¿Qué pasaría si en lugar de tener un presidente que sólo atina a decir que la Biblia es uno de sus libros favoritos aunque no lo haya leído todo, tuviéramos a verdaderos amantes de los libros gobernando al mundo?
Esta fue más o menos (la parte del presidente es mía) la pregunta que lanzó Goodreads a sus usuarios en los perfiles de Facebook y Twitter, las 25 de las mejores respuestas de los cientos que recibieron las publicaron en su blog. Aunque me gustaría ponerlas todas, acá recojo sólo mis favoritas y en negritas las favoritísimas (si se me permite el superlativo en esta palabra):
2. Mediríamos el tiempo en capítulos, no minutos, por ejemplo: “Llegaré después de una taza de café y dos capítulos.” (Rebecca Brewster)
3. Habría una biblioteca en cada esquina… en otras palabras, habría una biblioteca dentro de cada Starbucks. (Renee Bradshaw)
7. El lanzamiento de un libro sería fiesta nacional. (Melissa Fetterman)
8. El hada de los dientes [el ratón de los dientes] dejaría un libro y no dinero bajo tu almohada. (CruzMissile)
9. Habría un carril especial para caminantes lectores. (Misbah Ahmad)
22. “Me quedé hasta tarde terminando el libro” sería una excusa válida para tener el día libre. (Joshua Dilts)
24. Howarts sería una escuela real, la Tierra Media sería parte de nuestra historia nacional y todo lo demás sería la sinrazón del País de las Maravillas. (Aja Vinet)
Algunas que no se publicaron en el blog de Goodreads pero que también vale la pena rescatar:
– Nadie tendría tiempo de comenzar una guerra, porque todos estaría leyendo. (Nikk Karlovsky)
– No tendríamos que preocuparnos por el espacio en nuestros libreros. (Maddie Buanan).
– Los libros no serían tan caros. (Raven Nivhaar)
– Ve y pon un centinela jamás se habría publicado. (Bella Cruz)
Y mi favorita por sobre todas las demás, con fanfarrias de fondo:
– Los biblotecarios serían presidentes. (Chel Lin)
¿Ustedes qué dicen?, ¿cómo sería este mundo si lo gobernaran exclusivamente lectores? Extiéndanse tanto como quieran en los comentarios 🙂
¿Alguna vez se han preguntado cuál es la representación de la mujer en la ficción popular? ¿En los libros, revistas, películas, series televisivas, hay igual número de hombres que de mujeres o, por el contrario, la mujer queda relegada o, en el peor de los casos, no tiene incluso representación?
Estas mismas preguntas llevaron a Sirrý & Smári, un equipo islandés de escritores visuales a realizar un estudio relacionado con la mujer y su representación en la cultura popular. Los resultados, que desde luego no dejarían de ser interesantes y muy reveladores sobre la realidad del género en pleno siglo XXI, quedaron plasmados en la infografía que les comparto y que muestra precisamente la representación femenina en las obras de ficción popular más, valga la redundancia, populares de la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI: series de televisión como Friends, películas como Star Wars y, desde luego, libros como Juego de tronos, son algunas de las obras analizadas.
Quizá el caso más sorprendente por la ausencia total de representación femenina sea El Hobbit de J.R.R.Tolkien donde aplica aquello de “brilla por su ausencia.” Por cierto, que de todas las obras analizadas, en ninguna ocurre lo contrario, es decir, que no existan personajes femeninos y sólo hasta la llegada de Inside out, la reciente y exitosa película de Disney Pixar, los personajes femeninos superan a los masculinos, 55% y 45%, respectivamente.
Veamos qué más ocurre en otras obras de ficción literarias:
Harry Potter: el 63.5% son personajes masculinos, el 36.5% son personajes femeninos. Curioso, por decir lo menos, ya que la autoría de esta saga que ha vuelto locos a cientos de miles de niños y jóvenes, como todos bien sabemos es precisamente una mujer.
El león, la bruja y el armario de C.S. Lewis: 64% hombres, 36% mujeres.
Juego de tronos de George R.R. Martin: hay un 66% de personajes masculinos y sólo un 34% de personajes femeninos; sin embargo, ocurre algo curioso con esta saga, el 75% de los personajes masculinos fallece, mientras que sólo el 25% de los personajes femeninos corre la misma suerte.
