No saben lo increíble que se siente seguir el festejo por los 18 años de uvejota.com. De hecho, todavía escucharán sobre este tema en unos días más.
Por lo pronto, hoy más que feliz de recibir a mi querida Abril G. Karera de LibrosB4tipos (la primera asociación civil de lectoras) y del videoblog Ensayos de Abril, el que por cierto, hace algunos meses también estuvo de manteles largos por su primera década de vida, de muchas que espero que vengan.
Quizá Abril no lo recuerde, pero coincidimos por primera vez en IBBY México en el Comité Lector y de ahí hemos tenido la oportunidad de divagar sobre la mediación lectora, la literatura infantil y juvenil y nuestros respectivos espacios en la red. He tenido el gran honor de estar invitada a su videoblog para festejar sus primeros cinco años hablando de bibliotecas y lectura en pantalla, además de que ha sigo muy generosa al darme cabida para hablar de libros sobre aves, y siempre es una delicia platicar con ella. También ya ha estado por acá para celebrar mi blog.
Total que yo no dejo pasar la oportunidad para tener una colaboración con ella, me gusta un montón su trabajo en el videoblog y ahora en la asociación que dirige y que ha hecho un montón de cosas bien interesantes y necesarias para visibilizar a mujeres escritoras e incentivar la lectura y escritura entre mujeres.
En fin, que en el aniversario de uvejota Abril tenía que estar presente, su escrito no pudo llegar en mejor momento ahora que he estado repensando mucho sobre las bibliotecas y la mediación. Así que leerla le da claridad a mis piensos y pone en perspectiva algunas de mis certezas. Por ahí voy a dejar en negritas algunas cosas que me dejaron dando muchas vueltas.
Abril querida, muchas muchas gracias por estar presente, inventemos algún otro pretexto para volver a coincidir.
En defensa de la mediación de la lectura: tres creencias a desmontar

Decir que me dedico a la mediación de la lectura sigue sonando extraño para muchas personas. Todavía es común escuchar de repente: ¿Eso qué es? ¿Algo como ser maestra? Ah, como enseñar a leer. Entonces trabajas en escuelas. En aras de demostrar que la mediación de la lectura importa y que su ejercicio es vital en la vida cultural de las personas, alguna vez me puse a investigar sobre sus orígenes. Aunque, por supuesto, el nombre como tal no existía, la esencia de la mediación lectora puede rastrearse hasta los inicios mismos de la humanidad, desde que las personas hemos conectado con las historias y desde que hemos deseado que más gente se adentre en esa experiencia. La cimentación de estructuras como la editorial y la educativa, más la globalización de los distintos soportes de lectura, y el fortalecimiento de internet y las inteligencias artificiales, sin mencionar el declive de las políticas culturales en México, han hecho que con el transcurrir del tiempo sea cada vez más compleja la tarea de definir esta labor en nuestro territorio. Mucho de lo que implica la mediación de la lectura puede ser realizado por personas que no se consideran a sí mismas mediadoras, porque mucho de lo que hacemos en esta profesión parte de la escucha, el cuidado y la atención, habilidades que se cultivan de distintas formas, en distintos escenarios. En este texto intento derribar algunas creencias comunes sobre la mediación de la lectura y, al mismo tiempo, invitar a los mediadores que lleguen a leer estas palabras a que sigamos ejerciendo esta labor con orgullo, convicción y disposición a visibilizar todo lo que hacemos, que nunca es poco dadas las condiciones del sistema que habitamos.
“Se trata sólo de recomendar libros”
No. Pero hagamos un ejercicio de imaginación: aún en el escenario donde digamos que se trata solo de eso, las recomendaciones que se hacen desde la mediación van más allá de simplemente enumerar títulos que nos gustaron. Recomendar algo, en general, tiene que ver, sí, con la calidad de aquello que se recomienda y que ya se ha comprobado su genialidad desde la propia experiencia. Pero, en términos de mediación, es infaltable la consideración del otro. Por tanto, la persona mediadora no solo habrá de manejar un numeroso bagaje de lecturas, también se dará a la tarea de conocer a los lectores con quienes trabaja.
