Las Bibliotecas vs los Starbucks
1 marzo 2010
Hoy estuve gran parte de mi tarde trabajando en un Starbucks situado al sur de la Ciudad de México muy cerca de Ciudad Universitaria donde existe al menos una biblioteca por cada facultad, la Biblioteca Central y la Biblioteca Nacional; algo que llamó mi atención y que en otras ocasiones también ha sucedido, es la cantidad de personas con libros y/o laptops estudiando o leyendo.
En tono de broma comenté en twitter y facebook que:
Las bibliotecas seriamente deberían considerar el modelo de Starbucks. Necesitamos bibliotecarios-baristas que, además de ser expertos en CDU, te preparen tu “alto-mocca-extra-hot-descafeinado-con-soya” y que nunca te digan “shhhh!!! favor de guardar silencio.
Aunque mi comentario iba con un tono de ironía, la reflexión de ¿qué hace que la gente prefiera un Starbucks a una biblioteca? terminó siendo seria. Olvidémonos de aquellos que suelen visitar esos lugares por “pose” y, tratemos de concentrarnos sólo en aquellos que cargan con su libro o laptop para estudiar o leer. Como lo dije en Facebook, no creo que sea un asunto de bebidas o música, pues, de hecho, su café no es el mejor y sí costoso comparado al de otras cafeterías. Tampoco creo que sea un asunto de asientos cómodos o de WiFi; la Biblioteca Vasconcelos en Buenavista se caracteriza por su cómodo mobiliario y conexión, muchas bibliotecas públicas ya cuentan con internet. Entonces ¿qué hace que la gente en un país con fuertes problemas económicos prefiera gastar para sentarse a leer o estudiar?
Antes de que salten algunos colegas pensando que quiero convertir a nuestros “amados recintos” en una cafetería transnacional, aclaro que entiendo perfectamente que ambos espacios están concebidos de forma distinta: uno trata de ganar clientes y les ofrece lo que estos necesitan con tal de que consuman y aumenten sus ganancias; mientras que la naturaleza de biblioteca es informativo-formativo-cultural; pero, nos guste o no, tenemos que aceptar que algunos de los que aceptan la oferta informativo cultural al final optan por la cafetería y no por la biblioteca, ¿por qué sucede esto?
Yo comentaba además que quizá este fenómeno se daba porque, al revestir a nuestras bibliotecas de solemnidad, silencio e intelectualidad, lo único que lográbamos era alejar a los usuarios; a nadie le gusta estar en lugares poco flexibles, donde tienes que guardar silencio como en un funeral; por su parte, @cybergus comentaba algo que, de cierta manera refuerza un tanto mis sospechas: la creatividad para lograr que la experiencia de los clientes en Starbucks sea placentera. Mientras nosotros llenamos de restricciones en Starbucks, lo único que tienes que hacer es pedir tu bebida y sentarte a leer, estudiar o, lo que quieras.
Entonces vuelvo a lo mismo: ¿qué tendríamos que hacer para que esos clientes vuelvan a nuestras bibliotecas? Dudo que sea ofrecer un buen café y poner jazz de fondo.
No se, quizá estoy hablando tonteras y en realidad no hay ningún hilo negro que descubrir, pero insisto, siempre encuentro más gente leyendo en Starbucks que en la Biblioteca, nos guste o no, esos son usuarios potenciales que estamos perdiendo por… ¿una bebida? ¿WiFi?¿asientos cómodos?
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Libros útiles
15 enero 2010
No hay ningún libro tan malo
que no tenga algo útil.
Plinio el Viejo
(Vía @libreros)
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¡Los hombres de verdad Leen!
6 enero 2010

(Vía Apolitical Pyromaniac)
Sólo me queda decirle a los que les encanta el “Los hombres de verdad” en Twitter: ¡kiubo!
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El último y nos vamos
21 diciembre 2009
(Vía Apolitical Pyromaniac)

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Para eso y mucho más
16 diciembre 2009
Viendo este video en El Bibliómano , me doy cuenta, mejor dicho, confirmo que los libros sirven mucho más que para leer. Para muestra el video que muestra que un libro con cubierta interesante se puede convertir en un bolso trendy y muy cuco para cualquier evento “intelectualoide”.
Cuando compartí el post en twitter, uno de mis contactos me respondió que “también sirven para detener puertas“, y no tengo más remedio que darle la razón: los libros son tan versátiles, aunque quizá muchos bibliófilos no estén tan felices con el uso alternativo que a veces tienen sus objetos preciados. Aquí va una mi lista de “otros usos para el libro”:
- Para sentarse

- Para alcanzar objetos que están muy altos

- Para construir escaleras, si no me creen, vean “The English Patient” y se darán una idea.

- Para construir estantes para el resto de tus libros

- Para hacer esculturas

- Para arreglar desniveles en mesas, sillas, camas, etc.
Y quién sabe, quizá si los expertos en el tema de fomento a la lectura tomaran en cuenta esto, su labor sería más sencilla y lograran más lectores. Uno nunca sabe.
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"Proxelecta"
14 diciembre 2009

(Vía Algún día en alguna parte)
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