Para el lector en realidad todo esto debería ser una fiesta, porque el lector lo que tiene son múltiples canales a través de los que recibir contenidos diversos y elegir, en todo caso, cuál de ellos quiere en una convivencia perfectamente pacífica.
Joaquín Rodríguez
Seguramente coexistan durante muchos años para nuestro disfrute, igual que los cuadros no desaparecieron con la fotografía, ni las fotografías con las películas.
Francisco Rodríguez, Director Ejecutivo Publidisa
Este Manifiesto proclama la fe de la UNESCO en la biblioteca pública como una fuerza viva para la educación, la cultura y la información y como un agente esencial para el fomento de la paz y del bienestar espiritual a través del pensamiento de hombres y mujeres.
Manifiesto IFLA/UNESCO sobre la biblioteca pública
En el post Bibliotecas públicas ¿censura o democracia? publicado ayer en Deakialli Documental, donde se expone la censura al acceso a diversas páginas y sitios de internet (entre las que se encuentran youtube, spotify y aquellas que se consideran con contenido pornográfico) que las Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid están ejerciendo, se señala además que lo verdaderamente grave no se queda en la restricción por parte de las autoridades a dichas páginas, sino la visión y apoyo de los usuarios a esta actitud, considerando a la biblioteca como un lugar de estudios y no de pasatiempo.
¿En dónde, de qué manera o quién impulsó tan exitosamente esta idea equivocada de la biblioteca pública? El post me lleva a confirmar el porqué los usuarios prefieren otros sitios para estudiar, leer o recrearse, que es precisamente de lo que les hablaba la semana pasada en Las Bibliotecas vs los Starbucks. Sin embargo, creo que este asunto va más allá de las comodidades o “intelectualidades” con las que equipamos a nuestras bibliotecas para acercarlas o alejarlas de nuestros usuarios. Aunque bien se menciona en Deakialli Documental que un gran sector del gremio bibliotecario luchamos día con día para quitar este halo de inaccesibilidad y solemnidad a las bibliotecas; es evidente que no estamos enviando del todo bien el mensaje pues, por un lado, dentro del gremio hay quienes aún entienden a la biblioteca sólo como un espacio de estudio e investigación, por ende, de silencio y solemnidad; y por otro lado, de parte del usuario, existe esta idea incrustada de que así debe ser.
Como siempre lo he mencionado, no es responsabilidad del usuario saber qué es, cómo funciona y cómo se utilizan los recursos de las bibliotecas, en definitiva, el primer paso debemos darlo nosotros. Así que, no es su culpa pensar que así debe ser y que así deben funcionar las bibliotecas. Francamente y aunque me disguste bastante, no culpo a los usuarios por los comentarios e ideas vertidas en el artículo original; a mi me queda claro que aún no hemos encontrado la forma de transmitir la esencia real de la biblioteca pública; aunque muchos de nosotros nos esforcemos por hacerlo es evidente que en el gremio estamos utilizando distintos lenguajes.
Entonces cabe la pregunta ¿hasta donde llega nuestra función? estoy convencida que la nuestra no es una labor de censura, no está en nuestra responsabilidad decidir que sí o que no se va a leer en las bibliotecas, ni cómo debe el usuario utilizar los recursos; sino ser garantes de que éste llegue finalmente a su objetivo, sea con fines recreativos, de investigación o de estudio. Como se señala en el manifiesto IFLA/UNESCO sobre la biblioteca pública (1994), entre las misiones de la biblioteca pública está:
crear y consolidar los hábitos de lectura en los niños desde los primeros años;
prestar apoyo a la educación, tanto individual como autodidacta, así como a la educación formal en todos los niveles;
brindar posibilidades para el desarrollo personal creativo;
estimular la imaginación y creatividad de niños y jóvenes;
fomentar el conocimiento del patrimonio cultural, la valoración de les artes, de los logros e innovaciones científicos;
facilitar el acceso a las expresiones culturales de todas las manifestaciones artísticas;
fomentar el diálogo intercultural y favorecer la diversidad cultural;
prestar apoyo a la tradición oral;
garantizar a los ciudadanos el acceso a todo tipo de información de la comunidad;
prestar servicios adecuados de información a empresas, asociaciones y agrupaciones de ámbito local;
facilitar el progreso en el uso de la información y su manejo a través de medios informáticos;
prestar apoyo y participar en programas y actividades de alfabetización para todos los grupos de edad y, de ser necesario, iniciarlos.
