Para los que hemos sido formados catalográficamente con la segunda edición de las Reglas de Catalogación Angloamericanas (RCA2 en español y AACR2 en inglés) y para los que se han especializado en materia de catalogación, quizá les interese saber que un nuevo código catalográfico, las Resource Description and Access (RDA), está a punto de salir a la luz y tiene por objeto sustituir definitivamente a las RCA2 a partir del tercer trimestre de 2009. A pesar de que las normas más utilizadas a nivel mundial para la descripción bibliográfica siguen siendo las RCA2 – quizá habrá quienes no conocen otras -, no cabe duda que éstas no han logrado aún resolver los problemas de descripción para materiales no librarios y tampoco ha sido tan sencillo aplicarlas a bases de datos fuera de las bibliotecas, como es el caso de las editoriales. Con las RDA será posible describir un recurso que permita al usuario identificar y seleccionar todos los materiales que le sean de utilidad en una biblioteca. Un comité que incluye las agencias bibliográficas de Canadá, Inglaterra, Australia y Estados Unidos ha decidido dar apoyo total a estas nuevas normas y ha trabajado en su desarrollo desde 2004. A pesar de que las RDA han sido pensadas conforme a los modelos conceptuales [&hellip

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Hace algunos años y antes que definiera mi profesión bibliotecológica, me topé con la lectura “Los libros y la vida diaria” del narrador y editor mexicano Rafael Pérez Gay. Tengo muy claro cómo llegó hasta mi esa fotocopia, aunque no estoy segura del origen del escrito, por lo que no les puedo dar más datos. En su momento me impactó la manera en la que Pérez Gay habló de su cotidianidad entre libros y ahora, a la distancia vuelvo a esta lectura intentando quizá hacer una similitud de mi cotidianeidad libraria. Por tal motivo no puedo dejar pasar la oportunidad de compartirles un extracto, espero lo disfruten tanto como yo. LOS LIBROS Y LA VIDA DIARIA De los libros, esas extensiones de la memoria y la imaginación, como los definió Borges, desprendo historias que no puedo separar de la vida diaria. Si esto fuera un relato, tendría que empezar por el tiempo en que llevé conmigo uno o varios libros que nunca leí, por el simple gusto de cargarlos, como si el contenido me fuera transmitido por absorción natural o por una ósmosis literaria intempestiva y feliz. Por desgracia ninguno de estos libros que llevé bajo el brazo me fue [&hellip

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Con eso de que en un par de años estaremos celebrando los 200 años la Independencia de México todo se viste de Bicentenario: la “Fuente del Bicentenario” y ahora la “Biblioteca del Bicentenario”. Especializada en arte y con una inversión de MX$1,600,000 la Biblioteca “Enrique Florescano Mayet” está ubicada en Salamanca, Guanajuato y es la primera en su tipo fuera del DF (la otra biblioteca especializada en arte es la Biblioteca de las Artes del CNAlocalizada en el DF), lo cual me da mucho gusto, pues ya viene siendo hora de que el arte y la cultura se vayan descentralizando. Pensada como una biblioteca especializada, la Biblioteca del Bicentenario abrió sus puertas al público en general desde el pasado 2 de septiembre con el objetivo de que su acervo especializado, conformado por más de 3,000 ejemplares, contribuya a la investigación, estudio y difusión del arte y la cultura en nuestro país

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Leyendo a Teresa Walls en el Blog de la ALSC me encontré con esta frase que me encantó:“Cataloguing is an art, and some people do not have the gift”, algo así como “la catalogación es un arte y algunos no tienen el don”, tristemente he de reconocer que no me cuento entre las personas que tienen ese don; aunque quizá mi panorama profesional de catalogación hubiera sido completamente distinto si en mis años universitarios los profesores responsables de impartir dicha asignatura hubieran llegado con la misma entrega y visión que el responsable de la frase de arriba tenía de la catalogación, en fin, el hubiera no existe, ¿cierto? El asunto es que, nos guste o no, la catalogación sigue siendo parte de nuestro quehacer profesional, de hecho una muy importante, al menos para el ambiente bibliotecario nacional; habrá quienes apelemos a las aplicaciones de la Web 2.0 para decir que la catalogación ya es obsoleta. Desde luego que las aplicaciones 2.0 existen, son utilísimas y han venido a facilitarnos el trabajo en gran medida. No pretendo ahora cuestionar la catalogación tradicional, ni mucho menos la Web 2.0, pero por algo la primera sigue existiendo y la segunda sigue creciendo, entonces ¿habrá alguna forma de [&hellip

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Según el titular de la Dirección General de Bibliotecas (DGB) de Conaculta, Federico Hernández Pacheco, la Red Nacional de Bibliotecas Públicas es la más grande del mundo y el objetivo es engrandecerla todavía más. Tenemos una Red integrada por 7 mil 211 Bibliotecas Públicas en el territorio nacional, con 35.5 millones de volúmenes, cerca del 40 por ciento de la red equipada con las nuevas tecnologías de la información y ahora se trata de ir avanzando en ese sentido. Suena bonito, ¿no? claro sólo suena, porque si nos detenemos a analizar la situación de muchas de estas bibliotecas creo que esta afirmación comienza a sonar un tanto hueca. La pregunta es ¿de qué sirve tener la Red Bibliotecaria más grande del mundo si la mayoría de estas bibliotecas se encuentra en el abandono? Hasta donde yo sé, esto no ha representado más usuarios de bibliotecas, ni más lectores, ni mejores servicios. Y si piensa que la tecnología con la que cuentan sólo 2,728 de las más de 7,200 bibliotecas públicas que componen la red, sirve sólo para una catalogación uniforme y centralizada, entonces creo que las bibliotecas públicas seguirán sin avanzar. ¿Acaso alguien le ha informado que la tecnología y el [&hellip

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