Pues eso, que estamos de manteles largos en este Día Nacional del Bibliotecario, así que felicítense, felicítenme, felicitémonos y, después de los vítores, sirva la ocasión para la reflexión sobre nuestro quehacer, sobre si vamos por buen camino o es necesario regresar, replantearnos. A muchos nos hace falta, no lo dudemos.
(Aunque claro, un regalillo no caería mal… ok, no, felicidades colegas).
Un año más que llegamos al 20 de julio y con ello una de las grandes y más importantes celebraciones de este país… Está bien pues, una de las grandes celebraciones para el gremio bibliotecario en este país, nuestrodía. Sí, así con bold, subrayado, bombo y platillo porque a mi gusto debería ser un festejo universal casi intergaláctico, y aunque hemos de conformarnos con el Día Nacional del Bibliotecario no por ello aminoremos el festejo. Como siempre lo digo, a celebrar con trabajo bien hecho y con propuestas en pro de los usuarios, las bibliotecas y, desde luego, nosotros.
Felicidades pues a todos los que nos movemos entre libros, estantes, pantallas, unos y ceros y el océano de información y usuarios
Y ya saben, no estaría nada mal festejar a su bibliotecario/a de confianza, regalándole un buen libro 😉
Sigo rescatando algunos artículos publicados en su momento en otros blogs, este habla sobre la predicción de internet que hizo Paul Otlet:
Recuerdo que durante mis años universitarios por más que hice el mejor esfuerzo, no logré entender del todo las lecturas de Paul Otlet (1868-1944), quien ha sido considerado el padre de la documentación moderna. Es hasta hace unos días, cuando di por casualidad con este artículo La Red que cayó en el olvido, donde vuelvo a encontrarme con la figura de Otlet, quien, si bien no sentó las bases, sí tuvo una predicción bastante certera de lo que es hoy día Internet. De hecho, en ese artículo los historiadores vuelven a darle a Otlet el crédito de ser el primero en visualizar la idea de un mundo interconectado en el que cualquier persona tuviera acceso a la información.
Quizá hasta ahora logro entender la emoción con la que algunos de mis profesores hablaban de Otlet; quien estuvo siempre preocupado por lograr que el conocimiento plasmado en aquél entonces en papel, estuviera al alcance de quien la necesitara (preocupación que hasta ahora muchos de los profesionales de la información y documentación compartimos). Más adelante, junto con su colega Henri LaFontaine crearon el Mundaneum, que fue pensado como el gran centro donde se albergara el registro de la obra bibliográfica universal; desde luego, cuando la recolección de datos comenzó a volverse titánica y alcanzó cerca de los 12 millones de registros, Otlet se dio cuenta que sería imposible finalizar dicha labor; por lo que pensó que lo mejor sería que las máquinas se hicieran cargo de esta tarea, e incluso pensó que además del registro, las máquinas realizaran hipervínculos.
Me pregunto ¿qué pensaría Otlet si viviera en el siglo XXI, cuál habría sido su reacción al darse cuenta que todo lo que en un momento imaginó es ahora posible gracias a Internet; qué utilidad daría él a las aplicaciones de la Web 2.0. Pensó incluso alguna vez la importancia que tendrían sus trabajos entre historiadores y bibliotecarios?
Seguramente muchos recordarán con terror las clases de bibliotecología (ahora no recuerdo la materia específica) donde nos ponían a estudiar los niveles de los documentos y donde poco hablábamos de la historia de las distintas obras (esa era harina de otro costal, o de otra materia). Pues sí, aunque les parezca extraño los bibliotecarios clasificamos la información no sólo por materia, sino hasta por nivel de documento: están los documentos primarios, los secundariosy un tercer tipo, conocidos como obras de consulta o referencia. Ya en otro momento les explicaré en qué consiste cada nivel de documento y antes de que se me vayan aburridos a leer otra cosa, sólo les diré que dentro de las obras de consulta entran los diccionarios y, como a mi me gusta esto de la historia de la bibliotecología y todo lo que tenga que ver con los libros, el día de hoy toca el turno en este post al origen de los diccionarios.
