Hoy estuve gran parte de mi tarde trabajando en un Starbucks situado al sur de la Ciudad de México muy cerca de Ciudad Universitaria donde existe al menos una biblioteca por cada facultad, la Biblioteca Central y la Biblioteca Nacional; algo que llamó mi atención y que en otras ocasiones también ha sucedido, es la cantidad de personas con libros y/o laptops estudiando o leyendo.

En tono de broma comenté en twitter y facebook que:

Las bibliotecas seriamente deberían considerar el modelo de Starbucks. Necesitamos bibliotecarios-baristas que, además de ser expertos en CDU, te preparen tu “alto-mocca-extra-hot-descafeinado-con-soya” y que nunca te digan “shhhh!!! favor de guardar silencio.

Aunque mi comentario iba con un tono de ironía, la reflexión de ¿qué hace que la gente prefiera un Starbucks a una biblioteca? terminó siendo seria. Olvidémonos de aquellos que suelen visitar esos lugares por “pose” y, tratemos de concentrarnos sólo en aquellos que cargan con su libro o laptop para estudiar o leer. Como lo dije en Facebook, no creo que sea un asunto de bebidas o música, pues, de hecho, su café no es el mejor y sí costoso comparado al de otras cafeterías. Tampoco creo que sea un asunto de asientos cómodos o de WiFi; la Biblioteca Vasconcelos en Buenavista se caracteriza por su cómodo mobiliario y conexión, muchas bibliotecas públicas ya cuentan con internet. Entonces ¿qué hace que la gente en un país con fuertes problemas económicos prefiera gastar para sentarse a leer o estudiar?

Antes de que salten algunos colegas pensando que quiero convertir a nuestros “amados recintos” en una cafetería transnacional, aclaro que entiendo perfectamente que ambos espacios están concebidos de forma distinta: uno trata de ganar clientes y les ofrece lo que estos necesitan con tal de que consuman y aumenten sus ganancias; mientras que la naturaleza de biblioteca es informativo-formativo-cultural; pero, nos guste o no, tenemos que aceptar que algunos de los que aceptan la oferta informativo cultural al final optan por la cafetería y no por la biblioteca, ¿por qué sucede esto?

Yo comentaba además que quizá este fenómeno se daba porque, al revestir a nuestras bibliotecas de solemnidad, silencio e intelectualidad, lo único que lográbamos era alejar a los usuarios; a nadie le gusta estar en lugares poco flexibles, donde tienes que guardar silencio como en un funeral; por su parte, @cybergus comentaba algo que, de cierta manera refuerza un tanto mis sospechas: la creatividad para lograr que la experiencia de los clientes en Starbucks sea placentera. Mientras nosotros llenamos de restricciones en Starbucks, lo único que tienes que hacer es pedir tu bebida y sentarte a leer, estudiar o, lo que quieras.

Entonces vuelvo a lo mismo: ¿qué tendríamos que hacer para que esos clientes vuelvan a nuestras bibliotecas? Dudo que sea ofrecer un buen café y poner jazz de fondo.

No se, quizá estoy hablando tonteras y en realidad no hay ningún hilo negro que descubrir, pero insisto, siempre encuentro más gente leyendo en Starbucks que en la Biblioteca, nos guste o no, esos son usuarios potenciales que estamos perdiendo por… ¿una bebida? ¿WiFi?¿asientos cómodos?

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1 marzo 2010 − Publicado en
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Comentarios

  1. Vero:

    Curiosamente la semana pasada platicaba con algunos alumn@s sobre por qué las bibliotecas tienen que ser aburridas e incomodas. Esto nos llevó a compararlas con Starbucks, y veíamos precisamente que el ambiente de estos establecimientos es lo que más llama la atención e invita a para pasar un buen rato ahí. Ahora bien, la pregunta del millón, ¿qué pasa con la bibliotecas?, ¿por qué los usuarios no se sienten a gusto en ellas? La respuesta, como bien dices, no depende solamente de mobiliario o música agradable (aunque sí influye mucho), sino de la calidez en el servicio que como usuarios hemos dejado de percibir cuando ingresamos a una biblioteca.

    Entiendo perfectamente que el número exhorbitante de usuarios y la demanda que éstos hacen de los servicios, la mayoría de las veces imposibilita que los bibliotecarios te atiendan con una sonrisa en la boca, pero la cosa se vuelve injustificada y crítica cuando en bibliotecas pequeñas o medianas lo primero que te encuentras es una actitud de indiferencia y “valemadrismo” por parte de quien se supone te va a ayudar a localizar una fuente de información.

    Así que como tú, sigo pensando que la diferencia radica no sólo en el buen café y los bonitos sillones (los cuales, insisto, la verdad hacen mucha falta) sino en la mala actitud de servicio que muchos de nosotros como bibliotecarios sabemos hacer sentir en los usuarios de manera seria y pesada.

    Por ello, como bien dijiste en el Twitter: “por lo pronto podemos comenzar a tomar un curso de hacer café y tener siempre una sonrisa”, lo cual, sin duda, para estos fines no es del todo baladí.

