A mediados de 2016 se anunciaba con bombo y platillo el lanzamiento de Digitalee, la plataforma de préstamo de libros electrónicos de la Dirección General de Bibliotecas Públicas. Como lo comenté en su momento, Digitalee era un buen intento por poner al alcance de las y los ciudadanos libros electrónicos en préstamo bibliotecario, servicio que además ya llevaba años de ventaja en otros países y que era urgente en el nuestro.
Entre marzo y abril de 2018 anunciaron a sus usuarios vía correo electrónico que el sitio estaría offline por algún tiempo debido a una reestructuración, este correo por cierto no llegó a todos sus usuarios. En agosto de 2018 publiqué un post en LeerenPantalla donde documenté todos los problemas en el sitio y la app y preguntaba qué ocurría con la plataforma, pregunta que, desde luego, nunca recibió respuesta.
Desde ese entonces y hasta finales de marzo de este año el sitio y la app estuvieron “funcionando” intermitentemente, con los consabidos bugs y la falta de información y comunicados oficiales por parte de los responsables, llámese DGB, llámese Red Nacional de Bibliotecas Públicas o llámese Educal.
Entre el 23 y 24 de marzo el sitio web dejó de funcionar y cuando se intentaba acceder mandaba error 502 y 404; por su parte, las apps desaparecieron de la tienda de Apple y de Google.
A otros usuarios les respondieron en Twitter que el contrato concluyó y se está valorando la continuidad del servicio.
Mientras que otros usuarios aseguran que el contrato fue rescindido por parte de Educal.
Entre “revisión operativa” y “valorar la continuidad del servicio” hay una gran diferencia. También la hay entre “concluyó el contrato” y “el contrato fue rescindido“. Como les comentaba, todas estas respuestas se han hecho a través de Twitter y sólo cuando un usuario/a pregunta qué está pasando.
Mientras Digitalee permanece en el abandono, en la DGB se vanaglorian por el envío de paquetes de libros a las distintas bibliotecas públicas del país (sin dar a conocer tampoco si se realizó una evaluación de las necesidades reales de información de las comunidades a las que se enviaron dichos paquetes, sin informar si hubo un comité de selección de materiales y mucho menos sin hablar del seguimiento que se le dará a estas colecciones para garantizar su uso).
Mientras servicios similares en otros países se mantienen sólidos y ganan premios, Digitalee permanece en la opacidad, porque además las respuestas que dan de forma obligada (que no comunicados oficiales) no atinan a responder y aclarar qué está sucediendorealmente, y mucho menos informan a quién está a cargo de la supuesta revisión operativa, cuánto tiempo tardará, quién evalúa el catálogo.
Digitalee y la opacidad con la que se ha estado manejando la información da mucho que pensar: ¿quieren desaparecer el sitio y esperan que nadie se de cuenta?, ¿esperan que nadie pregunte y exija explicaciones?, ¿no habrá información oficial al respecto?, ¿esperan que se nos olvide?, ¿dónde fue a parar la inversión económica para una plataforma de estas características? ¿Iba en serio la visión limitada que el actual DGB tiene de la biblioteca pública como conservadora del patrimonio bibliográfico, como si de una vitrina se tratara y por ello el abandono a un proyecto de préstamo digital prometedor como lo era Digitalee?
A ciudadanos, usuarios y bibliotecarios, quienes además hemospagado con nuestros impuestos por este servicio, nos toca exigir que se nos informe de forma oficial qué está pasando. Nos toca también exigir la mejora y continuidad de Digitalee, y de paso la mejora de nuestras bibliotecas públicas, mejora que, por cierto, no se limita a enviar sin ningún sentido (y al parecer sin evaluación) paquetes de libros a las bibliotecas, aunque algunos así lo crean.
El pasado 21 de febrero, en el marco del Día Internacional de la Arquitectura de la Información, participé en el Volumen LI de UX Nights Diseñar para la Diferencia con la charla Diseñar y pensar la Biblioteca Pública para todo el público.
¿Qué tiene que ofrecer la biblioteca en materia de experiencia de usuario si es sólo un lugar donde hay libros?O eso creemos, porque definitivamente la biblioteca y, en especial la biblioteca pública tiene mucho que aportar a este tema, porque:
Ciertamente una biblioteca no es un almacén de libros.
Tampoco es un lugar de estudio o para leer, o no exclusivamente.
Y no, definitivamente no es un templo del saber.
Según el manifiesto de la IFLA/UNESCO de 1994 la biblioteca pública es:
La biblioteca pública es un centro local de información que facilita a sus usuarios todas las clases de conocimiento e información.
Los servicios de la biblioteca pública se prestan sobre la base de igualdad de acceso para todas las personas, sin tener en cuenta su edad, raza, sexo, religión, nacionalidad, idioma o condición social. Deben ofrecerse servicios y materiales especiales para aquellos usuarios que por una o otra razón no pueden hacer uso de los servicios y materiales ordinarios, por ejemplo, minorías lingüísticas, personas con discapacidades o personas en hospitales o en prisión.
Además de lo anterior, pongamos especial atención en las misiones de la biblioteca pública que enumera este manifiesto. Menciono las que me parecen particularmente relevantes:
Brindar oportunidades para el desarrollo personal y creativo.
Estimular imaginación y creatividad de niños y jóvenes.
Facilitar el acceso a las expresiones culturales de todas las manifestaciones artísticas.
Fomentar el diálogo intercultural y favorecer la diversidad cultural.
Prestar apoyo a la tradición oral
De esta manera, podemos definir que la biblioteca pública es, sí, un espacio común de información, formación y recreación; pero además es un espacio de encuentro, conocimiento y reconocimiento del otro, de creación, ocio, descanso, de pensamiento, filosofía, refugio, de sorpresa, en fin, de formación de ciudadanía.
Pero, ¿por qué pensar y diseñar la biblioteca pública para todo el público?
Dado que atiende a una comunidad diversa, heterogénea, con necesidades de información variadas y con otro tipo de necesidades muy específicas que pueden ser de movilidad, de aprendizaje, cognitivas, etc., debemos pensarla para todos, en donde todos también comprende la particularidad. En este sentido, todos significa: mujeres, hombres, niños y niñas, adolescentes, adultos mayores, personas en situación de calle, indígenas, bebés, ciegos, sordociegos, sordos, estudiantes, profesionistas, amas de casa, etc.