Aunque se repita hasta el cansancio que en México no se lee y aunque yo haya repetido hasta el cansancio que debemos tomarnos con cuidado esta aseveración –y, yendo un poco más lejos, más qué preguntar si se lee la preguntas son quién lee y qué se lee en México–; resulta interesante encontrarse de vez en vez con algunos estudios (pocos en realidad) que nos hablan de la lectura en este país y que, a su vez nos dejan varias “lecturas” de lo que se entiende por leer y que hacen patente además que en este país se necesitan estudios más amplios que diversifiquen la lectura para que nos hablen realmente de quién está leyendo en el país:
La encuesta del CIEDD se realizó del 15 al 17 de junio de este año a 508 oaxaqueños mayores de 18 años, residentes en los municipios de Oaxaca de Juárez, Santa Cruz Xoxocotlán, Santa Lucía del Camino, Tlacolula de Matamoros y la Villa de Etla. Entre los resultados destacan que 26.1% lee bastante o mucho (¿qué es “bastante” o “mucho” en materia de lectura?), 32.1% lee regularmente y casi la mitad (41.8%) lee poco o nada. 39.8% de los encuestados tienen entre 1 y 20 libros en casa, mientras que sólo el 15.1% cuenta con más de 100 libros; la mayoría de los libros leídos son académicos 8.3%, cuentos 8.0% cuentos; 6.2% superación personal. En cuanto a la lectura en pantalla hay muy poco, pues sólo 6.8% lee libros de internet.
La encuesta del Molec se realizó durante los primeros 20 días de febrero a ciudadanos mayores de edad en una muestra de 2,336 viviendas de zonas urbanas de 32 ciudades con más de 100 mil habitantes, esta encuesta se realiza con base en la “Metodología común para medir el comportamiento lector” publicada por el CERLALC.
A diferencia de las otras dos encuestas, en esta se toma un poco más en serio la diversidad de lecturas al tomar en cuenta no sólo libros (53.5% hombres y 64.3% mujeres), revistas (42.7% hombres y 60.4% mujeres), periódicos (73% hombres y 44.9% mujeres) e historietas (4.5% hombres y 7.1% mujeres), sino también aquellas nuevas formas de lectura como son las páginas de internet, los foros y los blogs (47% hombres y 44.8% mujeres).
Imagen vía: Modulo sobre lectura (Molec)
En cuanto al lugar para acceder a los materiales de lectura las bibliotecas y librerías quedan muy mal paradas: 25.7% lo hace en la sección de libros y revistas de tiendas departamentales, 17.7% lo hace en las bibliotecas, 15.6 en librerías y 15.6% en puesto de revistas o libros usados. En cuanto a la existencia de libros en casa más de la mitad (62.8%) tiene entre 1 y 25 libros, aunque lo realmente interesante sería saber qué tipo de libros hay en casa y, me atrevo a pensar que son de tipo académico, supongo también que el 7.1% de los encuestados que tienen más de 100 libros en casa, gozan de una mayor variedad literaria.
Una pregunta que me parece especialmente interesante en la encuesta del Molec es la relacionada con la labor de los maestros para estimular la lectura: 77.2% a través de la exposición de la lectura realizada, en el extremo sólo el 50.2% fueron motivados para asistir a bibliotecas; sin embargo, los estímulos resultaron mayores cuando el trabajo se hizo en la escuela y el hogar (64.6%). Por cierto, según esta encuesta, el nivel de escolaridad influye en el tiempo de lectura por sesión, es decir, las personas con al menos un grado de educación superior leen en promedio 49 minutos, frente a los 28 minutos por sesión que lee una persona sin educación básica terminada.
Por último, la encuesta telefónica del gabinete de comunicación –es, a mi gusto, la que peor plantea las preguntas– fue realizada el 31 de marzo de 2014 a una muestra de 800 mexicanos mayores de 18 años ; el 77% de los encuestados creen que los mexicanos están poco o nada interesados en la lectura, pero cuando les preguntan qué tanto se interesan ellos por la lectura, entonces la mayoría 66.7% afirma que mucho o algo, ¿no será en realidad que a mucha gente no le gusta confesar que la lectura no les interesa –recordemos el discurso político sobre la lectura–? y, si somos más precisos, ¿el “interés” se traduce irremediablemente en el acto de leer?
Entre los materiales que acostumbran a leer por orden de aparición: 52.1% libros, 18.3 periódicos, 8.5% artículos en internet, 7.9% revistas, 3.1 cómics, 3.8% todos, 1.8% otros, 1.6 ninguno. Por último, aunque hay otras preguntas esta es la que me interesa destacar, “¿cuántos libros lee usted en un año?” 19.3% lee más de 5 libros al año, frente al 11.5% que no lee ninguno, y si entre ese 11.5% que no lee libros se encuentran quienes son lectores exclusivos de cómics, de revistas, de periódicos o de libros electrónicos, ¿se quedan en el rubro de no lectores? es decir, esta encuesta sigue pensando a los lectores como aquellos que leen únicamente libros.