Me quedo, entonces con la reflexión que hace Catuxa en su post y que nos debería dar para replantear nuestra labor social:
Revisando los archivos de este blog me doy cuenta que tengo un gran pendiente con ustedes en materia de “fotos bibliotecosas”. Hace ya algunos meses tuve la oportunidad de hacer fotografías a la principal institución bibliográfica de México, la Biblioteca Nacional de México y por alguna extraña razón, no he dedicado un post especial para compartirles las fotos:
Por decreto del 24 de octubre de 1833 se ordena la creación de la Biblioteca Nacional de México; misma que se establecería en el Templo de San Agustín en 1867 y abriría sus puertas al público el 2 de abril de 1884 con el objetivo de salvaguardar la riqueza bibliográfica mexicana gracias al decreto del 30 de noviembre de 1846 en el cual se instituye el Depósito Legal que “_obligaba a los impresores del Distrito Federal y los Territorios a enviar a la Biblioteca Nacional un ejemplar de todo lo publicado en sus talleres._
El acervo inicial de la Biblioteca Nacional se conformó con los fondos de la Real y Pontificia Universidad de México (anterior a la Universidad Nacional Autónoma de México): aproximadamente 91 mil volúmenes que incluían manuscritos, incunables e impresos novohispanos.
En 1929, cuando la UNAM adquiere su autonomía, la Biblioteca Nacional se integra a ésta. En 1979 es trasladada del antiguo Templo de San Agustín al edificio construido en el Centro Cultural Universitario con el fin específico de albergar su fondo documental.
Sala General
Sala de Consulta
Fonoteca
Hemeroteca Nacional
Actualmente, la Biblioteca Nacional cuenta con aproximadamente 250,000 ejemplares constituido por libros, folletos y material audiovisual.
Acceso al Fondo Reservado
Además, su Fondo Reservado que comprende el Fondo de Origen, conformado por 95,000 volúmenes de obras impresas en Europa entre los siglos XIV y XIX; el fondo de Archivos y Manuscritos, compuesto por manuscritos en su mayoría de carácter religioso de los siglos XV al XX, entre los que destacan las obras que probablemente compiló Fray Bernardino de Sahagún; la Colección Especial, por su parte, alberga las bibliotecas particulares de personajes importantes en la historia de México, tal es el caso de Francisco J. Mújica, Rafael Heliodoro Valle, etc.; por último, en la Iconoteca es posible encontrar grabados, litografías, fotografías, carteles, dibujos, etc.
Acervo, Sala de Consulta
Biblioteca Nacional de México
Centro Cultural Universitario, Ciudad Universitaria
Coyoacán C. P. 04510 México, D. F.
Horario de Atención
Colección General : Lunes a viernes de 9:00 a 20:00 horas.
Sala de Bibliografía, Mapoteca y Tiflológico: Lunes a viernes de 9:00 a 20:00 horas.
Sala de Fonoteca, Materiales Didácticos y Videoteca: Lunes a viernes de 9:00 a 14:00 horas.
Fondo Reservado: Lunes a viernes de 10:00 a :00 horas.
Consulta telefónica (Lunes a viernes 9:00-20:00): 5622 6800 y 5622 6820.
Hoy estuve gran parte de mi tarde trabajando en un Starbucks situado al sur de la Ciudad de México muy cerca de Ciudad Universitaria donde existe al menos una biblioteca por cada facultad, la Biblioteca Central y la Biblioteca Nacional; algo que llamó mi atención y que en otras ocasiones también ha sucedido, es la cantidad de personas con libros y/o laptops estudiando o leyendo.
En tono de broma comenté en twitter y facebook que:
Las bibliotecas seriamente deberían considerar el modelo de Starbucks. Necesitamos bibliotecarios-baristas que, además de ser expertos en CDU, te preparen tu “alto-mocca-extra-hot-descafeinado-con-soya” y que nunca te digan “shhhh! favor de guardar silencio“.