Cuando aterrizamos ese TODOS y vemos lo diverso y específico que es, es cuando comienzan los problemas de diseñar y pensar a la biblioteca para atender a esta población. Porque esto implica pensar y diseñar una biblioteca en el que unos entran por su propio pie, mientras otros no; unos pueden leer, mientras otros no, ya sea porque no están alfabetizados, porque no ven; unos hablan tu lengua, mientras otros no; unos llegan en brazos de sus padres, mientras otros llegan en sillas de ruedas acompañados por sus hijos.
Y aunque las rampas y la señalización en braille son un comienzo obligado, no debemos conformarnos con ello. Aquí es donde precisamente entra la experiencia de usuario. Como bien señala Don Norman (otrora arquitecto de experiencia de usuario en Apple y experto en el tema) la experiencia de usuario no sólo se trata de páginas web y apps móviles. La experiencia de usuario es todo aquello que te hace experimentar el mundo. Implica pensar en espacios físicos y virtuales, en bibliotecarios y bibliotecarias capacitados y sensibilizados en el otro, en servicios adecuados para todas las necesidades tanto físicas como de información, materiales de lectura y software específico.
Aterrizando la experiencia de usuario en materia de lectura y poblaciones con necesidades especiales, específicamente ciegos, débiles visuales y sordos trabajamos con software.
En el caso de ciegos y débiles visuales utilizamos software que lee el contenido de las páginas web. En México el más usado en bibliotecas públicas es Jaws, aunque otros son Non Visual Desktop Access, Orca que además tienen impresión en braille, supernova, trueno, entre otros.
Para el caso de la comunidad sorda, dado que la mayoría de los sordos no están alfabetizados, algunas bibliotecas suelen integrar en la página web videos en LSM (Lengua de señas mexicana) para permitir a estos usuarios la navegación en el sitio.
Pero, ¿sólo eso?
Pensar que la lectura con experiencia de usuario se limita al software que te lee el contenido de una página o videos en LSM que te explican el contenido, es lo mismo que pensar que la experiencia de usuario para la inclusión se limitan a rampas y señalización en braille.
Libros, documentos administrativos y legales, textos informativos, páginas web… que siguen las directrices de la IFLA y de Inclusion Europe en cuanto al lenguaje el contenido y la forma.
Es decir, que la lectura fácil son documentos con ciertas directrices –líneas de texto cortas, lenguaje simple y directo, uso moderado de metáforas, tamaño de fuente grande, evitar palabras difíciles, etc.– que los hacen comprensibles y accesibles entre poblaciones específicas:
Personas con algún tipo de discapacidad cognitiva que les dificulte la comprensión lectora, como es el caso de personas con síndrome de Down o autistas, por mencionar sólo algunos.
Población de lectores con competencia lingüística limitada y en transición. Personas que aún no han adquirido todas las competencias lectoras, pero que en algún momento las tendrán. Por ejemplo: hablantes no nativos de una lengua, como migrantes que llegan a otro país y están aprendiendo la lengua, personas (niños o adultos) a los que se está alfabetizando, personas que requieren acercarse a la lectura de manera amigable.
Comunidad sorda y disléxicos. Muchos sordos no están alfabetizados, al menos no en la forma en la que los oyentes lo estamos. La lectura fácil es un primer acercamiento cuando se están alfabetizando. Los disléxicos, por su parte, tienen dificultad de aprendizaje que afecta la lectoescritura, específicamente la lectura. Por ello, les resultan muy útiles estas frases cortas, estos textos concretos y los significados para ayudar a la comprensión.
La experiencia de usuario en lectura fácil la encontramos generalmente en materiales impresos o en páginas web que manejan el tema. ¿Pero qué pasa si mi biblioteca no cuenta con estos materiales?
Siempre podemos echar mano de la tecnología y de la lectura en pantalla que, sin planearlo, también cumple con los preceptos de la lectura fácil y, de hecho, ya ha probado ser muy útil entre poblaciones con necesidades especiales como los disléxicos o los adultos mayores como se puede leer en este post y en este otro, en específico porque la lectura en pantalla maneja:
Líneas de texto cortas, para el caso de celulares.
Diccionario integrado
Posibilidad de cambiar el tamaño y tipo de fuente.
Posibilidad de cambiar el brillo y color de la pantalla.
Hasta aquí sólo algunos ejemplos de diseñar la biblioteca pública con experiencia de usuario. Desde luego, hay muchas otras, pero lo importante es recordar que pensar y diseñar la biblioteca pública es indispensable pensar en el público real, es imprescindible conocer sus particularidades.
Como bien dice Maria Teresa Andruetto, escritora y ganadora del Premio Hans Christian Andersen, en relación con la literatura para todos, pero que bien puede aplicar en la biblioteca para todos:
…pues creo que es justamente ahí, en la intensa mirada a lo singular donde puede nacer la metáfora de un todo que vaya más allá de lo que estamos dispuestos a ver. El debate social, los pobres, los que discriminan y los que son discriminados, los que no tienen memoria, la violencia familiar y social, las guerras y las dictaduras de todas partes y tantos otros asuntos son temas de la literatura, con la condición de que haya en su tratamiento una intensa mirada singular sobre una circunstancia y una subjetividad también singulares….
Y ya para finalizar, agradecer a Atzimba Tienda por la propuesta y la invitación, y a Brenda Michelle por todas sus gestiones para hacer posible esta charla.
Sanción bibliotecaria es una frase fatídica para los usuarios asiduos de las bibliotecas, porque eso implica generalmente la imposibilidad de tomar libros en préstamo:
El pago de una multa que se calcula conforme a los días que tardaste en devolver el libro, en algunos casos han pasado años antes de que los usuarios devuelvan un libro, así que supongo estamos hablando de multas millonarias o, al menos considerables.
Un periodo sin poder utilizar el servicio de préstamo bibliotecario. Ese es el que se maneja, por ejemplo, en la Biblioteca Vasconcelos: un mes por un préstamo vencido, tres meses por reincidir en tres ocasiones y seis meses por cinco suspensiones. Para los usuarios más asiduos, este tipo de sanción duele mucho porque a veces es preferible pagar que pasar más de un mes sin poder sacar libros sólo porque se te pasó el periodo de devolución uno o dos días.
Una mezcla de las anteriores, donde además de no poder sacar libros, para liberar la sanción debes pagar una cantidad de dinero. Este era el tipo de sanción que se realizaba (o sigue realizando) en el sistema bibliotecario de la UNAM durante mis años de estudiante, el usuario debía pagar algo así como 50¢ por libro y por día de demora.
