no sirve para nada. A veces se acota esta idea y se dice que no sirve nada en sentido práctico o utilitario. Se cuestiona la utilidad de la poesía y se la ubica en un ámbito etéreo, sublime, alejado de lo terrenal, misterioso, casi sagrado. Sin embargo, yo cuestiono esta afirmación. Declaro, en cambio, que la poesía es harto útil para la vida cotidiana y que sirve para resolver la vida práctica que implica sobrevivir el día a día. Trataré de argumentarlo en este texto, comenzando por revisar qué es lo útil.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, “útil” es un adjetivo que, en su primera acepción, significa que “trae o produce provecho, comodidad, fruto o interés”. Según esta definición, si lo útil produce provecho, entonces produce beneficio, ¿qué podríamos decir respecto de la poesía, ¿de qué índole sería dicho beneficio? Si la poesía es útil y produce beneficio, siguiendo a la RAE, lo es porque ¿produce comodidad? Atendiendo que, a su vez, el término comodidad implica una “cosa necesaria para vivir a gusto y con descanso”, es justo decir que la poesía es una especie de cosa necesaria, ideal incluso, para vivir y, más aun, para sobrevivir. Si bien, no siempre con descanso ni tan a gusto, al menos se sabe que ha ayudado a muchos poetas, a muchos lectores y a muchos lectores-oidores (Frenk, M.) a vivir y a estar en el mundo, gracias a los versos que dan oxígeno para evitar el ahogo que suele acarrear la rudeza de la vida. Porque, sin duda, hay versos que nos dan comodidad, en el sentido de acomodo, esto es, que nos ayudan a acomodarnos en el mundo, a encontrar nuestro lugar sobre la tierra.
Así pues, la poesía, como cosa útil, puede proveernos de esa comodidad. Visto desde otro ángulo, también podríamos pensar que la poesía se acomoda en nuestra experiencia como sujetos y como lectores, es decir, que se presenta en nuestra existencia de manera conveniente, oportuna, a nuestras emociones o momentos de vida. Incluso cuando la poesía llega a resultarnos incómoda, puede ser absolutamente pertinente cuando nos habla de frente, cuando repercuten sus ecos en nuestras moradas interiores. La poesía es útil porque pasa de ser una cosa, un objeto cultural de lenguaje,a configurarse como una experiencia y como una manera de estar en el mundo, como ese entrar en poesía (Jean, G.) para pulir la mirada, aguzar el oído, hablar con el corazón, sonreír con el cuerpo y vivir con sueños, magia y esperanza.
Para ampliar esta argumentación sobre la utilidad de la poesía como experiencia, vayamos a ejemplos concretos. La manera de hacerlo será ofrecer unas cuantas respuestas a la pregunta: ¿para qué sirve la poesía? Cada respuesta se acompaña de un único ejemplo poético, esperando que sea convincente y, a reserva, de los ejemplos que cada lector de estas notas pueda aportar por su cuenta. Empecemos.
¿Para qué sirve la poesía?
La poesía sirve para crear un universo de ensoñación y música:
Por el alto río, por la bajamar, Sapito y Sapón se han ido a jugar. En una barquita de plata y cristal, ayer por la tarde los vieron pasar con Pedro Gorgojo, con Pancho Pulgar, con Juan Ropavieja y Aurora Boreal. ¡Qué suave era el viento, qué azul era el mar, qué blancas las nubes en lento vagar, qué alegres las islas de rojo coral! Por el alto río, por la bajamar, Sapito y Sapón se han ido a jugar.
(Nicolás Guillén)
La poesía sirve para jugar con las palabras, oyéndolas brotar como capullos:
Pájara pinta, jarapintada, limiverde, alimonada. Ramiflorida, picoriflama, rama en el pico, flor en la rama. Pájara pinta, pintarapaja, baja del verde del limón baja.
(Mirta Aguirre)
La poesía sirve para ver cómo llega la lluvia una tarde cualquiera:
La lluvia de pelo largo, la lluvia de fino talle, la que ensarta de chaquiras los abetos de la calle.