Imagen vía: Encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica
Como podemos ver, estas tres encuestas nos dan resultados variopintos que, desde luego, tienen mucho que ver con la forma en la que están planteadas las preguntas y lo que los evaluadores entienden por lectura. Por ejemplo, las del gabinete de comunicación estratégica y del CIEDD en Oaxaca son totalmente tradicionales y enfocadas en el discurso oficial de lo que debe ser la lectura, de cómo se debe leer y centrando la lectura en los libros: ¿cuántos libros lee usted en un año?, ¿qué se debe entender por leer mucho, bastante o poco? ¿y si sólo leo noticias en internet? La encuesta del Molec, por su parte, parece que entiende un poco más las diversas lecturas que puede estar haciendo la población; creo que este es un poco del camino que deben tomar este tipo de estudios si queremos entender el quién, el qué, cómo, cuándo, cuánto y, especialmente el porqué y el para qué está leyendo.
Amo los libros, vivo para ellos, pero desde aquel día un libro bajo el brazo me parece un signo de derrota. Una muestra inequívoca del fracaso. El libro se debe leer, apilar, quemar, abandonar en la banca de un parque, subrayar, reescribir, torcer la puntita de sus páginas. En fin, mil y un verbos lo amparan. Todo puedes hacer con un libro, pero nunca cargarlo bajo el brazo mientras observas cómo el amor de tu vida se aleja de ti sobre una bicicleta negra.
Oki, tripulante de terremotos – Juan Carlos Quezadas.
Se dice que un escritor escribe para que lo lean, así como un pintor pinta para que la gente vea su obra o un músico compone y/o toca para que la gente lo escuche, al menos eso supongo. Pero no todo en esta vida es la fama, menos en el caso de los artistas que, como bien sabemos, generalmente vienen llenos de excentricidad así que la fama quizá es lo que menos les interese.
En el camino han existido y seguirán existiendo escritores y escritoras que, a pesar de que quieren poner su obra en las manos de los lectores, no quieren cargar con el peso de la autoría y por ello deciden que su obra vaya con un seudónimo. ¿Cuáles serían los motivos para no cargar con la autoría de un libro? modestia, persecución política, temor al rechazo, rechazo a la fama, timidez, sexismo o discriminación por raza… en fin, las razones son tantas y tan variadas como los y las autores mismos. En la infografía Whodunit: a history of noms de plume publicada en Printerinks, a la que llego gracias a Bookbaby Blog y donde se presentan precisamente algunos casos de los seudónimos de los escritores más notables entre el periodo de 1719 y 2004.
Desde luego que en esta infografía no puede faltar Charles Lutwidge Dodgson, mejor conocido como Lewis Carroll autor de Alicia en el país de las Maravillas y Alicia a través del espejo, dos de los clásicos literarios más importantes en todo el mundo, la razón: quería mantener su vida privada.
También encontramos a Stan Lee, cuyo nombre completo es Stanley Martin Lieber, quien ha hecho famosos a muchos superhéroes bajo el sello de Marvel, entre ellos a Spiderman (1962). Stan Lee esperaba publicar obras literarias “más serias” después de graduarse y quería guardar la buena reputación de su nombre para ese momento, ni él mismo se imaginaba lo que lograría bajo su seudónimo.
Otros nombres en esta infografía son las hermanas Brönte, que publicaron sus Poemas (1846) como Currer, Ellis y Acton Bell para evitar el sexismo. Mark Twain publicó The adventures of Huckleberry Finn (1884) como Samuel Langhorne Clemens y George Orwell publico Rebelión en la granja (1945) como Eric Arthur Blair.
Dado el periodo que cubre esta infografía quedan fuera dos casos destacados que vale la pena rescatar en este blog:
El primero es el de J.K. Rowling quien, después de dar carpetazo final a la saga de Harry Potter (lo de final es un decir, porque cada cierto tiempo vuelve al mundo del aprendiz de mago) estuvo tentada a publicar Casual Vacancy su primer novela para adultos con un seudónimo y aunque finalmente dicha novela vio la luz con la marca Rowling, la autora no se quedó con las ganas y decidió publicar The Cuckoo’s calling (2014) y The silkworm (2015) bajo el nombre de Robert Galbraith para así no generar expectativa y peder recibir críticas literarias honestas que no estuvieran prejuiciadas por el éxito de Harry Potter. Como dato curioso, cuando Rowling envió su primer manuscrito de Harry Potter lo firmó como Joanne Rowling y, en aquel entonces el editor le preguntó si podían utilizar sus iniciales en lugar del nombre completo pues a los niños no les gustaba leer libros escritos por mujeres.