En el caso de las bibliotecas universitarias, se aseguran además de que la deuda sea saldada de cualquier manera; pues al momento de que el usuario está por titularse le exigen una carta de no adeudo bibliotecario. Así que el usuario para poder obtenerla, deberá revisar con su o sus bibliotecas no tener adeudos y, si los tiene, pagarlos.
Cuento todo lo anterior porque, en lo personal entiendo a las sanciones bibliotecarias como una forma de concientización obligada para el buen uso del bien común, en este caso, los libros de las bibliotecas. Sin embargo, reconozcamos que esta práctica puede jugar en nuestra contra y fomentar que los libros simple y sencillamente no se devuelvan jamás precisamente por el miedo a la multa que hay que pagar; y aunque en su mayoría son costos simbólicos (según Library Journal, para las bibliotecas públicas en Estados Unidos menos del 1% del presupuesto proviene de las multas) existe un terror generalizado hacia las sanciones y por ello encontramos muchos casos de usuarios que pasan 30 años, 50 años, 80 años o incluso el siglo con préstamos vencidos (algo que huele más a robo que a olvido).
Hace algún tiempo leía que la práctica de la sanción bibliotecaria se está repensando o, en varios casos, totalmente abandonada en muchas bibliotecas públicas en Estados Unidos, al menos en lo que respecta a las sanciones para niños y primeros lectores.
Si bien es cierto que, como lo mencionaba Julie Todaro, expresidenta de la ALA, las multas no existen para avergonzar o evidenciar al usuario, sino que funcionan como un recordatorio de que el material es prestado y debe ser devuelto porque pertenece a una comunidad; también es cierto que los responsables de bibliotecas cada vez están más convencidos que esta práctica más allá de concientizar, resulta perjudicial en el uso y relación que el usuario establece con la biblioteca. Por ejemplo, en el caso de niñas y niños usuarios de bibliotecas, los padres prefieren que no lleven libros en préstamo porque olvidan devolverlos y entonces deben pagar la multa. De esta manera, se van alejando de la biblioteca.
Por ello muchas bibliotecas públicas estadounidenses están desechando esta práctica, algunas de las pioneras fueron: la Biblioteca Pública de Rochester, la Biblioteca Distrital de Pikes Peak en Colorado, la Biblioteca Pública de Oak Park en Illinois y las Bibliotecas de Worthington en Ohio lo hicieron en 2017, seguidas muy de cerca por la Biblioteca Pública de Nueva York.
Aunque como ya lo dije, en lo personal entiendo las sanciones como una forma de concientización del buen uso de la biblioteca, también soy partidaria de hacerle la vida más amable al usuario. Pero, ¿cómo encontrar el punto medio?, ¿cómo nos aseguramos que los usuarios no sólo devuelvan los libros a tiempo, sino que los devuelvan?, ¿cómo estrechamos la relación del usuario con la biblioteca y al mismo tiempo logramos que devuelva los materiales a tiempo?
En México, las bibliotecas públicas no cobran por sus servicios y tampoco multan por los préstamos vencidos, la sanción se limita un periodo sin poder llevarte libros en préstamo; sin embargo, esto no garantiza la devolución de los materiales, ni concientiza sobre el bien común en las bibliotecas. Por eso son necesarias otras formas de sensibilizar sin “evidenciar o avergonzar al usuario”, como bien lo señala Todaro.
Algunas prácticas que han servido:
Ampliar el periodo de préstamo. La Biblioteca Vasconcelos, en febrero de 2018, amplió el periodo de préstamo de libros de 7 días con opción a dos renovaciones, por un periodo de 21 días sin opción a renovación; y para los materiales audiovisuales de 2 días, a un periodo de 7 días sin opción a renovación.
Colocar máquinas de autodevolución afuera de la biblioteca para permitir que el usuario devuelva el libro incluso después de la hora del cierre.
Campañas constantes de concientización que pueden hacerse a través de redes sociales, carteles en la biblioteca y tantas formas como la creatividad bibliotecaria tenga.
Y, la más reciente y mi favorita hasta nuevo aviso: “Lápices solidarios“, un programa de las Bibliotecas de la Universidad de Huelva, en España, por medio del cual el usuario podrá anular la sanción bibliotecaria con el “pago” de un material escolar –goma, lápiz, sacapuntas, cuaderno, colores”. Todo lo recaudado se destinará a “Agua Viva”, asociación que busca la inserción sociolaboralde grupos desfavorecidos. Con este programa, se busca que la sanción deje de ser percibida como algo negativo, pero como no se trata de que los usuarios esperen al vencimiento del préstamo en aras de una buena acción, las Bibliotecas están invitando a sus usuarios a donar aunque no tengan libros prestados y/o vencidos.
Y como “Lápices Solidarios” se pueden ensayar muchas otras formas de concientizar y lograr que los usuarios devuelvan a tiempo los materiales. ¿Qué otra se les ocurre?, ¿creen que las multas o sanciones bibliotecarias tienen alguna utilidad? Los leo.
Durante la administración de Vicente Fox se anunció la creación de una Mega Biblioteca que se ubicaría en el norte de la Ciudad de México. En aquel entonces hubo mucho escepticismo sobre la necesidad de una biblioteca de grandes magnitudes. Se cuestionó la inversión y, como nunca, se criticó el cierre por goteras en su séptimo piso.
Después de los muchos vericuetos que ya ni siquiera vale la pena contar, llegó Daniel Goldin y con ello, lo que ahora podemos llamar, una nueva era donde se concibió a la Biblioteca como un espacio social y comunitario donde todos tienen cabida y que sirve a muchos propósitos, en fin, una biblioteca viva.
El primer acierto del director fue la visión de Biblioteca Pública que trajo consigo, como nunca antes la biblioteca dio sentido a aquello de formación, información y recreación, pero además dio cabida al descanso, al pensamiento, al ocio, a la creación, a la formación de ciudadanía. Y, si me lo permiten, también propició el intercambio, el descubrimiento del otro, la sorpresa, además de convertirse para muchos en refugio, algo que pocas bibliotecas públicas ensayan.