Me parece importante recordar que esta profesión surgió en la labor bibliotecaria. Las primeras personas en reconocer que no bastaba con recomendar libros fueron justo quienes trabajaban todo el tiempo con ellos. Había que forjar el famoso puente del que habla Pedro Cerrillo: “El mediador es el puente o enlace entre los libros y esos primeros lectores, que propicia y facilita el diálogo entre ambos”. Construir ese puente es mucho más laborioso de lo que podemos imaginar, pues el bagaje de lecturas que se maneje es apenas uno de los cimientos, se necesita también una serie de habilidades más que están relacionadas con el cuidado de comunidades, pero también con el cuestionamiento de los sistemas que habitamos porque, después de todo, ¿para qué queremos que la gente lea?
Entonces, por ejemplo, no se trata solo de recomendar libros, sino de saber que hay un discurso oficial sobre la lectura que hace que la experiencia lectora sea evaluada según términos capitalistas y educativos; discurso que, al menos, es importante cuestionar. Implica saber también que no vamos a recomendar solo libros, porque los materiales de lectura se extienden más allá del libro como objeto, y en tiempos donde las inteligencias artificiales y las redes sociales permean la vida cotidiana, es importante estar actualizados y conscientes de la mayor cantidad posible de narrativas a las que podemos tener acceso.
“Cualquiera puede armar un círculo de lectura”
En términos generales, sí. Pero, antes, me gustaría aclarar que la creación y gestión de los círculos de lectura es una dinámica más dentro de la mediación, no es la única ni el objetivo final de esta profesión. Por tanto, no todos los mediadores tienen círculos de lectura y no todos los círculos de lectura están regidos desde la mediación. Tener esto en el panorama es importante porque ayuda a distinguir qué es lo que deseamos como lectores cuando decidimos participar en este tipo de espacios.
Hace tiempo publiqué un video compartiendo mi experiencia con la gestión de círculos de lectura, en él hago hincapié en la selección de acervo, la importancia de la escucha y la conversación, todas tareas de la mediación. Aunque cualquiera puede abrir su propio círculo de lectura y, de hecho, es una buena señal que los lectores se animen a hacerlo; la actividad cobra cierta complejidad cuando se ejerce desde la labor de mediación. Hay un aspecto fundamental en un círculo de lectura de estas características, que suele ser subestimado incluso por los mismos lectores: priorizar el diálogo poniendo en el centro la experiencia lectora de cada uno. Ante la idea de que leemos para aprender o para forzosamente ampliar la mirada sobre el mundo, los lectores suelen no reconocer su experiencia como material suficiente y válido para vertir opiniones, se piensa que los demás siempre pueden decir cosas más importantes que uno mismo. Y considero que esa es la razón por la que muchos círculos de lectura incluyen también conversaciones con expertos en la materia: profesores, autores, investigadores, etc, o que incluyen paquetes de papelería o alimentos, entre otros, en un intento de que participar en el círculo de lectura valga la pena. Pero leer en comunidad ya vale completamente la pena, sin añadiduras, y justo es tarea de la mediación que ese ejercicio se entienda en todo su esplendor.
Por tanto, mediar implica también desestructurar nuestras concepciones de lo que es leer y compartir. Implica afinar nuestra escucha. Comprender que, como afirma Daniel Goldin, “lo que determina la cualidad de un lector no es solo qué o cuánto lee, sino la manera en que capitaliza la lectura en su vida social, afectiva, política o laboral, cómo y por qué se llega a la lectura, qué o quiénes influyen en ella, cómo se socializa. O, para decirlo coloquialmente, la forma en que a través de la lectura el lector se planta en el mundo”. Los círculos de lectura pueden ser espacios donde se exploran esas condiciones. Así que tomando todo esto en cuenta, sostengo que, de hecho, no cualquiera puede armar un círculo de lectura entendido desde los términos de la mediación.
