El día de mañana estaremos conmemorando el Día Internacional de la Mujer. Quiero aprovechar para hablarles de las mujeres bibliotecarias en México, pues a pesar de que México ocupa el lugar 33 de 146 países del Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial 2024 (WEF, por sus siglas en inglés) con un mayor avance en el subíndice de Empoderamiento Político, nuestra presencia en el panorama bibliotecario y nuestra función en la sociedad en ocasiones siguen sin ser lo suficientemente visibles.
Se trata de tres entradas que buscan visibilizar nuestro rol en las bibliotecas. El post de hoy es una especie de revisión histórica con las pioneras de la Bibliotecológía en México; mañana les compartiré sobre las bibliotecarias y nuestra labor en la actualidad; un último post analizará el rol de las docentes bibliotecarias.
Espero les resulten interesantes.
Pioneras de la Bibliotecología en México
Aunque son las mujeres quienes tradicionalmente han sostenido a las bibliotecas en México, el camino ha sido largo y, como ya lo mencionaba, no siempre ha estado visibilizado. De acuerdo La participación femenina en la educación bibliotecológica en Mexico, artículo publicado por Joel Estudillo en 2022 en la revista Biblioteca Universitaria, a finales del siglo XIX y principios del XX no había instrucción formal en Bibliotecología en el país; sin embargo, esto no fue impedimento para que algunas mujeres comenzaran a destacar profesionalmente en las incipientes bibliotecas del México porfirista.
En este época destaca Rita Cetina, quien en 1877 fundó una biblioteca en el Instituto Literario para niñas. Algunas décadas más tarde, en 1915, Beatriz Peniche es nombrada directora de la Biblioteca Central Estatal Manuel Cepeda Peraza, y en ese mismo periodo María Luisa Ross Landa ya dirigía la Biblioteca del Museo Nacional de la Ciudad de México.
En 1916 se funda la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía (ENBA), la primera escuela de instrucción formal en la materia en México. Al analizar el cuadro de alumnos de la primera generación de la ENBA que nos presenta Estudillo, observamos que de los 28 matriculados, sólo seis eran mujeres; sin embargo, algunas ellas ya tenían experiencia en bibliotecas. En la segunda y tercera generación de egresados, más mujeres comenzaron a ocupar cargos en biblioteca, entre ellas Juana Manrique de Lara quien comenzó sus labores como catalogadora y jefa del área infantil en la Biblioteca Nacional; Carmen Rodríguez, por su parte, también ocupó un puesto como catalogadora en la Biblioteca Nacional.
Pioneras en las Bibliotecas Públicas

A diferencia de las anteriores, el desarrollo institucional de las bibliotecas públicas tuvo que esperar varias décadas más y fue precisamente una bibliotecaria, Ana María Magaloni (1941-2023), quien dio el empujón que estaban necesitando estas bibliotecas. En 1983 Jesús Reyes Heroles, entonces secretario de Educación Pública, encomendó a Magaloni la puesta en marcha de un Programa Nacional de Bibliotecas Públicas.
El Programa tuvo como objetivo extender la cobertura bibliotecaria en el país. En aquel entonces México contaba con sólo 351 bibliotecas públicas, por lo que la labor de Magaloni fue monumental. El proyecto requirió la creación de la Dirección General de Bibliotecas en 1985; así como la promulgación de la Ley General de Bibliotecas –publicada en el Diario Oficial de la Federación el 21 de enero de 1988 y abrogada el 1 de junio de 2021– donde se estableció la responsabilidad que tendría cada autoridad involucrada en el desarrollo bibliotecario público del país, es decir, los gobiernos federal, estatales y locales.
Con una legislación en la materia, la creación de la DGB y la conformación de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, se logró pasar de 351 bibliotecas existentes en 1983 a 6000 para el año 2000, un año antes de que Magaloni dejara su cargo como Directora General de Bibliotecas. En 2026 la Red Nacional de Bibliotecas Públicas ha crecido hasta cubrir el 93.2% del territorio nacional con más de 7400 recintos bibliotecarios que se ubican en 2,282 municipios.
Pero la estructuración y creación de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas no fue el único mérito de Magaloni. Una de las responsabilidades de la DGB como autoridad federal en materia bibliotecaria, fue la dotación de acervo a las bibliotecas de nueva creación.
Lo anterior impulsó la adquisición de acervo, impactando directa y muy positivamente en el sector editorial de aquellos años. Durante la gestión de Miguel de la Madrid (1982-1988) y, de acuerdo con el Informe Complementario de Sexto Informe de Gobierno de aquella administración, con Magaloni al frente de la DGB se crearon 2,222 bibliotecas públicas que tuvieron una dotación inicial de 4,200 volúmenes por recinto. Estamos hablando de 9,332,400 ejemplares adquiridos para las bibliotecas en un periodo de seis años. Las bibliotecas nunca antes habían tenido una inversión de tal magnitud.
Magaloni también adoptó un importante papel como editora durante sus casi veinte años al frente de la DGB al promover la realización de estudios e investigaciones que derivaron en la publicación de diversas colecciones sobre temas de interés y capacitación para el personal bibliotecario. Entre estas publicaciones destacaban manuales sobre el quehacer profesional, historia del libro y las bibliotecas, legislación bibliotecaria, biblioteca pública, lectura y mediación lectora y procesos administrativos en la biblioteca, entre otros. De hecho, aunque una revisión somera por estos manuales hacen evidente que la mayoría requieren una actualización profunda, aún se utilizan muchos de estos y es posible acceder a ellos a través de la página de la DGB.
El rol de Magaloni en el panorama bibliotecario nacional
El impacto que tuvo la labor de Magaloni no sólo en el ámbito de las bibliotecas públicas a nivel nacional, sino también en la industria editorial al impulsar la compra de acervo y con ello tener una inversión sin precedentes en el sistema bibliotecario público nacional, nos da cuenta de que las bibliotecarias ha sido clave en el desarrollo bibliotecario del país. Han sido también parte activa del mercado del libro y, como ya lo he mencionado tantas otras ocasiones, la labor de las bibliotecarias y el papel de la biblioteca se vuelven un escaparate en la difusión y promoción de esos materiales bibliográficos que de otra manera no podrían llegar a las y los ciudadanos.
Como ejemplo vuelvo a Magaloni. Gracias a su gestión se adquirieron en aquel entonces más de nueve millones de ejemplares. Cuántas ganancias le representaría hoy en día a las editoriales una dotación para actualizar los acervos en las más de 7,400 bibliotecas públicas del país. Lo anterior sin olvidar dos cosas: 1) que en los procesos de análisis y selección de materiales intervienen bibliotecarias y, 2) el servicio de préstamo bibliotecario promueve que los usuarios adquieran esos libros, como ya han demostrado muchos estudios, algunos de ellos analizados en este blog.
Lo anterior es, en realidad un esbozo histórico bastante escueto. Como les había comentado párrafos arriba, Magaloni fue una de las muchas impulsoras de la bibliotecología en nuestro país. El día de mañana les platicaré un poco sobre el papel de las bibliotecarias en la actualidad.