Lo anterior, sin embargo, no sería posible sin el personal adecuado. Por ello, Goldin se hizo de un equipo comprometido e inquieto, con ganas de aventurarse a experimentar esta visión de biblioteca que ahora todos reconocemos en la Vasconcelos, una biblioteca para la comunidad. Muestra de ello son sus Día del Niño con cientos de regaladores y actividades simultáneas; sus Bibliotecas Humanas, de las primeras realizadas en México; la apertura de su sala de Lengua de Señas; los distintos talleres (decenas, quizá cientos) ofrecidos por el área de servicios educativos; el trabajo de la Bebeteca y de la Sala Infantil; la reapertura del séptimo piso invitando a experimentar las colecciones de un modo distinto al que nos tienen acostumbradas las bibliotecas, por mencionar sólo unos pocos ejemplos de lo mucho que se hace allá.
Lo que nos ha dejado ver la Biblioteca Vasconcelos estos seis años es que la visión, de la mano de un equipo comprometido, inquieto y sin miedo a intentar, logran no sólo cambiar la percepción que se tiene sobre la biblioteca pública, sino convertirla en un referente de biblioteca a nivel nacional y mundial. Al grado de convertirla en 2014 en el cuarto recinto cultural más visitado del país o la biblioteca con más seguidores en Facebook (más de 640 mil mientras escribo este post).
A la Biblioteca Vasconcelos he podido conocerla como bibliotecaria ajena, como bibliotecaria de la Vasconcelos y como usuaria; y lo que he notado en todas estas facetas de mi relación con #MiBibliotecaVasconcelos es que a nadie deja indiferente: si eres bibliotecario ajeno, está el asombro por la forma en que una biblioteca pública puede impactar en su comunidad; si eres bibliotecario de la Vasconcelos o colaborador (como becario, tallerista o voluntario), te enorgullece formar parte de un proyecto como éste; si eres usuario, te enamoras, aunque se lea un tanto cursi, es cierto que te enamoras, porque puedes ver que es una biblioteca que no funciona con base en teorías rancias, sino que funciona porque está pensada en las y los usuarios reales.
Proyectos de esta magnitud social no se deben perder, aunque el cambio es bueno y necesario, también es necesaria la permanencia y constancia que permitan que algo que se viene haciendo bien siga creciendo. Como bien dice Michèle Petit: “A la hora en que las misiones de los bibliotecarios deben ser repensadas, México nos inspira: hay mucho que aprender de lo que Goldin y su equipo inventan día tras día en la Vasconcelos“, creo yo que aún hay mucho que aprender de esta biblioteca, su director y su equipo.
El movimiento Booktube tiene muchos claroscuros (de los que ya he hablado en otro momento), Abril Karera, mi invitada del día como parte de los festejos del 10º aniversario del blog, está de lado de los claros, de esa luz que se llama Ensayos de Abril, su videoblog que precisamente el mes pasado cumplió sus primeros 5 años de vida, de muchos, muchos más que no me cabe duda vendrán. Por cierto, al final del post les pongo los videos en los que tuve el honor de ser invitada como parte de sus 5 años. 😀
Estoy segura que muchas personas se han iniciado en la lectura, se han acercado a una biblioteca, a una librería o a una feria del libro gracias a Ensayos de Abril, escucharla desmenuzar los libros es una delicia y un peligro, porque irremediablemente uno quiere salir corriendo a comprarlos. Coincidir con ella gracias al Comité Lector de IBBY México, ha sido un privilegio. A Abril le admiro ese tesón que implica mantener un canal en Youtube, desde la parte de grabar y editar, pero en especial la parte de mantenerlo de forma honesta sobre los libros que la provocan. Verán, Abril simplemente no podía faltar en esta fiesta.
Abril nos platica en esta colaboración sobre la relación que ha entablado con las bibliotecas públicas gracias a Booktube, una visión que no sólo me ha emocionado, sino que inmediatamente me ha remitido a muchos congresos, coloquios, foros sobre bibliotecología donde imperan los cebollazos y la palabrería de lo que se supone son las bibliotecas, pero que carecen de esa visión autocrítica hacia la profesión y hay mucho desconocimiento sobre lo que los usuarios piensan, quieren y exigen de las biblbiotecas.
Abril, mil gracias por haber llegado a la celebración.
¡Hola Abril! ¡Bienvenida!
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De cómo Booktube me enseñó a valorar las bibliotecas públicas
El blog de Verónica Juárez me ha abierto la mirada sobre muchos de los usos de las bibliotecas públicas y sus alcances a través de la red. Aunque frecuenté bibliotecas desde mi adolescencia, no fue sino hasta mi incursión en el mundo de Booktube que entendí la importancia de tomar una postura con respecto a ellas y, desde este lugar que ocupo en el mundo, defenderlas y exigir lo mejor para que estos espacios formen parte de la vida cotidiana de la sociedad, de toda la sociedad. Por eso decidí contar cómo nació mi relación con estos lugares que son más que un albergue de conocimiento y de cómo, poco a poco, fui entendiendo que asumirse como lector conlleva también una responsabilidad, cien por ciento opcional, pero que una vez que se asume no se puede dejar a medias: la de generar y salvaguardar todos aquellos espacios cuya espina dorsal sea la lectura. Acompáñenme, pues, en este breve recorrido.
La primera biblioteca que conocí fue la de mi casa. Siempre me he sentido muy afortunada por haber crecido entre libros. Mis padres, profesores ambos, destinaban cada quincena una parte de su presupuesto a adquirir nuevos ejemplares para el acervo familiar. Recuerdo con especial cariño que, para mí y mis hermanos, cada libro era sinónimo de un bloque para las ciudades que construíamos. Los libros se transformaban en carreteras, puentes, edificios, incluso monstruos; y, luego, cuando mis padres llegaban a casa y teníamos que ordenar todo de nuevo, lo hacíamos con cuidado porque volvían a su forma real. Así, aprendí que mi mamá se esforzaba por crear un orden en los tres libreros que teníamos en ese entonces: una sección para los libros de papá (de historia y matemáticas, sobre todo), una sección para los libros de ella (de literatura mexicana y poesía) y otra sección para las enciclopedias y libros de nosotros. “¿Por qué ordenarlos de esa manera?”, pregunté un día cuando ya iba al kinder. “Porque así es más fácil ubicarlos”, respondió mi mamá.