Joe Hill el autor de la famosa Cuernos que ya ha sido llevada al cine y de quien se dice que ha renovado los géneros de novela de terror, fantasía oscura y ciencia ficción es, nada más y nada menos, que hijo del prolífico y doblemente famoso Stephen King. El nombre real de Hill es Joseph Hillstrom King y, como es de suponer, lo de Joe Hill vino para que el nombre de su padre no le hiciera sombra y la aceptación de su obra estuviera basada en sus propios méritos y no por llevar el apellido King a cuestas. A estas alturas es imposible saber si publicar con su verdadero nombre le habría ahorrado parte del camino y le hubiera ayudado a conseguir más fama; sin embargo, lo que ha hecho como Joe Hill le ha valido reconocimientos literarios en los géneros de fantasía y ficción, además de una primera adaptación fílmica de su obra.
En lo personal, no me gusta nada tipificar al lector conforme a su sexo o a lo que lee, cuando en la actualidad lo realmente importante es encontrar lectores, sin importar si son hombres, mujeres, niños, niñas, si leen comics, revistas del corazón o literatura clásica. Sin embargo, no vamos a negar la importancia de conocer el comportamiento de los y las lectoras, cuando se trata de saber qué dejan esas lecturas, qué hacen los lectores con lo leído y, para los propósitos de este post, quién está escribiendo los libros y quién los está leyendo.
Ya en otras ocasiones he hablado del tema (aquí y acá), de hecho, en el blog hermano Leer en pantalla justo hoy he publicado una interesante infografía del comportamiento lector dependiendo del sexo; así que ya encarrerada en el tema, no quiero dejar pasar la oportunidad de compartirles los resultados de la encuesta anual de Vida, una organización estadounidense enfocada en el rol de la mujer en la literatura, y que habla de la visibilidad de libros escritos por hombres frente a los libros escritos por mujeres.
De acuerdo con este estudio, los hombres escriben los libros y las mujeres los compran, lo cual refleja que “aún existe una cobertura literaria en su mayoría centrada en los hombres.” ¿Qué quiere decir esto? Después de examinar 15 de las principales publicaciones literarias en Estados Unidos y Europa entre las que se encuentran The New Yorker Times Book Review, el London Review of Books, el Times Literary Supplement y Granta, aunque las mujeres compran dos terceras partes de los libros, los libros más reseñados son los de los escritores.
Un ejemplo interesante es el de The New Yorker Times Book con un 47% de escritoras reseñadas, frente al 38% alcanzado en 2010, cuando se comenzaron a elaborar estos reportes; aunque lo anterior refleje una mayor visibilidad de las escritoras en esta revista, lo cierto es que aún sigue siendo escasa. The Boston Review, por su parte, también mostró un cambio, aunque no necesariamente una mayor representación femenina con 14 escritoras y 24 escritores reseñados en 2014, frente las 14 escritoras y 41 escritores en 2010. Una de las revistas que quedaron peor paradas fue The London Review of Books, con 527 escritores y reseñas en 2014, frente a los 151 libros y escritoras reseñadas en el mismo periodo.
Como lo mencionan en el reporte de Vida “los números no cuentan la historia completa, pero sí plantean ciertas interrogantes,” en este caso la pregunta de fondo y que nos debe preocupar es: ¿hay menos reseñas de libros escritos por mujeres o las revistas especializadas en la materia están dejando poco espacio a las mujeres?
Algunas personas podrían pensar que realmente hay menos escritoras; sin embargo, es realmente así, porque al menos en otros espacios como Goodreads los datos son totalmente opuestos con un 80% de escritoras lectoras, mientras que sólo la mitad de la audiencia de escritores son lectores. Desde luego, el público y la dinámica es totalmente distinto en Goodreads, donde de hecho quienes ponen en la mira a los libros y sus escritores son los usuarios y no los “críticos literarios” de los medios tradiciones como los que toma en cuenta Vida. Esto nos lleva a otras pregunta, ¿las mujeres consumen más literatura de la que crean o son menos visibles y menos editadas que los escritores?