Un trabajo que se paga con amor y satisfacción, pero no con dinero”
Quizá la creencia más generalizada respecto a esta profesión es que debe realizarse de forma gratuita, por amor a la lectura, con la frente en alto porque le estamos haciendo un bien a la sociedad. Estas ideas tienen una larga tradición en México, pues fueron la bandera de la política cultural que impulsó José Vasconcelos a principios del siglo XX y que “se caracteriza por ser paternalista, asistencialista y nacionalista, con un estado sobreprotector que define de antemano las necesidades en materia cultural de la población”, como afirma la docente e investigadora Blanca Brambila Medrano. Estas ideas también sostienen el discurso oficial de la lectura, donde se encumbra el ejercicio de ser lector, pero no en toda su amplitud, sino en una forma específica de serlo: una donde es sinónimo de ser culto y, por tanto, el lector alcanza una categoría distinta al resto de la sociedad. Los lectores son los iluminados, son los que tienen en sus manos la capacidad de cambiar el mundo. De ahí que compartir la lectura y dedicarse a la formación de lectores adquiere un cariz casi de heroísmo. Pero los mediadores no somos héroes, somos personas profesionales intentando llevar el pan a casa.
La mayoría de las y los mediadores de lectura que conozco tienen otros trabajos para sostener su vida. Ejercen la mediación con orgullo y entrega, dedican sus tiempos libres, no les pesa no recibir dinero a cambio, pero eso no convierte esta situación en algo deseable. Muchos de ellos terminan agotados, algunos tristes y decepcionados de la explotación a la que se someten a sí mismos para sostener las comunidades lectoras que conforman. No es una tarea sencilla realizar mediación de la lectura. No es una profesión de resultados inmediatos y quizás por eso es tan difícil que sea reconocida aún entre los mismos lectores. Es una labor de pensamiento, conversación y escucha, asuntos inasibles, en construcción muchas veces, etéreos. Es una labor diaria, ardua, que se realiza con conciencia y corazón, no muy distinta a cualquier otro trabajo remunerado.
Abogo por una política cultural que reconozca el valor de la mediación de la lectura, que amplíe sus horizontes en cuanto a lo que entendemos por leer, sus para qué, sus quiénes. Sí. Pero, incluso más allá de un reconocimiento institucional (mismo que habría que pensar desde muchos frentes), abogo por un reconocimiento entre los mismos mediadores que les dé la confianza de ponerle precio a lo que hacen. No para cobrar directamente a las comunidades, sino para pensar en los caminos de buscar la remuneración justa con las instituciones, los gobiernos, las empresas.
El trabajo que realizamos importa e importa mucho. Conformar y sostener comunidades lectoras a través de la mediación es materia de rebeldía en estos tiempos, es una postura política importante ante las olas de violencia y desinformación. No se trata de reconocernos como héroes, hay que desarmar ese discurso. Se trata de resistir al sistema que insiste en deshacer lo comunitario y el pensamiento crítico. De acompañarnos en este presente tempestuoso con la disposición de tener más preguntas que respuestas. Por eso me parece importante desarmar las creencias que imperan, compartir los procesos de la mediación y dialogar, dialogar siempre.
Muchísimas gracias a Verónica Juárez por el espacio para esta publicación y enhorabuena por los 18 años de uvejota.com, un blog que ha sido fundamental en mi formación como mediadora y lectora. ¡Por muchos años más!
Referencias:
- Brambila Medrano, Blanca. “Políticas de institucionalización de la lectura en México”. En Mariscal, José Luis (coord). Políticas culturales: una revisión desde la gestión cultural. Universidad de Guadalajara. México, 2007.
- Goldin, Daniel. “Liminar”. Lecturas precarias. Estudio sociológico sobre los “poco lectores”. Joëlle Bahloul. Col. Espacios para la lectura. FCE. México, 2002.
- Ospina Canencio, Cielo Erika. “ Problemas fundamentales en la configuración de formas de lectura y tipo de lectores”. Pensar la literatura infantil, interpretación a varias voces. Carmen Elisa Acosta Peñaloza (coord). Universidad Nacional de Colombia. Colombia, 2011.
- Storni, Paula. “Modelos y concepciones dominantes de la lectura en el espacio escolar: reproducción social, exclusión y violencia simbólica.” Revista Argentina de Estudios de Juventud, no. 6. Argentina, 2012.

Abril G. Karera