La segunda gran biblioteca de mi infancia fue, sin duda, la de aula; la que teníamos en mi salón de sexto grado de primaria conformada en su mayoría por los Libros del Rincón. Recuerdo que mi profesor tuvo que instalar unas repisas para colocar ahí los ejemplares que daba el gobierno. Cada viernes, luego de alguna clase, teníamos libertad para husmear entre los títulos y llevarnos a casa el que quisiéramos. Era mi actividad favorita de los viernes. Sobre todo, me preguntaba, ¿por qué no teníamos en mi casa libros como esos? Tardaría todavía muchos años en conocer lo que es la literatura infantil y juvenil y en entender que mis padres tenían poca o nula noción sobre ello, así que adquirían siempre los libros que les gustaban más a ellos -adultos- o que tenían en el título eso de “para niños”. De otra manera, era muy complicado que se enteraran de esa literatura que comenzaba a florecer en el país. Sumemos, además, que crecí en un municipio del Estado de México donde las librerías son prácticamente inexistentes.
La tercera gran biblioteca de mi vida fue la de la secundaria. Un lunes, en un homenaje, el director dio el anuncio de que había recibido varias cajas con libros que había mandado la SEP. Dio la orden a mi profesora de español para que ella llevara el registro de préstamo a domicilio y, con tono emocionado, nos invitó a todos a conocer el acervo y leerlo enterito. ¡Eran más de cien libros nuevos! Recuerdo que esperé la hora del receso con impaciencia y cuando por fin sonó el timbre, corrí hasta la biblioteca para ser la primera en formarme y conocer todos esos títulos. No había necesidad de tanta prisa, prácticamente era la única alumna interesada en todo eso. Recuerdo la mirada luminosa de mi profesora diciéndome que podía llevarme todos los libros que quisiera, siempre y cuando los regresara. “Nunca hay que robarle a una biblioteca, porque no sabes qué libro podrá hacer la diferencia con alguien y siempre es mejor que todos los títulos estén a su alcance”, me dijo. Palabras grabadas con fuego en mi corazón.
Después, vinieron las bibliotecas de la universidad que se vienen a relacionar estrechamente con mis inicios como booktuber. Pero vayamos paso por paso. La Biblioteca Central de la UNAM fue parte fundamental de mi vida escolar, si no es que la favorita. Tardes enteras sentada en su área de estudio no precisamente estudiando, pero sí siempre leyendo. Me gustaba pasearme entre los estantes del área de literatura y elegir al azar mi próxima lectura. También se suman la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras y la del Instituto de Investigaciones Filológicas, importantísimas para mi educación en letras y, sobre todo, para mantenerme cerca de griegos y romanos. Teniendo todo esto como base, es fácil entender que cuando comencé a ser booktuber pensaba que todos los lectores estarían relacionados con alguna biblioteca, así como lo estaba yo con las de la escuela y con las de mi pasado, pero la sorpresa fue que no.
Booktube es una comunidad de lectores que comparte sus opiniones sobre libros a través de videos en Youtube. Mi canal se incorporó a esta dinámica en el 2013 y comentaba, sobre todo, libros que tomaba de las bibliotecas. Todavía lo hago. La gran sorpresa para mí fue que casi todos los booktubers de ese entonces tenían, alimentaban y cuidaban una sola biblioteca: la suya. Lo cual me parece muy válido, por supuesto. Pero de las bibliotecas públicas no escuchaba nada. Y entonces comencé a dimensionar la cuestión de su uso.
Primero: Si yo me había mantenido siempre muy cercana a ellas era, sí, porque me gustaban, pero sobre todo porque no tenía mucho dinero para invertir en libros. Eso no quiere decir que no comprara de vez en cuando algunos, claro que lo hacía; sólo que no en la medida en que veía a otros lectores hacerlo. Entendí que las bibliotecas siempre tendrán una estrecha relación con la economía de los usuarios. De ahí la importancia de habilitarlas lo mejor posible en un país donde el salario mínimo es una burla y donde, por supuesto, siempre será más importante destinar ese dinero a la alimentación que a la lectura. Las bibliotecas son una de las mejores herramientas para demostrar que la pobreza no es excusa para la ignorancia.
Segundo: Entendí también que frecuentar las bibliotecas era la razón principal por la que no me sentía apegada al libro como objeto. Es decir, sin problema podía deshacerme de libros, prestarlos o regalarlos. Porque justo eso te enseñan las bibliotecas: que tendrás un ejemplar entre tus manos durante algunas semanas, que será parte de tu vida porque lo vas a leer, pero que al terminarlo tienes la responsabilidad de devolverlo para que lo lea alguien más, así te haya gustado muchísimo la historia. Resultó una gran sorpresa descubrir que muchos booktubers sentían tal devoción por sus libros que eran incapaces de prestarlos. Lo cual también es muy válido, no quiero que esto se malinterprete como una cuestión de comparación sobre qué es mejor y qué no. Para nada. Ambas actitudes me parecen válidas, sólo deseo compartir cómo fui descubriendo este mundo de lectores donde las bibliotecas no existían o tenían la mínima importancia.
Tercero: Debido a la poca atención que, en general, tienen las bibliotecas, no es de extrañar que las creencias en torno a ellas sean tristes. Que si los bibliotecarios siempre están enojados o que los acervos dejan mucho que desear, (pueden conocer más de estas creencias en un video que grabé junto con Verónica como parte de la celebración por el 5to aniversario de mi canal). Es más, en mi recorrido por varias bibliotecas públicas de las delegaciones de la Ciudad de México, pude constatar que en casi todas el apoyo brilla por su ausencia: espacios pequeños, descuidados, muchos sin actividades culturales. Por eso, cuando descubrí la biblioteca de IBBY México y la Vasconcelos, me aferré a ellas con alegría. Pero estoy consciente de que, como lectores citadinos, no podemos limitarnos a esas dos, aunque sean mega geniales. Y entendí una cosa más: Así como muchos de mis compañeros booktubers defendían el libro como objeto y tomaban una postura respecto a sus bibliotecas personales, sentí casi una responsabilidad tomar una con respecto a las bibliotecas públicas y su importancia en mi vida como lectora. No sé si esto hubiera sucedido de no conocer Booktube.
Quiero cerrar este texto diciendo que falta mucho por hacer para que las bibliotecas ocupen un lugar privilegiado en la mente de la mayoría de los lectores, pero que vamos por buen camino. Ahora, me da alegría constatar que muchos otros booktubers se han asumido como lectores de bibliotecas y comentan, siempre que pueden, los ejemplares que han tomado de ellas. He visto incluso bibliotecarios tomando el rol como booktubers para darle difusión a su espacio. En Booktube, mi postura como defensora del uso de bibliotecas incluye invitar a mis suscriptores a conocer la más cercana a su hogar, muchos me han escrito diciendo que no tienen ninguna y es ahí cuando cobra mayor importancia la concientización sobre su implementación y uso en la mayor cantidad de lugares posibles. ¿Quién lo va hacer? Pues de aquí a que el gobierno se pone de acuerdo, seguramente nos toca a nosotros los lectores, profesores, mediadores de lectura hacerlo: acercar títulos a las personas. Porque ¿qué son las bibliotecas sino un espacio donde tienes al alcance, literalmente, un mundo de posibilidades? Y no lo digo sólo por los libros que podemos encontrar en ellas.