Aunque nadie ha logrado ponerse de acuerdo, se cree que los primeros diccionarios surgieron en Mesopotamia por allá del 2,300 a.C., según la Wikipedia, se han descubierto textos cuneiformes que pertenecieron a la famosísima Biblioteca de Asurbanipal y que describían palabras sumerias. Interesante saber que ya desde los orígenes de la escritura, se escribiera sobre las palabras mismas. En fin, esto fue hace miles de años; sin embargo, el diccionario como lo conocemos hoy en día es un tanto más reciente.
En la Grecia clásica también podemos encontrar rastros de los primeros diccionarios, el filólogo y poeta griego, Filetas, realizó en el siglo IV a.C un compendio con el vocabulario mas complicado en la obra de Homero. Ya para el primer siglo de nuestra era, el gramático Apolonio realizó un Léxico Homérico.
En la Edad Media es posible encontrar los primeros glosarios especializados en distintos temas. Pero el término diccionario lo debemos al inglés John de Garland que en 1220 ecribió un libro de ayuda para la dicción latina, de ahí el término diccionario; aunque el trabajo de de Garland no fuera propiamente un diccionario, sino una ayuda para la pronunciación de las palabras de origen latino.
Como dato curioso, esos fósiles de diccionarios eran generalmente bilingües y eran utilizados para ayudar a traducir de una lengua a otra, por ejemplo, en 1552 apareció el Anglicum Latinum. Lo mismo ocurrió con los primeros diccionarios publicados en el México Colonial, aunque estos tuvieron fin evangelizador, es decir, para poder convertir a los antiguos pobladores de México fue necesario comenzar a hablarles en su propia lengua. El primer diccionario aparecido en México (y de paso en la América Conquistada) fue el Vocabulario en lengua castellana y mexicana que Fray Alonso de Molina escribió entre 1555 y 1571, a partir de 1571 incluyó uno en español-náhuatl. Después de este le seguirían otros pero el de Molina es un obligado en estos temas.
En cuanto a la lengua inglesa, el primer diccionario de que se tiene conocimiento fue la Table Alphabetical publicado por Robert Cawdrey en 1604, es un compendio de términos poco usuales de la lengua inglesa como To concruciate que es algo así como atormentar. Al diccionario de Cawdrey seguirían muchos otros; el primero que incluyó en el título la palabra diccionario fue The English Dictionaire, conocido también como An interpreter of hard english words de Henry Cockeram publicado en 1623. Los diccionarios en inglés más famosos son el Johnson Dictionary publicado en abril de 1755 y el imprescindible Oxford English Dictionary publicado 173 años después. Este último, por cierto, con un origen peculiar y bastante sangriento, pero esa es otra historia que vale para otro post.
Y desde luego, no podemos dejar de lado a la lengua española, con el primer Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española y publicado en 1780, el antecedente del DRAE que uilizamos en la actualidad incluso para consulta en línea. Cosa curiosa que la Real Academia surgiera hasta 1713 y publicara un diccionario de nuestra lengua casi 7 décadas después de fundación y aproximadamente 7 siglos después de los primerios vestigios de la lengua española.
Referencias:
Forsyth, Mark. The etymologicon: a circular stroll through the hidden connections of the English Language. USA : Totem Books, 2011.
Prieto, Carlos. 5000 años de palabras. México : FCE, 2006.
Vía Book Patrol me encuentro con esta serie de curiosas infografías de 1930 sobre las bibliotecas, el uso de los libros, la literatura, la generación del conocimiento, las ramas del conocimiento, cómo funcionan algunas publicaciones de referencia como el Who’s who, cómo funcionan las fichas catalográficas y cómo localizar un libro en la estantería y cuáles son los principales datos en una publicación periódica.
¿Se preguntarán por qué digo “curiosas”?
Por si no han caído en cuenta, como ya les comenté, se trata de carteles elaborados en los años 30 del siglo pasado, al más puro estilo de las infografías tan comunes y útiles en la era del internet, donde la imagen impera. Pero, lo más interesante es que esta serie de 28 pósters fueron elaborados bajo la supervisión de la bibliotecaria Ruby Ethel Cundiff para el curso Enseñar el uso de la biblioteca en la George Peabody College for Teachers.