(Gilda Rincón)
La poesía sirve para esperar la llegada de un momento decisivo:
Cuando todavía no nace el último lirio y los ruidos quieren ya convertirse en tibia y maravillosa alegría de las nubes…
(Efraín Huerta)
La poesía sirve para confirmar por qué nos gustan nuestros amigos:
Me gustan mis amigos porque cantan canciones de cangrejos como si fueran los últimos piratas del planeta e imitan a los pájaros y luego ríen. me gustan mis amigos porque sé que estarán por mí esperando, esperando a que entremos juntos girando, girando en los juegos del aire y la fortuna debajo de las sombras, a un lado de los días, con la risa más grande de las nubes.
(María Baranda)
La poesía sirve para mirar el mar en una noche transparente:
Reflejos que de estrellas son la cuna, olas que son columpio de la luna. en tus aguas, espejo y tembladero, el cielo se cayó de cuerpo entero.
(Fernando del Paso)
La poesía sirve para sentir la llegada de las estaciones:
No son brasas colgando en la higuera, sino el verano que arde en el corazón desfallecido de los higos.
(Enriqueta Ochoa)
La poesía sirve para formular preguntas con ton y son:
¿Que sueñan los sueños? Y… ¿qué soñarán las camas? ¿Contarán las ovejas personas saltando vallas?
(Mar Benegas)
La poesía sirve para aprender a decir nuestro nombre verdadero:
me llamo arboleda con vuelo de lápices pájaros que escriben con picos de azúcar un sueño de mar con barcos de nieve viento de flores que cubren los techos de verdad mi nombre es riachuelo cereza bañada por dicha violeta madrugada de escarcha y una taza de té me llamo amapola con vestido blanco pero mis papás me dicen Céline
(César Arístides)
La poesía sirve para mirar el mundo a través del vuelo iridiscente de una libélula:
Naciste de una gota –inmóvil prendedor de laca en los cabellos de la hierba–. Ayer bendijo Basho en un haikú tus alas. Trébol de vidrio, trébol de cuatro hojas, hábil equilibrista en la cuerda del junco desde el arco de la isirada flecha de tu vuelo. Libélula alazul alabélula. Frágil vitral, libélula, libéranos, porque cada mañana nos conmueven tus espejos en los que estamos vivos.
(Ramón Iván Suárez Caamal)
La poesía sirve para llorar:
Estoy llorando derramando lágrimas. No te preocupes me dicen. (Donde quiera que me paro, donde siembro mis pies, revientan las flores de sal).
(Mardonio Carballo)
La poesía sirve para nacer y ser en la otredad:
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, ¿todos somos
la vida? pan de sol para los otros,
¿los otros todos que nosotros somos?,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros
(Octavio Paz)
La poesía sirve para descubrir los colores:
Un día descubrí el amarillo. Y pensé que el sol, la miel y los canarios cabían dentro de él. También el verano y la vainilla. ¿Y el zumbido de las abejas? Lo pensé durate todo el día. Y supe que el zumbido de las abejas vivía en varios colores a la vez. Era amarillo. También violeta, naranjo y verde claro.
(María José Ferrada)
La poesía sirve para constatar que las cosas importantes se pueden guardar en una cajita:
En una cajita de fósforos se pueden guardar muchas cosas. Un rayo de sol, por ejemplo, (Pero hay que encerrarlo muy rápido, si no, se lo come la sombra.) Un poco de copo de nieve, quizá una moneda de luna, botones del traje del viento, y mucho, muchismimo más.
(María Elena Walsh)
La poesía sirve para recordar la luz de la infancia:
No cabe duda: de niño a mí me seguía el sol. Andaba detrás de mí como perrito faldero; despeinado y dulce, claro y amarillo: ese sol con sueño que sigue a los niños.
(Alfonso Reyes)
La poesía sirve para saber qué es el tiempo:
—¿Qué es el tiempo, abuela? —Es el viaje de la semilla al árbol, el vuelo que nadie recuerda, la ola convertida en sal, la roca que se hace arena. Y esa playa por donde vuela una gaviota y lleva en su vientre una arboleda. »El tiempo son las niñas que se convierten en abuelas.