En fin, ha sido un honor para mí celebrar los diez años de existencia de este blog con este texto tan personal, pero sincero, sobre lo mucho que las bibliotecas pueden cambiar, y mejorar, la vida de una persona. Que los textos de Uvejota no se acaben para que muchos más lectores alrededor de todo el mundo podamos seguir inspirándonos. Un abrazo, Vero, y mi más sincero saludo a los lectores de este maravilloso espacio.
Hay dos cosas que me han gustado mucho de esta muy particular celebración: 1) el tiempo de mis invitados para regalarnos su visión, y 2) la diversidad de miradas y de formas de entender y abordar a la biblioteca, al libro, a la lectura y a la información. Esta fiesta va quedando muy bien, lo mejor, aún no acaba.
Así que en esta ocasión viajamos al sur del continente, al bello Chile, para dar la bienvenida a la gran Marcela Valdés, Directora de la Biblioteca de Santiago, una de las bibliotecas públicas más grandes e importantes de ese magnífico sistema bibliotecario chileno al que por cierto, debemos de aprenderle muchas cosas.
A Marcela tuve el gran gusto y honor de conocer en 2015, cuando asistí al 5º Congreso Innovatics y, desde la primer charla ha sido fascinante conocer su visión de biblioteca; no por nada, ella junto con el personal a su cargo son el corazón de la Biblioteca de Santiago. También es fascinante verla de tanto en tanto convertirse en mariposa y hacer que nos revoloteen mariposas en el estómago (la guata, como dicen por allá) con cada nueva actividad en la Biblioteca de Santiago a quienes muchos, incluso los más lejanos físicamente, le tenemos un gran cariño.
Este post Marcela nos habla de las bibliotecas inclusivas, es decir, la visión que tiene y quiere de las bibliotecas públicas y que nos deja ver el por qué nos revolotean esas mariposas cada vez que nos llegan noticias de la Biblioteca de Santiago siendo cada día más inclusiva.
Marcela, mil gracias por aceptar ser parte de la celebración y compartirnos esa visión de biblioteca.
¡Bienvenida!
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Construyendo bibliotecas inclusivas que pueden cambiar la vida
Quiero compartir algunas reflexiones y apuntes sobre las bibliotecas públicas y la inclusión. Son notas que he ido construyendo en este transitar por las bibliotecas, pensamientos que van formando sueños, ideas que generan proyectos. Estas reflexiones que comparto con muchos y muchas son parte de mi sentir por las bibliotecas, mi necesidad de involucrarme con las personas y parte del sueño de que para construir un mundo inclusivo la mejor forma sea ver a las bibliotecas, esas bibliotecas que existen en tantos lugares y que se han construido con el trabajo de muchos y muchas. Las bibliotecas pueden ser una hermosa vitrina del buen mundo que queremos. Ese espacio de resistencia que cobija y acoge a tantos día a día. Parto entonces diciendo algo de sentido común: cuando pensamos en bibliotecas públicas partimos de la premisa que están enfocadas y destinadas a todos y todas. No obstante eso que es tan obvio, requiere de políticas, líneas de acción, capacitación, participación de la comunidad y compromiso de quienes componen la biblioteca, es decir, trabajadores, autoridades, público potencial y objetivo, para generar un espacio realmente inclusivo y que dé cuenta de su condición de biblioteca pública.
Una biblioteca pública se plantea como un espacio abierto y democrático y debe declarar desde su misión la necesidad de la participación e involucrar a la comunidad, porque en la medida que las comunidades son parte de las bibliotecas y estas últimas comprenden que más allá de cumplir estándares y misiones de atención y servicio, deben ser un espacio que apunte a generar herramientas donde la comunidad sea un ente activo en la gestión y calidad, se generará un vínculo único entre personas y bibliotecas que provoca también, encuentros únicos con la lectura o más bien con múltiples lecturas, ya que leemos el mundo de muchas maneras.
Desde esa premisa tenemos la posibilidad de crear y recrear bibliotecas acordes a sus comunidades, con lectores distintos que fomentaran la democracia, la participación y por ende provocarán la decisión política que es el fomento de la lectura. Desde ese punto al convocar a las personas, nos damos cuenta que una biblioteca abierta y participativa debe generar una línea de trabajo con la comunidad que será el corazón de la biblioteca y que la transformará en un espacio inclusivo. Y al hablar de incluir, tenemos que pensar en todos y todas, no en una sola comunidad, sino en diversas comunidades; en las diversidades sexuales, en las personas con capacidades diferentes, en los pueblos originarios, en la tercera edad, niños y niñas, jóvenes, mujeres, migrantes, personas en situación de calle, etc. Tener una mirada amplia que permita compartir la biblioteca y que la misma se transforme en una oportunidad para las personas, un espacio que pueda de alguna forma cambiar sus vidas y logren participar de ese espacio. Entendiendo que en algunos casos para remover debemos excluir y generar actividades enfocadas sólo a ciertos grupos, como una forma de llamar la atención y enviar un mensaje que dé cuenta de lo que es estar en el lugar de otro.
Biblioteca de Santiago
En ese sentido, la biblioteca, al igual que la lectura, junto con entregarnos conocimiento e información debe ser asimilada como un espacio de encuentro comunitario y quienes trabajamos en esas bibliotecas debemos provocar ese encuentro y crear una nueva comunidad, la comunidad inclusiva de nuestras bibliotecas. La biblioteca se tiene que convertir en un puente.
Hace algún tiempo, en un encuentro donde Mempo Giardinelli nos hablaba de lectura, le escuché una frase que hasta hoy rescato y recuerdo: “…Hacer leer a una nación es una decisión política…“. Esta frase, creo que aplica a las bibliotecas, hacer que las personas vayan a la biblioteca es una decisión política. Da cuenta de lo activo que debemos ser a la hora de plantearnos el compromiso con las bibliotecas y como ese compromiso debe ser parte de la decisión de todos los actores,involucrando a mediadores, autoridades y todos y todas aquellos/as que de alguna forma son responsables de que nuestras sociedades estén conformadas por personas con capacidad crítica, personas que puedan acceder a espacios democráticos, donde estén presente la lectura por placer, información, conocimiento, que genere libertad, democracia e igualdad.