    Un abrazo.

    Juan Manuel Zurita Sánchez mar 1, 21:42

  2. Hace 30 años, cuando era estudiante universitaria me quedaba en la Biblioteca de la facultad solo si era imprescindible. (Un libro que no se prestara, o el Corominas,je).
    Cuando tuve mis hijos, los acostumbré a visitar labiblioteca del barrio. Les encantaba ir a elegirse lo libros para llevar a casa. ¿Quedarse con el ogro del bibliotecario? ¡Noooo!
    Yo tengo la sensación que en la biblioteca sos sospechoso, como en el supermercado.
    Me encanta mirar las fotos de la Vasconcelos, pero me gusta leer en el sillón de casa, y estudiar con los amigos o la familia en un café, charlando y compartiendo algo.
    Quizás podría haber salas rigurosas para la investigación y otras con dinámica de café, vaya uno a saber.

    maría mar 2, 09:44

  3. Hola Juan:
    El asunto es que yo no creo que exista tal número exhorbitante de usuarios en las bibliotecas. Quizá en el caso de las bibliotecas universitarias lo sea y el personal esté rebasado; pero si pienso en la Biblioteca Nacional, en la Vasconcelos (la de la Ciudadela o Buenavista), no veo tal número de usuarios.

    Creo que la cuestión es un tanto responsabilidad del bibliotecario mal encarado que puedas encontrarte y, otro poco, de las restricciones con las que llenamos al usuario, del “protocolo” que debe seguir (revisar un catálogo, entender un sistema de clasificación, guardar silencio, hacer el trámite de préstamo y tantos otros etcéteras) para encontrar lo que necesita o bien, sentarse sólo a leer. Como lo dije, hemos revestido a las bibliotecas de tanta solemnidad e intelectualidad, que alejamos a los usuarios que prefieren gastar para sentirse cómodos.

    Coincido contigo en que una de nuestras tareas es cambiar la actitud en el servicio y, la otra será procurar un espacio cómodo, placentero donde el usuario se sienta bien, como comentaban, debemos ser creativos para lograr una experiencia agradable.

    ¿O será que de plano tenemos que comenzar a preparar bebidas?

    Saludos

    Hola María:
    Bien lo dices, prefieres la comodidad de tu hogar, sentirte en tu espacio. Ese es el objetivo que deberíamos lograr los bibliotecarios. Hacer que la estancia en la biblioteca sea tan placentera, para que la gente no sólo decida ir por un libro o por info., sino que además decida quedarse ahí para leer o estudiar.

    Saludos

    uvejota mar 2, 15:43

  4. En verdad yo creo que ese fenomeno que se a estado dando recientemete en realidad si influye mucho en el ambiente que se maneja en estas cafeterias. Este es mas relajado mas alla del Wi-fi o asiientos e iluminacion de halogeno con un ligero jazz en el fondo. Es evidente que estos factores si son claves para que uno se valla a Starbucks en vz de la biblioteca. Curiosamente, este fenomeno se esta dando en todo mexico (o almenos asi lo creo yo) en Octubre pasado visite la ciudad de Monterrey y me percate que esto es todo una realidad al igual que en Leon gtO. (Donde yo resido). Es curioso saber que este tipo de fenomenos se dan simultaneamente sin ponerse deacuerdo, o por un grupo en Facebook, o lo que sea… simplemente se manifiesta como una reaccion de la sociedad a algo que en general nos molesta. En este caso el ambiente que se maneja en las bibliotecas clasicas. Es algo realmente sorprendente y deja mucho que pensar sobre el comportamiento colectivo en situaciones como esta… Sera realmente el Wi-Fi… o los asientos comodos… o el ambiente relajado el que convenza a la gente a cambiar la biblioteca por un Starbucks*? En algunos casos… estos aspectos de Starbucks (Wi-fi.. etc.) Mas que superfluos… se vuelven una necesidad…

    carlos abr 6, 21:01

  5. Soy bibliotecario de un Instituto y busco crear un clima agradable, lejos de la solemnidad de un funeral. Casualmente una estudiante reparó en la falta de silencio y su dificultad para poder estudiar. Sinceramente luego de un intercambio de ideas y siendo objetivo, debo admitir que no comparto totalmente esa solemnidad que hoy en día es obsoleta y que de imponerse, aleja a los usuarios. La solución, creo, es tener distintas dependencias : salas de lecturas/ estudio y otras más flexibles ( con un café, ¿por qué no?). Caso contrario vamos a ir lentamente desapareciendo. Hay gente que se resiste y asocia “intelectualismo” con “riguroso silencio”… en otro tiempo quizás….Para concluir, si tengo que optar por una estrategia para atraer usuarios, prefiero “perder” uno con apetencias de solemnidad y “ganar” jóvenes que den vitalidad al espacio que lo contrario. Ambos extremos los he vivido y poder ver mi lugar lleno de jóvenes, leyendo, buscando en los estantes, compartiendo lo leido, etc. no lo cambio por una sala de lectura solemne ni loco. Saludos.

    Guillermo abr 9, 18:04



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