(Excilia Saldaña)
La poesía sirve para ver la luz de nuestro propio canto:
Si no fuéramos ciegos, cantaríamos en la oscuridad, para acompañarnos.
(Luis Cardoza y Aragón)
La poesía sirve para encontrar consuelo:
Perdiste a tu mejor amigo. No intentaste ningún viaje. No tienes coche, ni barco, ni tierra. Pero tienes un perro.
(Carlos Drummond de Andrade)
La poesía sirve para esperar la llegada de la paz:
Será cuando la luna se despida del agua con su corriente oculta de luz inenarrable.
(Roque Dalton)
La poesía sirve para imaginar el tamaño del mar:
Fuensanta: ¿tú conoces el mar? Dicen que es menos grande y menos hondo que el pesar.
(Ramón López Velarde)
La poesía sirve para encontrar remedios naturales a muchos de nuestros males:
La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito con aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas.
(Jaime Sabines)
Podríamos seguir con muchos más ejemplos, que seguramente cada lector podrá ampliar. Ahora, es momento de plantear algunas conclusiones.
Conclusión primera: la poesía es harto útil, ya que sirve para todo lo aquí soñado. Si no es así, si la poesía no nos desvela de asombro el universo, si la poesía no nos cura las heridas con sus ecos y silencios, si no nos salva del odio y el miedo, si no nos da aliento en medio del desierto, si no nos sostiene en el mundo, si no nos regala un prisma de luz para mirarnos, mirar a los otros y mirarnos en los otros, si no nos ayuda a cruzar los territorios más oscuros, los más desolados, si no nos anima a encontrar una voz propia, si no nos devuelve la esperanza, si nos nos arropa frente al vértigo de la vida, si no nos ayuda en la deconstrucción y reconstrucción del ser que somos con su música, belleza y poder del lenguaje… Si no es así o, mejor dicho, si no fuera así, entonces, la poesía no serviría para nada.
Conclusión segunda: la poesía debería ser parte de toda canasta básica, para tomarla y servirla con el desayuno y la merienda. Sería estupendo, en los hospitales de maternidad, dar la bienvenida al mundo a cada bebé con un paquete con pañales, ungüento y un libro de arrullos y de lírica popular de tradición infantil. Dar un libro de poesía como regalo en cada cumpleaños. Imaginemos dar poesía a los niños y las niñas como postre después de la merienda, un poema leído en voz alta o susurrado antes de ir a la cama o de apagar la luz, para acompañar su entrada al mundo de los sueños. En las escuelas, ni se diga, la poesía debería ser tan importante como el desayuno escolar, tan imprescindible como la hora del recreo. Pensemos qué sucedería si al abrir su lonchera, además de la torta y la fruta, los niños encontraran un papelito con unos cuantos versos para acompañarlos en el recreo. Si cada día damos la bienvenida al aula o nos despedimos al final de la jornada con la lectura en voz alta de un poema. Así nada más, como un regalo para iniciar el día o despedirnos y desear la buenaventura: dejar ¡que la poesía nos acompañe!
Conclusión tercera: la poesía no sirve para resolver otras necesidades que a veces se le han exigido, por cierto, con resultados desastrosos para la poesía misma y para los lectores y oyentes. Si usted desea que sus niños, niñas, hijos, alumnos o vecinos, aprendan a leer o la buena ortografía, a declamar histriónicamente, a dar un bonito regalo el día de la madre o del maestro, o aprendan “valores”, POR FAVOR, NO lo intente a través de la poesía. Para esos otros menesteres hay excelentes diccionarios y manuales de gramática y escritura, estupendos talleres de teatro, hojas y lápices para que los mismos niños escriban y expresen lo que les inspiran directa y auténticamente sus propios padres y maestros. Y, en el caso de los valores, los que sean, éstos siempre se enseñarán mejor con el ejemplo vivo que usted muestre y demuestre en su actuar diario y, en especial, frente a quienes desee educar. La poesía, eso sí le digo, no sirve para esos fines.