La biblioteca debe ser un espacio comunitario, donde a las personas se le entreguen los mecanismos, canales y herramientas de participación que permitan la construcción conjunta de una verdadera biblioteca pública, una real biblioteca inclusiva.
Es entonces que cuando nos planteamos la inclusión como una decisión política debemos no sólo cambiar la infraestructura de la biblioteca y generar nuevos espacios y formas de acceso, sino que debemos generar líneas de acción reales, servicios, actividades, experiencias y, principalmente debemos involucrar a las personas, porque es la única forma que se apropien y se sienta parte de un espacio. No es desde un llamado paternalista o un mero proveedor de servicios, sino que desde un llamado a construir. Para que eso suceda, debemos partir con cambiar mentalidades y entender que debemos derribar mitos y prejuicios. Esos cambios de mentalidades, de infraestructura, de servicios, es lo que convierte a la biblioteca pública en un real espacio inclusivo, trabajando para tener la inclusión tan incorporada que no podamos imaginar otra forma de funcionamiento de las instituciones, del país, hacia allá debemos avanzar como sociedad, generando posibilidades que permitan mejorar la calidad de vida de las personas y acrecentar sus capitales sociales, económicos, humanos y culturales.
Entender que el corazón de la inclusión son las personas y debemos construir bibliotecasdestinadas a ellas, hechas por personas. Cambiar mentalidades, derribar falsos mitos y prejuicios se logra en la medida que nos acercamos a nuestras comunidades y generamos un puente para crear confianza. En la medida que los que estamos permanentemente en la biblioteca cambiamos la forma de mirar, podemos transmitir a otros y otras y, entregar esa mirada inclusiva que tanto queremos. Ese cambio de mirada y de mentalidad nos permitirá enseñar a otros y seguir construyendo, finalmente la biblioteca lo que genera son puentes para lograr el encuentro entre personas y donde todos y todas aprendemos de los diferentes saberes, vidas y experiencias.
Bibliometro, Chile
Cuando tenemos una biblioteca accesible a través de su infraestructura, de sus actividades culturales y de fomento lector y escritor, con personal capacitado, que entrega oportunidades laborales y que hace parte dentro de su misión la inclusión de manera permanente, nos queda pensar como ir más allá y eliminar cualquier otra barrera, construyendo confianza, especialmente en nuestros países donde tenemos una crisis de confianza, la biblioteca debe aproximarse a las personas y generar confianza, confiar en nuestro público y ellos pueden confiar en nosotros, eliminando barreras y trámites. Estar convencidos que la biblioteca es un espacio donde las personas son sujetos de derecho y merecen no sólo ser bien atendidos, sino que participar y satisfacer necesidades culturales, formativas, educacionales y sociales.
Finalmente, la Biblioteca debe ser un laboratorio, un espacio mágico donde mezclamos ideas, sueños, experiencias que permitan mejorar y ojalá cambiar la vida de las personas. En ese sentido siempre debemos estar abiertos a probar, a incorporar y especialmente a ser generosos, a entregar nuestra experiencia para que en otros espacios se mejoren y se conviertan en nuevas experiencias. Crear experiencias de servicio, generar espacios que efectivamente permitan a las personas, a las comunidades, sentir que las bibliotecas son el lugar que nos acompañan a lo largo de nuestra vida y pueden ser un lugar de puentes maravillosos para encontrarnos con expresiones, otras personas y culturas, para encontrar ventanas que miren al mundo.
Sigue mayo, así que sigue la celebración abriendo las puertas de este espacio a grandes invitados con magníficas colaboraciones de los temas más variados en reflexiones por demás interesantes.
Hoy es el turno de Ramón Salaberria, español radicado en México desde hace varios años, acá entre nos Ramón ya es más mexicano que el mole, bibliotecólogo de formación, profundamente involucrado y comprometico con la biblioteca pública.
A Ramón lo encuentran en la Biblioteca Vasconcelos, se encarga de las redes sociales de la biblioteca, pero si me lo preguntan, Ramón hace mucho más y, lo que más me gusta es que siempre lo ves conversando y compartiendo no sólo con el resto de los bibliotecarios que hacen a la Vascon, sino también con los usuarios. Es decir, a Ramón le gusta conocer a fondo lo que hace que la biblioteca sea una biblioteca.
Su regalo es un gran poema que habla precisamente de lo que es la Vasconcelos en el plano de redes sociales, les va a encantar tanto como a mi, una manera distinta de adentrarnos en los números y hacerlos más humanos, más cercanos.
Gracias Ramón, por ser parte de esta celebración.
¡Bienvenido!
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Redes sociales de la Biblioteca Vasconcelos: un poema de números y diez pies
Facebook BV es femenino1,
dos de cada tres.
YouTube BV es masculino2,
dos de cada tres.
Seis de cada diez
ven el YouTube BV desde México3.
En España, Colombia, Argentina
y Perú
uno de cada cuatro4.
Cómo leer… a Julio Cortázar,
plática de Eduardo Casar,
se ha visto más de 70 000 veces.
Ecuaciones diferenciales,
¿qué son?
¿cuál es su utilidad?
es el segundo más visto.
Cómo leer… un partido de fútbol,
trepidante plática de Juan Villoro,
el tercero.
El uno febrero 2018
llega Facebook BV
al medio millón
de seguidores.
Desde mayo 2016
Facebook BV es la biblioteca
(pública, universitaria, nacional…)
con más seguidores.
Cada día se aleja más5
de las legendarias
The Library of Congress,segunda,
The British Library, tercera.
Cada día diez notas. Un magazine popular
donde se interactúa
comenta
comparte
reacciona
como en el más grande zócalo imaginable6.
Un susurro:
la nota que detonó7
16 septiembre 2014
el crecimiento Facebook BV
fue una sobre la muerte en prisión
Leavenworth, Kansas, 1922
del anarquista Ricardo Flores Magón.
En cuatro años y 700 videos ha convertido,
su YouTube BV,
por número de seguidores,
en la octava biblioteca,
muy superada8 por
The Library of Congress
The John F. Kennedy President Library and Museum
Library of Alexandria Bibliotheca Alexandrina
The British Library
The New York Public Library
U.S. National Library of Medicine
y la Biblioteca Nacional de España.