En una época tan visual como la nuestra, este tipo de pósters caen muy bien para entender el trabajo de la biblioteca, de estos necesitamos más en las bibliotecas.
Como les comentaba en la entrada anterior, Uvejota cumple sus primeros 5 años y, a modo de celebración, he invitado a algunos buenos amigos a colaborar en el blog, creo que ese es un buen regalo y agradecimiento para todos los lectores. Este es el primer post invitado, su autor es Jordi Serrano-Muñoz (@jserranom en twitter), bibliotecario de la Universidad Politécnica de Cataluña y docente en la Facultad de Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Barcelona, España. Jordi es uno de mis bibliotecarios favoritos y, aunque no he tenido la oportunidad de conocerlo en persona, disfruto mucho sus tuits y todo lo que comparte en las redes sociales; un convencido de los “experimentos con gaseosa” y también del “renovarse o morir”, de la innovación y de compartir, siempre compartir, que así avanzamos más y mejor. Los dejo con su contribución, una muy buena reflexión de lo que estamos haciendo y si no estamos dejando pasar la oportunidad de tener algo que decir y hacer en tareas tan nuestras, pero que ahora se presentan como novedosas: Gestionar datos ¿una nueva oportunidad profesional, o también la dejamos escapar?
Muchas gracias Jordi por aceptar ser parte de la celebración y bienvenido al blog.
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Jordi Serrano-Muñoz
Universitat Politècnica de Catalunya. Servei de Biblioteques Publicacions i Arxius
Vaya por delante mi saludo y felicitación a Verónica por el quinto aniversario de su blog y expresar que me siento muy honrado por haber sido invitado a participar en este evento con esta pequeña contribución.
Hace pocas semanas se realizó en más de 25 ciudades de todo el mundo el “Big Data Week 2013” entre ellas Barcelona y allí que vamos con otro compañero de trabajo para aprender un poco y conocer experiencias en el tema de datos abiertos, “Big Data” etc.
Debo decir que fue muy interesante, de la jornada destacaría la “interdisciplariedad” de los participantes: periodistas, gestores, informáticos, politólogos, juristas, semiólogos, emprendedores con sus pequeñas “spin-off” que ven una oportunidad de negocio y también algunos colegas de profesión, quizás menos de los debidos, pero estábamos bien representados al contar entre los ponentes con Eugènia Serra, actual directora de la Biblioteca Nacional de Catalunya.
La contribución de Eugènia hizo referencia a la tradición profesional de intercambiar datos como registros bibliográficos, metadatos, etc., con ejemplos de casos de éxito como la iniciativa de Europeana. Estuvo bien, los profesionales de la información fuera de nuestro entorno endogámico y en un contexto interdisciplinar contando esas cosas que hemos hecho toda la vida y de las que algunos asistentes mostraron su desconocimiento y se sorprendieron 😉
Fruto de la jornada y de las diferentes conversaciones, tengo claro que debemos seguir avanzando en un “experimento con gaseosa” de geolocalizar trabajos disponibles en nuestro repositorio que están realizando en mi universidad algunos compañeros a los que tengo algo abandonados en el tema. Pero además estuve cavilando sobre dos conceptos que quiero reflejar en esta modesta contribución:
Por un lado, la oportunidad profesional de participar en la gestión de los datos (y de los datos de investigación naturalmente): Una de las palabras que más veces surgió en las presentaciones y debates fue “metadatos” de los que a priori somos unos expertos, ¿o no? Me preocupa que dejemos pasar esta oportunidad como ha sucedido en otras ocasiones.
El segundo tema al que le di vueltas es esa tarea que realizamos como hormiguitas, de modo humilde, siempre avanzando y siempre discretos. Me parece que alguna cosa no estamos haciendo bien ya que no contamos ni difundimos lo que hacemos: hace años que nuestros datos están abiertos, que son reutilizados y transformados: intercambiamos datos, sean registros bibliográficos, metadatos o contenidos, los re-usamos, los procesamos, les damos visibilidad etc., y resulta que ahora que todo el mundo que habla de ese concepto tan moderno de datos abiertos y “Big data” se sorprende de esta tradición tan nuestra de compartir, ceder, reutilizar, recolectar etc.