Y sí, sigo de fiesta por esta década. De hecho la celebración va para largo con invitados de lujo y un montón de grandes reflexiones.
Hoy abro las puertas a mi queridísima Carola Diez. Argentina, radicada desde hace varios años en México, especialista como pocas en mediación lectora. Si tienen dudas, si quieren saber sobre el tema, si no saben cómo entrarle a la mediación lectora y a los libros para niños y niñas, Carola es la persona indicada, lo mejor es que siempre está dispuesta a platicar contigo de eso que tanto la apasiona.
A Carola la tienen que conocer sí o sí mientras lee algún libro y ya me entenderán por qué, es una verdadera delicia escucharla; pero si tienen la oportunidad de topársela mientras está reflexionando sobre Literatura Infantil y Juvenil y/o mediación, ahí es donde se darán cuenta de lo que les digo. Así que no pierdan oportunidad de hacerlo, les dejo un tip: se la encuentran en la Biblioteca Vasconcelos el último jueves de cada mes donde podrán conversar con ella en un Mirar Libritos, actividad de la que precisamente nos habla en esta colaboración y que ya tiene un buen grupo de “mirones” (y espero más réplicas en otras bibliotecas y escuelas), además de ser una oportunidad única para el díalogo, la reflexión y acercarnos a libros que de otra forma sería muy complicado conocer.
Carola, mil gracias por ser parte de esta celebración, ¡bienvenida, Mujer Maravilla!
Mirar libritos
Mirar Libritos de Emergencia, 05/10/2017
Carola Diez Biblioteca Vasconcelos Especialista en LIJ y Mediación Lectora
Mi vida profesional ha transcurrido entre dos amores: la biblioteca y los libros para niños. De la biblioteca me seduce su diversidad, su potencial para la combinatoria y la sorpresa, su gratuidad hospitalaria y su vocación justiciera. De los libros para niños amo la ternura subversiva, la audacia, la capacidad de hacer de la infancia un territorio permanente y lúcido. Muy pronto descubrí que los libros para niños, cuando llegan a conmover profundamente a los adultos, son capaces de transformar la identidad lectora, descubriendo una vena sensible y despertando las ganas de compartir.
Aunque los adultos mediadores son cada vez más, y la literatura infantil ha tomado espacios inéditos, los espacios para profundizar en el conocimiento de este mundo vasto y creciente son aún escasos. No hay muchas ocasiones de hincarle el diente a los libros para niños en su diversidad, su complejidad, evolución y contradicciones.
En este contexto nace Mirar Libritos, de nombre de irónico y un poco pendenciero, pues ‘mirar’ no es tan prestigioso como ‘leer’, y los ‘libritos’ no tienen el estatus de los ‘libros’. Una acción bibliotecaria colaborativa, simple, gratuita y replicable a favor de los libros para niños, de su circulación, difusión y disfrute. Una iniciativa a favor de los lectores de esos libros: nosotros mismos y los niños que nos rodean. Algo tan sencillo y revolucionario como explorar y discutir en grupo un conjunto de materiales fue convocando a lo largo de cuatro años a personas que querían conocer nuevos libros, discutir ideas, escuchar otras lecturas, socializar inquietudes y descubrimientos.
Mirar Libritos de Emergencia, 05/10/2017
Nos reunimos una vez por mes, normalmente el último jueves. Inicia con la exploración un conjunto de libros ilustrados, que hemos seleccionado con un criterio temático o formal, dispuestos sobre una gran mesa de centro. El ambiente es relajado y amistoso. A medida que van llegando los comensales, colocan sobre el mantel -a modo de picnic- sus aportaciones, libros que traen de casa en préstamo para compartir durante la sesión. ¡Esto es fundamental para el sabor del caldo! Como en el cuento popular La sopa de piedra, cada invitado llega con un ingrediente que aporta al guiso y lo va sabroseando. Al final nos queda un banquete suculento: libros de todos los tiempos, de procedencias muy distintas; libros tan caros que no podríamos comprarlos, o tan discretos que nunca los habíamos descubierto. Aunque no es una regla, siempre animamos a que cada uno traiga lo suyo. Así logramos acervos únicos e irrepetibles, con abundantes joyas y rarezas. Cada libro habla de quien lo seleccionó, de sus gustos e ideas. Un acervo cargado de historia, lecturas, opiniones, intención, entusiasmo.
