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Imagen vía: e-Sword en español Si no sabe usted qué es el chapó, el mamotreto de la RAE se lo explica prolijamente, pero no espere esa misma prolijidad para el término bibliotecólogo. Argüelles, Juan Domingo (2013). Pelos en la lengua: disparatorio esencial de la Real Academia Española. México, Solar. Veamos pues, qué dice de Bibliotecólogo: Bibliotecólogo, ga. 1. m. y f. Persona que profesa la bibliotecología o tiene especial conocimiento de ella. Y ya, por no dejar, veámos qué dice de Chapó: chapó. (Del fr. chapeau). 1. m. Juego de billar que se juega en mesa grande, con troneras y con cinco palillos que se colocan en el centro de la mesa y que tienen diverso valor para el tanteo. Consigue la victoria el equipo de hace primero 30 tantos o el que derriba todos los palillos en una sola jugada. chapó 1. interj. U. para expresar admiración por algo o por alguien. hacer ~. 1. loc. verb. Ganar en el juego del chapó derribando todos los palillos en una sola jugada. Así las cosas con la lengua y con la RAE, muy despistadilla ella y yo, leyendo el libro de Argüelles que viene a confirmar algunas de mis sospechas [&hellip

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No había otros libros en la casa. Había descubierto, hacía tiempo, la invasión física de los libros, el problema de desbordantes bibliotecas. Se desprendió entonces de todos sus volúmenes e hizo un trato con el librero. Le enviarían cuatro libros nuevos, todos los días, en alquiler. Horty los leía y los devolvía al día siguiente. Era una solución satisfactoria. No olvidaba nada. ¿Para qué las bibliotecas? Sturgeon, Theodore. Los cristales soñadores.  ¡Si sólo todos tuviéramos la memoria fotográfica de Horty…!

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Habría que preguntarse, además, cuántos libros han sido destruidos al no ser publicados, cuántos libros en ediciones privadas se perdieron para siempre, cuántos libros que se dejan tirados en la playa, en el metro o en el banco de un parque han llegado a su final. Es difícil responder a estas inquietudes, pero lo cierto es que en este mismo momento, cuando usted lee estas líneas, al menos un libro está desapareciendo para siempre. Fernando Báez. Historia universal de la destrucción de libros: de las tablillas sumerias a la guerra de Irak. Destino,

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Tenemos palabras prestigiosas y palabras desterradas. Vivimos el prestigio de la voz “libro” y lo mantendremos aun cuando en un futuro los libros desaparezcan tal y como los concebimos ahora. Seguramente la palabra sobrevivirá a la evaporación del objeto que designa, y hallaremos soluciones de libro, veremos penaltis de libro, analizaremos casos de libro… proclamaremos siempre que no hay ningún libro tan malo como para no tener algo bueno…, y todo habrá sido escrito en los libros; sonido éste, libro, que asociaremos siempre a la libertad de los espíritus por la cercanía de sus sílabas con el espíritu libre de los seres humanos. Hoy acudimos a esa palabra para realzar lo consagrado, y decimos en maniobra de seducción que alguien ha hecho todo lo que un libro diría que no hay que hacer, o que todos los libros desaconsejan acometer tal o cual empresa, prescindiendo de que los libros los han escrito personas, con sus dudas y sus defectos, y engrandeciendo así la obra, y la palabra que la nombra, por encima de quienes la crearon. Grijelmo, Alex. La seducción de las palabras. México : Punto de Lectura,

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El bibliotecario era un hombre joven, de veintiseis años, barbudo, melenudo. Frente a su escritorio estaba plantada un chiquilla vestida con una blusa verde y vaqueros. Con una mano sujetaba una bolsa de compras de papel. Era tremendamente delgada, y el joven se preguntó qué demonios le daban de comer su madre y su padre… Si le daban algo. Escuchó atenta y respetuosamente la pregunta de la niña. Su papá, explicó, le había dicho que si se le planteaba un problema realmente peliagudo, debía ir a buscar la solución en la biblioteca, porque allí conocían las respuestas a casi todos los interrogantes… Stephen King. Ojos de fuego (1980)

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