Además, otros elementos me hacen sentir pesimista: este semestre tengo una tarea adicional, ya que imparto una asignatura “tecnológica” para futuras generaciones de profesionales vinculados al mundo de la información y la documentación en la Facultat de Biblioteconomia i Documentació de la Universitat de Barcelona.
Además de mi inquietud en que estas futuras generaciones vean en la “tecnologia” un aliado y una oportunidad profesional, me preocupa la escasa demanda de profesionales en este maldito contexto de crisis económica que azota el sur de Europa y en la que van a tener que pelear duro para abrirse paso y/o lamentablemente emigrar a otros lugares.
Por ese motivo compartí con mis alumnos la información de esa semana repleta de actividades vinculadas con los datos y les animé a asistir y participar en los diferentes eventos. Debo reconocer que algunos (no muchos) se interesaron, algunos asistieron e incluso coincidí con alguno de ellos.
Fue una conversación posterior con uno de ellos que confirmó mis alarmas al exponerme claramente su experiencia: el último día del “Big Data Week” hubo un Hackathon (nombre espectacular donde los haya 😉 ). Fue una jornada de compartir ideas, proyectos y llevarlos adelante. El alumno me contaba la interdisciplinaridad comentada antes para trabajar el proyecto conjuntamente como por ejemplo: filólogo y programador… seguían con los “metadatos” pero ninguno de los equipos reclamaba un especialista en su gestión como podemos ser nosotros. TOC, TOC, ¿qué nos está sucediendo?
Hasta aquí mi contribución al aniversario de este blog, no pretendo abrir debate con este post, si tuviera que buscar salidas profesionales exploraría entre otras esta. En cualquier caso voy a darle vueltas y ver en qué modo mi biblioteca puede contribuir en todo este amplio tema dentro de la universidad.
Es evidente que “no hay para todos”: que si los “community manager”, que si las RDA o la FRBR, que si la web semántica, el SEO etc. En cualquier caso, espabilemos que nuestro entorno es muy pequeño, pero que hay vida más allá de esta. Uno ya empieza a estar “viejito” pero mantengo la premisa de “renovarse o morir” y en algunos casos estamos lejos de renovarnos.
Saludos a tod@s, especialmente a Verónica AKA @uvejota.
En el post anterior les platicaba sobre la renovación del blog y todas las vicisitudes por las que tuvimos que pasar para lograrlo; les comentaba también que esta reestructuración llegaba en buen momento para celebrar un aniversario más. Así es, Uvejota cumple 5 años el próximo 18 de mayo y nada mejor que celebrar abriendo las puertas de esta casa virtual a colegas, amigos y gente a la que respeto y admiro profundamente (que además me han acompañado en este andar dospuntocerista y que le han dado un sentido especial a la web, gente con ganas de compartir y de predicar con el ejemplo) para colaborar con un post invitado.
Muchas gracias a todos ellos por aceptar ser parte de esta celebración, me siento más que honrada.
Aprovecho también para agradecer a los lectores fieles y los esporádicos, sin sus lecturas, comentarios, desacuerdos, críticas y sugerencias, este blog no sería el mismo.
Se podrían decir muchas cosas más, pero creo que lo más honesto es un ¡Gracias a todas y todos! Espero me permitan celebrar muchos más.
Si no, les platico. SocialBiblio es una comunidad de práctica virtual sobre Biblioteconomía, Documentación y Gestión de la Información dirigido a profesionales de la información como los bibliotecarios, documentalistas, archiveros y, agregaría yo, todo aquel que se relaciona de alguna forma con el universo de la información, el conocimiento y el libro. El proyecto nació en 2011 de la mano de mis colegas españolas María García-Puente y Paula Traver y, pues nada, que las muchachas muy inquietas decidieron crear esta comunidad de aprendizaje donde inicialmente todos los miércoles un experto ofrece una charla sobre algún tema relacionado.