Cada mes se define un tema o eje para la selección. Los temas son casi infinitos, y están abiertos a las propuestas de los y las participantes. Hemos mirado libritos sobre la muerte, los lobos, libros sin palabras y filosóficos; sexualidad, humor, mujeres. Pop up y poesía. Perros, gatos y libros en lengua indígena. Libros mexicanos, libros de lobos, clases sociales en los libros… Incluso hemos hecho una reunión sobre ‘libros que hablan de libros’ y otra para compartir nuestros favoritos, los libros que amamos (ya en el colmo de la subjetividad).
Se trata de un grupo abierto; cualquier persona interesada puede participar. Siempre hay quien ha venido antes y quien llega por primera vez. La biblioteca lo promociona a través de sus redes, y los participantes corren la voz. Somos muy diversos en identidades, profesiones y trayectorias: docentes, bibliotecarios, promotores; madres y padres de familia, estudiantes, narradores, ilustradoras, escritores, enfermeras, editores, psicólogos, abuelas, historiadoras, policías y antropólogos, entre otros. El más joven tiene cinco años, la más veterana rebasa los setenta.
Es un espacio experimental, casero y artesanal. No son reuniones masivas, transcurren en un ambiente de conversación y libre intercambio. Comenzamos con un tiempo para picotear tranquilamente, cada uno a su gusto y ritmo. Alrededor de la mesa hay sillones cómodos y alfombras, algunas sillas. Cada uno decide dónde, qué, cómo y con quién leer; gozamos intensamente de esta premisa básica de la biblioteca.
Exposición Ecos Migrantes y Mirar Libritos de Migración, 30/11/2017
Durante este tiempo (‘que dilata el tiempo de vivir’, dice Pennac) ocurren encuentros importantes. De los lectores con los textos; pero también de unas personas con otras, de distintas generaciones, de una misma con sus propios pensamientos, ideas y emociones. Una comunidad que goza expandiendo y compartiendo su afición. La presencia de libros aportados por los participantes es fundamental.
Después pasamos a una conversación en torno al tema del día. Partimos del acervo que acabamos de explorar juntos, y las reacciones que cada participante comparte. Tejemos con otros lo que los textos nos traen, lo hacemos explícito. Accedemos a ‘otras lecturas’ sobre los mismos materiales y nos relacionamos en forma inédita: no es una clase ni un taller; no es un grupo de terapia, no es una actividad académica ni un café con amigos. Es un espacio de análisis colectivo, gratuito, abierto, en un espacio público, donde el diálogo se ejercita, como en un gimnasio de las ideas (una bella metáfora de la función de las bibliotecas).
Animamos este espacio con la idea de que sea replicable. Mirar libritos es flexible y portátil. Puede llevarse a cabo en bibliotecas públicas, comunitarias, escolares. En casas de cultura, parques, hospitales, aulas, museos, pueden echarse a andar iniciativas que enriquezcan la mirada sobre los libros, la experiencia de lectura y mediación.La estructura es muy simple, poco pautada y sin costo; si a alguien le pareciera de provecho, retoma la idea y experimenta en su espacio. Lo indispensable es:
Tener a la mano un acervo interesante y suficiente
Alguien dispuesto aanimar la conversación
Un grupo de curiosos que quieran invertir dos horas
Un tema convocante
Mirar Libritos ha funcionado como una manera económica y colaborativa de conocer más libros para niños. También como una forma de defensa del consumidor, para no quedar tan a merced de las leyes del mercado en nuestro acceso a la LIJ. Es un entrenamiento y espacio de autoformación; una manera modesta y útil de mejorar la valoración social de los libros para niños, lejos de estereotipos y limitaciones, que nacen de la inexperiencia.