Twitter BV es robusta9 herramienta
para la difusión
e Instagram BV es la pequeña10
que nos dará sorpresas
y a la que, un día,
yerba mediante,
haremos
otro poema
de números y pies.
Con dedicatoria a
Verónica Juárez
compañera en BV
por una temporada
en el mundo digital.
Notas:
1 M: 67%H: 33%2 H:64%M: 36%3 México 58%4 España 6.7%Colombia 6.5%Argentina 6.4%Perú 4.9%5 Seguidores: Biblioteca Vasconcelos 530,778; Library of Congress 376,986; British Library 311,3796 Interacción (reacciones, comentarios y veces que se compartió) de la semana 25 abril-1 mayo 2018: Biblioteca Vasconcelos 58,3K; Library of Congress 4,6K; British Library 2,5K7https://bit.ly/2GS3pv18 Suscriptores: Library of Congress 81,037; John F. Kennedy President Library and Museum 19,770; Library of Alexandria Bibliotheca Alexandrina 17,613; British Library 12,257; New York Public Library 11,436; U.S. National Library of Medicine 10,647; Biblioteca Nacional de España 8,750; Biblioteca Vasconcelos 5,2319 74,909 seguidores.10 10,066 seguidores. (Todos los datos a 1 de mayo 2018).
Que siga la fiesta, porque 10 años de escribir en un blog no se cumplen todos los días. Entre los invitados al festejo no podía faltar y repetir (hace cinco años también celebraba conmigo, con nosotros) Fernando Juárez, colega y tocayo de apellido, @ferjur en el mundo de las redes.
Fernando es una de esas coincidencias fortuitas muy afortunadas de Twitter, cuando Twitter era un puñado de bibliotecarios que veíamos en las redes otras formas de llevar la biblioteca a más lugares y con una conversación distinta. A Fernando he tenido oportunidad de leerlo y de coincidir a la distancia. Un bibliotecario público como pocos, bibliotecario de su pueblo, como él se define, del de Muskiz y alguien que “nunca ha sabido qué hacer en la biblioteca… afortunadamente” (Fernando dixit). Y a mi no puede más que alegrarme que no lo sepa, porque le salen unas ideas, planteamientos y actividades bien interesantes sobre el ser y hacer la biblioteca pública que nada tiene que ver con teorías rancias que no van para ningún lado, porque Fernando demuestra que la biblioteca se hace haciendo. Para muestra el libro Biblioteca pública, mientras llega el futuro, publicado en 2015 por Editorial UOC, del que ya les hablé y que recomiendo ampliamente, si lo quieren leer sepan que si lo mandan a este lado del charco.
Fernando, bienvenido nuevamente al blog, me emociona mucho que seas parte de ese festejo y espero contar siempre con tu conversación.
A veces estamos tan vacíos (o tan dispersos) que no encontramos temas sobre los que reflexionar, no sabemos qué contar sin encadenar palabras vacías. Durante años me dediqué a formar a compañeros para que se animasen a abrir un blog pero nunca fui capaz de dar continuación a ninguno; ya ni recuerdo la última vez que escribí una entrada. Un blog exige tal nivel de compromiso que son pocos los que nos acompañan durante mucho tiempo. Por eso que este cumpla 10 años, acudiendo a su cita regularmente y aportando a los lectores, es motivo de celebración.
Casualidades de la vida, coinciden estos 10 años blogueros de @uvejota con mis 30 como bibliotecario, un lapso de tiempo en el que las bibliotecas, qué remedio, se han “apantallado” para seguir aportando en la sociedad de la información. Adaptarse a las nuevas situaciones supone replantear certezas, cuestionar principios, aprender quehaceres. Ese tránsito de espacio de lectura y préstamo de libros a espacio multifuncional con protagonismo creciente de las nuevas tecnologías es a veces percibido como una desnaturalización de lo que debe ser una biblioteca.
Hace poco un colega, José Pablo Gallo(1), aludía a un espíritu que vincula y hace que identifiquemos como tales, a pesar de sus diferencias, a una biblioteca renacentista con una pública de principios del XX y a estas con las nuestras que ahora estamos desarrollando alrededor de las nuevas tecnologías de la información. Habla de bibliotecidad para referirse a ese hilo conductor quenos permitirá definir el modelo de biblioteca del futuro. En su opinión, aunque se produzcan cambios, estos deben seguir teniendo el foco puesto en la transmisión y creación del conocimiento para contribuir a la misión educativa, cultural y social que siempre ha tenido la biblioteca.
En muchas bibliotecas públicas las condiciones laborales son precarias, las instalaciones deficientes y la soledad mucha; el día a día nos deja sin tiempo para la reflexión sobre la pertinencia y los logros de los servicios que ofrecemos. La combinación de esos factores propicia imitar modelos considerados válidos y favorece el déficit de criterio propio. Intentar avanzar rompiendo con la realidad anterior y limitarse a copiar lo que hacen otros impide considerar qué otras cosas podríamos hacer con lo que ya tenemos.
Adoptar estrategias ajenas para adaptarse a los nuevos tiempos sin reparar en la propia idiosincrasia puede resultar impostado y alejarnos de una esencia de biblioteca más acorde a nuestra comunidad. Sin pretenderlo restamos importancia a nuestra labor “tradicional” sin entender que lo que es válido para una determinada biblioteca tal vez no lo sea para otra y que cualquiera de las dos opciones puede ser acertada.
No sé si eres de los que te preguntas qué hace de una biblioteca una biblioteca. Yo sí…y no lo sé. Supongo que cuando empecé lo tenía más claro: los libros, el silencio, la conservación, la lectura… Ahora que los antiguos referentes (libro, colección, almacenamiento, conservación) pierden protagonismo me obligo a recordar que bibliotecas, bibliotecari@s, lectura e información están en constante evolución y que algunas antiguas “desnaturalizaciones” configuran nuestro actual ADN. Y sin ir muy atrás recuerdo cuando los cómics no tenían sitio en las colecciones, el ordenador, de haberlo, no era para ver vídeos ni enviar mensajes personales y, por supuesto, el blog no era cosa de bibliotecarios. Un blog como éste… bendita desnaturalización.
Notas:
(1)José-Pablo Gallo-León. Bibliotecidad: una discusión sobre la esencia de la biblioteca en momentos de cambio.