No, no, no se confundan, este post nada tiene que ver con promoción lectora, aunque en algún punto bien podría servir para estos fines; en este post vamos a hablar sobre cómo se aprende a leer bien, es decir, qué procesos cognitivos influyen o intervienen en el momento en el que los niños aprenden que la “m” con la “a” se lee como “ma” y por qué a unos niños les resulta más sencillo aprender a leer que a otros. De acuerdo con el estudio White Matter Morphometric Changes Uniquely Predict Children’s Reading Acquisition, publicado en el número 25 de 2014 en la revista Psychological Science y al que llego gracias a The New Yorker, todo se reduce a la materia blanca de nuestro cerebro. Seguramente todos hemos oído hablar de la materia gris pero, ¿qué es la materia blanca? Según Wikipedia, la materia o sustancia blanca “es una parte del sistema nervioso central compuesta de fibras nerviosas mielinizadas (cubiertas de mielina). Las fibras nerviosas contienen sobre todo muchos axones (un axón es la parte de la neurona encargada de la transmisión de información a otra célula nerviosa).” La materia gris de la que todos hemos escuchado hablar “está compuesta [&hellip

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En realidad, nunca he sido muy fan de la promoción de la lectura por tiempos, decir que se debe leer durante determinado número de minutos al día creo es la peor forma de intentar promover la lectura, que además se convierte en una lectura por obligación para cumplir un horario y no por los cientos de razones que pueden llevar a una persona a leer. Por eso el programa “Lee 20 minutos” de conocido consejo me parece de lo más hueco; sin embargo, quizá me pueda estar equivocando con los tiempos destinados a la lectura y sus resultados, al menos en un sentido. De acuerdo con los resultados de un estudio realizado recientemente por Quick Reads (programa de promoción lectora con base en Reino Unido) en conjunto con Galaxy Chocolate, los que leen durante 30 minutos a la semana son 20% más susceptibles a sentirse satisfechos con sus vidas, es decir que aquel argumento de que leer mejora nuestras vidas encuentra eco en este estudio. El Dr. Josie Billington de la Universidad de Liverpool y responsable de este estudio encontró además que los lectores, a diferencia de los no lectores, reportan menos depresión y mayor autoestima hasta en un 21% y 10%, respectivamente, lo que a [&hellip

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Y siguiendo la línea histórica del post publicado hace un par de días, qué les parece revisar hoy el origen del colofón, y es que, como sabrán, todo lo relacionado con la historia del libro y las bibliotecas siempre resulta apasionante, al menos para la que escribe ahora este post. Sí, seguramente muchos dirán que ya todos sabemos qué es el colofón y que es un tema muy masticado que se puede encontrar fácilmente en cualquier tesauro especializado en bibliotecología y ciencias afines; pero estoy casi segura que en esas fuente no encontrarán el apasionante origen de esta bella anotación. Antes de comenzar y por si hay algún despistado que aún no sabe de qué estamos hablando, veamos qué nos dicen los diccionarios especializados en el tema sobre lo que es un colofón: Según el Glosario ALA en su segunda acepción: 2. En los libros modernos, anotación final del libro o en el verso de la portada, o página de derechos, donde se registran el nombre del impresor, el tipo de letra y de papel empleados, material utilizado en la encuadernación, equipo de impresión usado y nombres de las personas que han intervenido en la producción del libro. No debe [&hellip

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Me encuentro hoy en Book Baby A look at banned books, una interesante infografía publicada en Printerinks y que presenta un recuento histórico de algunos de los clásicos literarios más famosos de todos los tiempos que en algún momento fueron prohibidos por diversas causas. En esta breve historia de los libros prohibidos podemos encontrar el año de publicación, el país en el que fue prohibido, las causas y los años que cada título pasó “en las sombras.” Curioso encontrar en esta selección infográfica títulos como la Biblia, prohibida en la URSS por 30 años; otro título que llama mi atención por la actualidad es El código da Vinci de Dan Brown, publicado en 2003 y prohibido en Líbano a partir de 2004 por ofender las creencias cristianas. Vamos que, sin importar lo “avanzados” que estemos en pleno siglo XXI, los libros seguirán considerándose armas peligrosas, así que no debe sorprendernos seguir encontrando cada tanto distintos libros en la “lista negra.” Entre los libros prohibidos en las escuelas destaca para mi sorpresa Romeo y Julieta de William Shakespeare, prohibido en Carolina del Sur donde los padres de familia argumentaron que era un libro “muy maduro” y no apto para las edades [&hellip

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Alguna vez, mientras eran unos incáutos estudiantes de bibliotecología, ciencias de la información o fauna similar, se preguntaron qué harían después de terminar los estudios, ¿se imaginaban salvando el día bibliotecario al más puro estilo Guillermo de Baskerville? o quizá se veían leyendo todo el día; que cándidos hemos sido todos en algún momento pero ya en serio, ¿cuáles son las expectativas del mercado laboral bibliotecario? Yo espero que la gran mayoría de los que ahora estudian bibliotecología o carreras afines no se visualicen acomodando libros, claro que alguien tiene que hacerlo y a veces nos toca, pero lo nuestro va mucho más allá. Y para que vean que es cierto, les traigo Industry outlook on library and information science (algo así como Perspectivas de la bibliotecología y las ciencias de la información), una interesante infografía desarrollada por la Universidad de Carolina del Sur, a la que llego gracias a Publishing Perspectives y a que nos muestra precisamente las expectativas de empleo de los profesionales de la información, expectativas que desde hace ya varios años debieron haber cambiado en tiempos donde la información y el entretenimiento están al alcance de todos gracias a internet. Sí hombre (o mujer, o quimera, [&hellip

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