En un plano más amplio, sabiendo que los espacios para el pensamiento conjunto son indispensables sociedad más justa y creativa, nos sirve como conjuro ante la tentación autoritaria de tomar la propia interpretación como única y verdadera. Un aporte más de la biblioteca pública a la democracia, la autogestión y el aprendizaje horizontal.
Creo que no hay mejor forma de comenzar esta celebración en forma que con una invitada de lujo, Carola Martínez. A Carola tuve el gran gusto de conocerla hace poco más de un año en la Biblioteca Vasconcelos, aunque en realidad ya de mucho antes llevaba leyéndola en Donde Viven los Libros, su blog especializado y un referente obligado en Literatura Infantil y Juvenil, un gran recomendado donde Carola no se anda con rodeos y piensa a la LIJ como debe ser: de forma crítica, despiadada, sin ser condescendiente y con mucho conocimiento de causa. Necesitamos a más Carolas en el panorama LIJ.
Pero eso no es todo, de Carola hay que decir muchas cosas más: chilena radicada en Argentina, psicóloga y diplomada en Literatura Infantil y Juvenil por la Universidad de San Martín, dirigió el programa de lectura de la Ciudad de Buenos Aires “Leer para Crecer” y también trabajó para el Plan Nacional de Lectura. Editora, escritora, mediadora, reflexionadora (ya sé, esa palabra no existe, pero ustedes entienden la idea). A Carola no sólo la leo, también la admiro y la quiero mucho. Su opera prima, Matilde, editada por Norma en 2016 forma parte del catálogo White Ravens 2017. Si tienen la oportunidad de encontrarse con Matilde en alguna librería del sur del continente, no duden en adquirirlo (ya en otra ocasión les hablaré de esta historia), y si es en la librería Donde viven los libros, qué mejor.
En el inter pasen leer su colaboración, léanla en su blog, en sus redes sociales, en los artículos donde aparezca una reflexión suya. Mil gracias, Carola, como te comenté, me emociona mucho que seas parte de este festejo. Gracias, gracias, gracias.
¡Bienvenida!
Anticlásicos
Carola Martínez Arroyo Ministerio de Educación de Buenos Aires Socia de la librería Donde Viven los Libros Blog Donde Viven los Libros @carolamart
Podríamos definir a los clásicos infantiles como aquellos textos de los que todo el mundo tiene noticias, pero que casi nadie ha leído.
–Marcela Carranza
Una de mis obsesiones en la vida es que todos los niños del mundo conozcan los clásicos. Estoy convencida que estos son parte de una conversación cultural que lleva siglos y que hermana y comunica a millones de niños de todas las épocas. Por distintas razones muchos chicos llegan a grandes sin que nadie les haya contado esas historias. De esa forma se quedan afuera de la conversación en una suerte de exclusión cultural.
Si yo digo “Qué ojos tan grandes tienes” todos saben, en cualquier idioma a que me refiero. O “Soplaré y soplaré y tu casa derribaré”. O “Espejito, espejito”. Qué ocurre cuando no entendés, cuando no sabés de qué están hablando.
Ahora bien, esta exclusión no siempre es por una cosa económica. Muchas veces son excluidos ex profeso por los adultos que consideran que son violentos, dramáticos, etcétera. Y desde hace algunos años acusados de machistas y homofóbicos. En suma de políticamente incorrectos.
La verdad que la moda no es nueva, las reescrituras de clásicos llevan cientos de años. La primera reversión la hicieron los Hermanos Grimm a mediados del siglo XIX. Ni bien se estrenaba la idea idea de infancia.
Hubo clásicos ecológicos, autóctonos, regionales, reversiones con diferentes puntos de vista de los personajes. Spin off e incluso crossover de las princesas reunidas. Tendencia que se transformó en meras copias luego de Shrek.