Al igual que en Vida, tampoco estoy de acuerdo en las cuotas de género sólo por inflar cifras; sin embargo, estos reportes nos obligan a analizar el por qué de la poca visibilidad en medios tradicionales de los libros escritos por mujeres. ¿En los medios tradicionales y en el mundo literario en general se tiende a creer que no vale la pena tomar en cuenta los libros escritos por mujeres?
Para aquellos que llegado el sexto mes del año no han cumplido con su propósito de leer más este 2015, una infografía publicada en Ebook Friendly que presenta una lista de 24 libros para leer en menos de una hora. Sí, si te interesa incrementar el número de libros leídos este año, aquí una buena, interesante y nutrida opción, 24 libros en menos de una hora, tendrás un día completo para incrementar en 24 los libros de este año; si tu propósito era leer 10, 20 o 24 libros durante este año, con esta infografía ya estás más que cubierto o cubierta. Tomando en cuenta que en promedio un adulto lee 300 palabras por minuto que equivale a 18,000 palabras en una hora, así que la mayoría de los libros y cuentos de esta infografía se leen de hecho en menos de media. Si te esmeras, en un día puedes leer estos 24 libros o incluso superarlos y con ello rebasar tu meta literaria anual.
Aunque no todos los libros me encantan, por ejemplo, Gutenberg the geek lo encontré bastante decepcionante, no niego que la mayoría de los libros sugeridos son muy interesantes, por ejemplo, La caída de la casa de Usher de Edgar Allan Poe que se lee en tan sólo 21 minutos y, yo supongo que si subrayas y anotas quizá se incremente a, digamos, una media hora; otro clásico a leer en menos de una hora, 53 minutos para ser exacto, es El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson y El curioso caso de Benjamin Button de F. Scott Fitzgerald. También puedes leer en tan sólo 30 minutos La rosa de fuego de Carlos Ruíz Zafón, autor de la famosa saga El cementerio de los libros olvidados.
La mayoría de los libros de la infografía los encuentras a precios bajos en formato electrónico y algunos de ellos, como los que ya les he mencionado los puedes descargar gratuitamente en la tienda de Amazon. Así que pretextos faltarán para que cumplas tu meta literaria.
Por cierto, que si te interesa llevar un registro de tu velocidad de lectura hay algunas apps que te permitirán hacerlo y, si eres usuario Kindle, cada libro te da también un tiempo estimado de lectura.
“Comstock-book-lungs” by John Henry Comstock – Scanned from the 1920 edition of The Spider Book. Licensed under Public Domain via Wikimedia Commons
En realidad, más que en la categoría de glosario bibliotecológico, este post debería entrar en una categoría poética o zoológica o, ¿por qué no?, inventarme una novedosa categoría que sea una mezcolanza extraña que tenga mucho de zoología-poética-bibliotecaria.
Muchos se preguntarán, ¿y por qué está metiendo temas de zoología en un blog destinado a los libros y la bibliotecología? A lo que yo respondo: la diversidad y lo interdisciplinar es precisamente lo bonito de la bibliotecología, así que casi cualquier cosa se puede relacionar con ella; por eso no tengo ninguna duda en incluir en este glosario los “pulmones en libro.”
Y para no seguirle dando largas a los pulmones en libro en este blog, aterricemos:
Los pulmones en libro (book lung en inglés) son los pulmones de los arácnidos, con algunas excepciones como los ácaros que al ser tan pequeños, les resultó imposible, evolutivamente hablando, mantener tantas hojas apiladas para que pudieran respirar –claro que esa es interpretación de una humilde bibliotecaria que poco o nada se ha relacionado con la zoología y menos con la aracnología–. En fin, volviendo al tema, los pulmones en libro son los órganos respiratorios de las arañas que asemejan a unas hojas o laminillas apiladas a manera de un libro.
A diferencia de los humanos, las arañas no inhalan y exhalan, sino que el aire pasa de forma natural por estas láminas donde se intercambia el oxígeno, por lo que este tipo de estructura es más apropiada para dar paso libre al aire.
A este tipo de pulmones también se le conoce como pulmones laminares o filotráqueas; sin embargo, para propósitos de este blog nos quedamos con el término pulmones en libro que, desde luego y como ya lo dije al principio, suena a tal grado poético que hasta me provoca un dejo de envidia y me deja con ganas de que los bibliotecarios, en un acto evolutivo en honor a los libros, desarrolláramos unos pulmones así, ¡eso sí que sería una auténtica nostalgia por el libro impreso. Así que llámenlo berrinche o como quieran, pero entenderán que no podía dejar que este término quedara fuera del blog.