Aunque mi comentario iba con un tono de ironía, la reflexión de ¿qué hace que la gente prefiera un Starbucks a una biblioteca? terminó siendo seria. Olvidémonos de aquellos que suelen visitar esos lugares por “pose” y, tratemos de concentrarnos sólo en aquellos que cargan con su libro o laptop para estudiar o leer. Como lo dije en Facebook, no creo que sea un asunto de bebidas o música, pues, de hecho, su café no es el mejor y sí costoso comparado al de otras cafeterías. Tampoco creo que sea un asunto de asientos cómodos o de WiFi; la Biblioteca Vasconcelos en Buenavista se caracteriza por su cómodo mobiliario y conexión, muchas bibliotecas públicas ya cuentan con internet. Entonces ¿qué hace que la gente en un país con fuertes problemas económicos prefiera gastar para sentarse a leer o estudiar?
Antes de que salten algunos colegas pensando que quiero convertir a nuestros “amados recintos” en una cafetería transnacional, aclaro que entiendo perfectamente que ambos espacios están concebidos de forma distinta: uno trata de ganar clientes y les ofrece lo que estos necesitan con tal de que consuman y aumenten sus ganancias; mientras que la naturaleza de biblioteca es informativo-formativo-cultural; pero, nos guste o no, tenemos que aceptar que algunos de los que aceptan la oferta informativo cultural al final optan por la cafetería y no por la biblioteca, ¿por qué sucede esto?
Yo comentaba además que quizá este fenómeno se daba porque, al revestir a nuestras bibliotecas de solemnidad, silencio e intelectualidad, lo único que lográbamos era alejar a los usuarios; a nadie le gusta estar en lugares poco flexibles, donde tienes que guardar silencio como en un funeral; por su parte, @abelardojeda comentaba algo que, de cierta manera refuerza un tanto mis sospechas: la creatividad para lograr que la experiencia de los clientes en Starbucks sea placentera. Mientras nosotros llenamos de restricciones en Starbucks, lo único que tienes que hacer es pedir tu bebida y sentarte a leer, estudiar o, lo que quieras.
Entonces vuelvo a lo mismo: ¿qué tendríamos que hacer para que esos clientes vuelvan a nuestras bibliotecas? Dudo que sea ofrecer un buen café y poner jazz de fondo.
No se, quizá estoy hablando tonteras y en realidad no hay ningún hilo negro que descubrir, pero insisto, siempre encuentro más gente leyendo en Starbucks que en la Biblioteca, nos guste o no, esos son usuarios potenciales que estamos perdiendo por… ¿una bebida? ¿WiFi? ¿asientos cómodos?
Hace unos meses vi este video en un blog, disculpen si no doy el debido crédito, pero como en ese entonces sólo lo pasé a mis favoritos de youtube confieso que no recuerdo en dónde fue que lo encontré.
En fin, como les decía, cuando lo vi, lo mandé directo a mis favoritos y ahora que lo veo nuevamente creo que es importante compartirlo en este espacio.
Este video, a cargo de Vocational Guidance Films, Inc. fue realizado en 1947 dentro de la serie Your life work e intentaba dar una explicación de lo que es y hace un bibiotecario, a modo de orientación vocacional.
… porque cuando cumples con estos dos importantes requisitos: amor por los libros y amor por la gente, entonces deberías considerar la Bibliotecología como vocación…
Resulta curiosa la visión tan tradicional que se tenía hace más de medio siglo del bibliotecario, empezando por la idea de que sólo trabajamos con libros. Muchas cosas han cambiado desde 1947 y aunque muchas ideas ya no se adecuen a la actualidad y nuestra labor hoy en día va mucho más allá de “catalogar, clasificar y sellar libros”, la esencia bibliotecaria sigue siendo la misma: permitir al usuario el acceso a información/conocimiento útil y de calidad.
Creo que, este video sirve un poco para “volver a lo básico” y no perdernos con el uso indiscriminado, sin sentido ni justificación de tanta tontera “dospuntocerista” que tanto se manifiesta hoy en día. No porque las herramientas sean tontas, sino porque los usuarios de las mismas a veces nos perdemos en ellas y olvidamos que deben estar a nuestro servicio para que, a su vez, nosotros podamos dar un mejor servicio.
Una vez dicho lo anterior, espero les guste el video y se llenen de un poco de nostalgia. Quizá alguno de los que pasa por aquí, les tocó este tiempo, como a mi, que todavía me tocó elaborar y consultar en catálogos impresos.
Vía El Bibliómano me encuentro con este video realizado por la Enciclopedia Británica hace 63 años, donde muestran cada uno de los paso en la impresión de un libro. Este video me hizo sentir algo de nostalgia por aquellos tiempos en que realizaba mi servicio social en la imprenta del Fondo de Cultura Económica.