Dice la UNESCO en su famoso Manifiesto sobre la Biblioteca Pública –manifiesto que por cierto ya tiene 20 años de existencia–: La biblioteca pública es un centro local de información que facilita a sus usuarios todas las clases de conocimiento e información… Todos los grupos de edad han de encontrar material adecuado a sus necesidades. Las colecciones y los servicios han de incluir todo tipo de soportes adecuados, tanto en modernas tecnologías como en materiales tradicionales. Son fundamentales su alta calidad y adecuación a las necesidades y condiciones locales. Los materiales deben reflejar las tendencias actuales y la evolución de la sociedad, así como la memoria del esfuerzo y la imaginación de la humanidad. Ni los fondos ni los servicios han de estar sujetos a forma alguna de censura ideológica, política o religiosa, ni a presiones comerciales. [Las negritas y subrayados son míos] Cambiando un poco el tema, aunque en el mismo orden de ideas para este post, Domingo Buonocore en su célebre Diccionario de Bibliotecología (Castellví, 1963) nos dice sobre la selección de libros: Tarea intelectual que compete al bibliotecario y que tiene por fin elegir o escoger, separándolos de entre sus similares, los libros que considera más aptos para la biblioteca, de [&hellip

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Querido lector, lectora, ruego no se confunda ya que esta entrega del glosario bibliotecológico nada tiene que ver con libros de autoayuda sobre desórdenes alimenticios o con la grandeza de la lectura, y aunque sí tiene que ver con lectura, no tiene que ver con lectura en el sentido que generalmente se maneja en este blog, es decir, sí, pero no, pero sí. En fin, para evitar más desvaríos y digresiones les explico, este post tiene que ver con el bonito y apasionante arte de la tipografía y al hablar de la letra, por ende, debiera tener mucho que ver con nuestro quehacer bibliotecario, digo, al menos para tener tema de conversación, ¡je! Comencemos: Resulta pues que en la vieja tradición tipográfica –mucho antes del siglo XX y de la llegada de las computadoras con sus trucos para utilizar distintas fuentes e incluso cambiar los tamaños de las mismas–, cada uno e estos tamaños recibía un nombre relacionado con el uso que se les daba en diferentes texto, por ejemplo, el tamaño óptimo para un diario, tenía un nombre específico que era muy distinto del utilizado para un folletín. Así, durante siglos los tipógrafos hablaban de nomparela, miñona, filosofía, breviaro, atanasia, burguesa, [&hellip

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Orgullo y prejuicio  de Jane Austen, 1984  de George Orwell, Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, Fahrenheit 451 de Bradbury son tan sólo algunos de los títulos que conforman la selección exclusiva de los 100 libros que debemos leer en la vida, según Amazon. Sara Nelson, directora editorial de libros impresos y libros kindle en Amazon dijo a propósito de esta lista: Con los 100 libros que debemos leer en la vida, nos propusimos construir un mapa literario que no se sintiera como un deber. Esta lista fue publicada el día de hoy y en ella se incluyen todo tipo de géneros literarios: ficción, no ficción, literatura infantil y juvenil; así que podemos hablar de una lista más o menos democrática que no excluye ni el género, ni la época. De esta manera vemos que obras ya clásicas de la literatura infantil como es Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll conviven con libros tan recientes como Harry Potter y la piedra filosofal de J. K. Rowling, Los juegos del hambre de Suzanne Collins o El diario de Greg de Jeff Kinney, cuyos orígenes se remontan a un blog exitoso que después se convertiría en una serie de libros no [&hellip

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Vía Galleycat llego a El ADN de un libro exitoso, una interesante infografía elaborada por Hiptype y donde se recogen algunos de los pasos claves para que un libro alcance el éxito. De acuerdo con Wikipedia, el ADN es “…un ácido nucleico que contiene instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión hereditaria. Muchas veces, el ADN es comparado con un plano o una receta, o un código, ya que contiene las instrucciones necesarias para construir otros componentes de las células…” De esta manera, podemos entender metafóricamente al ADN de un libro como toda instrucción para el desarrollo y funcionamiento del mismo, responsable de su transmisión hereditaria (lectura). En fin, que esta infografía es una especie de plano o receta con instrucciones precisas para construir todos los componentes que nos llevaran a un libro exitoso, pasos que no pueden saltarse; por ejemplo: La calidad del contenido es imprescindible; sin embargo, quizá un aspirante a escritor deba tener presente que el 40% de los libros que tienen como protagonista a una mujer tienen más posibilidades de convertirse en un bestseller y que la mitad de las mujeres lectoras son quienes finalizan [&hellip

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Vía Elsevier’s Library Connect Newsletter llego a Soy un bibliotecario social, una interesante infografía elaborada por Elsevier’s Library Connect Newsletter y el bibliotecario y analista en tecnología, Joe Murphy. Dicha infografía intenta mostrar que hablar del bibliotecario social es ir más allá de las redes sociales, que si bien no podemos negar es una parte quizá inevitable, debemos entender que es una muy pequeña; el bibliotecario social debe asumirse como un curador de contenidos, como un educador, como un filtro y también como una conexión, todo lo anterior con el único fin de apoyar al usuario a no perderse en la mar de información. Como podemos ver, las tecnologías cambian, pero no la función principal que es la de ser LA conexión ideal, útil, detallada y cuidada entre la información y el usuario; ayer lo hacíamos con libros físicos o con códices (por mencionar un par de ejemplos), hoy lo hacemos con cientos de miles de recursos distintos audiovisuales disponibles en internet. Sin embargo, dadas las ingentes y crecientes cantidades de información, la nuestra es hoy más que nunca una labor de gran responsabilidad. En una era donde se anuncia tan fácil y descaradamente la desaparición del bibliotecario (aunque, en realidad, llevamos [&hellip

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