Hace varios años Marcela Carranza escribió en Imaginaria(1) un artículo interesantísimo sobre los clásicos y las adaptaciones. En él utiliza la definición de adaptación de Marc Soriano en La literatura para niños y jóvenes: Guía de exploración de sus grandes temas “¿Qué es adaptar? Tal vez lo más oportuno sea comenzar por una definición simple, aun cuando, muy probablemente, nos veamos obligados luego a matizarla. Adaptar es hacer corresponder con. Se trata de un verbo que sólo adquiere su significado preciso en relación con su complemento de régimen. Adaptar para los niños un libro que no les estaba destinado significa someterlo a una cantidad de modificaciones —por lo general, cortes y cercenamientos— que lo conviertan en un producto que se corresponda con los intereses y el grado de comprensión de los menores, es decir, que lo vuelva asequible a este público nuevo”.
Carranza señala a partir de este texto: “Aquí ya tenemos dos cuestiones para resolver. Soriano está hablando en esta cita de la adaptación para los niños de libros que originalmente no le están destinados. Ahora bien, sabemos que gran cantidad de textos escritos originalmente para niños…”.
Y más adelante “Muchos de estos cuentos populares que hoy se circunscriben a la cultura infantil, en otras épocas no estaban destinados a los niños. Se trata de cuentos que pertenecían al folklore campesino y eran escuchados por un público heterogéneo dentro del cual los niños formaban parte. Situación que aún se conserva en algunos grupos culturales de diversas regiones del mundo, donde niños y adultos, sin distinción, comparten la escucha de un relato a cargo de un narrador oral.” Zohar Shavit en Poetics of Children’s Literature explica que uno de los mecanismos que hacen a la traducción de libros para adultos al “sistema infantil”, pero también libros escritos para niños, es la posibilidad de ese libro a afiliarse a un modelo de infancia. Dice Carranza en su texto en Imaginaria: “Es posible observar al respecto una tendencia del sistema de la literatura infantil a aceptar sólo lo que es convencional y bien conocido; aquellos modelos ya consagrados (e incluso en muchos casos perimidos) en el sistema de libros para adultos, y en funcionamiento dentro del sistema para niños. Cuando el modelo del texto original a traducir/adaptar no existe en el sistema de libros para niños, el texto original suele sufrir la alteración, o incluso la eliminación y/o agregado de elementos para el ajuste al modelo conocido en el sistema infantil. Shavit ejemplifica este procedimiento con los cambios que frecuentemente ha sufrido en sus múltiples adaptaciones”
La colección que me motiva a escribir sobre el tema hace oídos sordos a los estudios de cientos de personas que han dedicado su vida a leer e investigar los “clásicos”. Chirimbote, un sello de la editorial Sudestada, plantea una colección de Anticlásicos. Así comienza Otra Caperucita Roja.
Nos gusta pensar y repensar mucho los cuentos que llevamos escuchando desde hace años. Cómo los vemos, cómo los oímos, cómo los sentimos. Sobre todo los clásicos aquellos que nuestras abuelas escuchaban cuando eran pequeñitas y los oían de sus abuelas.
Investigamos y supimos que la mayoría de los cuentos tradicionales nacieron con la idea de enseñarnos algo. […] caperucita roja era una forma de advertirnos que no debíamos confiar en desconocidos y había que hacer siempre lo que nos decían madres y padres. Pero todas esas historias también cuentan algo más: que si no fuera por el cazador, el príncipe, o el mago, no habría final feliz.
Más allá de la falta de coherencia y cohesión textual, salta a la vista la falacia epistemológica. Si Juan Scaliter hubiera realmente investigado Caperucita Roja hubiera descubierto, por ejemplo, que en sus orígenes no había varón salvador, ni final feliz.
La historia original recopilada por Delarue y Teneze en Le conté populaire français(2)relata:
La pequeña comió así lo que se le ofrecía; y mientras lo hacía, un gatito dijo:
—¡Cochina! ¡Has comido la carne y has bebido la sangre de tu abuela!
Después el lobo le dijo:
—Desvístete y métete en la cama conmigo.
—¿Dónde pongo mi delantal?
—Tíralo al fuego; nunca más lo vas a necesitar.
La historia de Perrault que ocurre dentro de una cabaña, muestra una jovencita que es conminada a desnudarse por la abuela-lobo para luego yacer en su cama. Y termina con: “y diciendo estas palabras el malvado lobo se abalanzó sobre Caperucita roja y se la comió”.
O la hermosa versión de Gabriela Mistral:
Ha arrollado la bestia bajo sus pelos ásperos,
el cuerpecito trémulo suave como un vellón.
Y ha molido las carnes, y ha molido los huesos,
y ha exprimido como una cereza el corazón.
Hubiera por ejemplo encontrado la moraleja de la historia escrita por Perrault:
Aquí vemos que los adolescentes,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia, y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña, silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura van a la siga de las damiselas
hasta las casas y en las callejuelas;
más, bien sabemos que los zalameros
entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros.
Una advertencia para niños y niñas que dista de ser machista en pleno siglo XVIII.
Carranza en su artículo da un poco de luz sobre esto:
“Es decir que, muchos cuentos hoy considerados infantiles, provenientes de la cultura popular, no fueron pensados específicamente para los niños porque, entre otras cuestiones, en aquellos tiempos el concepto de infancia aún no existía entre los adultos. Tales relatos han atravesado siglos de historia para sobrevivir dentro de lo que hoy llamamos literatura infantil, y lo que conocemos de aquellos relatos no son sino adaptaciones.”
En la versión de Sudestada las caperucitas del mundo deciden en un congreso la creación de una bestia más parecida a un Godzilla que al Lobo Feroz que ha hechizado a generaciones de niños en todo el mundo. Gustavo Martín Garzo señala en su artículo La piel de la suerte:“Si es cierto que sin personajes candorosos no podrían existir los cuentos, tampoco los habría sin los personajes perversos. De todos ellos el que se lleva la palma es el lobo de Caperucita roja. Todo el cuento es la obra del más sofisticado de los perversos. No se come a la niña cuando la ve, si no que le pide que vaya por otro camino. Luego va a casa de la abuela, se la traga de un bocado y, disfrazado con sus ropas, ocupa su lugar en la cama. Entonces comienza la escena en que Caperucita le va preguntando por su aspecto tan extraño, y él le responde con esas fórmulas que siguen maravillando a todos los niños. Es una de las escenas más inolvidables del mundo del cuento. Y si a todos los niños les encanta es porque también ellos son perversos. Es decir, son curiosos, se desvían del camino porque quieren saber, descubrir los misterios de los adultos, abrir las puertas prohibidas, probar los frutos que se les niegan, aprender idiomas nuevos, comunicarse con otros mundos y otros linajes. Eso es el deseo, la sed insaciable de alteridad.”(3)
La escritora brasileña Marina Colasanti en su conferencia Cuentos de hadas reales y necesarios como los lobos señala que los niños sienten una enorme fascinación por los lobos. Y establece una relación entre los lobos, lo salvaje y la emancipación.
Nacemos salvajes, porque nacemos para sobrevivir y tan solo para eso.
La tendencia de estos anticlásicos en particular, pero también en las reversiones edulcoradas de los cuentos de hadas en general es a evitar el simbolismo, eliminar las multiplicidad de interpretaciones, cercenar aquello que viene y nos acompaña desde nuestros orígenes. Estas visiones sesgadas y unidireccionales hablan de una idea de niño y de una idea de mujer estática y principalmente ingenua.
No las necesitamos.
“Los cuentos de hadas están imbuidos de la disposición humana a la acción, a transformar el mundo, y a hacerlo más adaptable a las necesidades del ser humano, mientras al mismo tiempo tratamos de cambiar al mundo.” Dice Jack Zipes(4) y yo digo. Chicos tratemos de no inventar el agua caliente.
Notas:
(1) Carranza, Marcela. Los clásicos infantiles, esos inadaptados de siempre. Algunas cuestiones sobre la adaptación en la literatura infantil.http://www.imaginaria.com.ar/2012/05/los-clasicos-infantiles-esos-inadaptados-de-siempre-algunas-cuestiones-sobre-la-adaptacion-en-la-literatura-infantil/