Historia Archivo

¿Sabías que durante una buena parte del primer milenio de la era cristiana, los textos copiados por los escribas no tenían espacios entre las palabras y tampoco existían los signos de puntuación que tantos dolores de cabeza provocan hoy en día a muchas personas; razón por la cual, era común en aquel entonces realizar la lectura en voz alta? ¿Sabías que antiguamente los textos sólo estaban escritos en mayúsculas y que fue gracias a Carlomagno, emperador de Roma del 800 al 814 de nuestra era, y su dificultad para aprender a escribir —porque sí, gobernantes analfabetas los ha habido en todos los tiempos— reproduciendo los trazos complicados de las “Capitales Romanas”, que su profesor Alcuino de York se dio a la tarea de revisar las letras utilizadas en aquel entonces y a simplificar los trazos, creando de esta manera las letras minúsculas que seguimos utilizando hoy en día? ¿Sabías que actualmente nadie logra ponerse de acuerdo en si la CH y la LL son letras o deben ser rebajadas al nivel de dígrafos, es decir, la combinación de dos letras para representar un sonido? Estos y otros datos más los encontrarán en El libro de las letras: de la A a [&hellip

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Revisando viejas notas encontré esta publicada hace tiempo sobre la ortografía española y que creo vale la pena rescatar. Sabías que: El abecedario español se oficializó en 1803 con un total de 29 letras. Que la CH y la LL en realidad son dígrafos, es decir, signos ortográficos compuestos de dos letras. Que ambos dígrafos actualmente son considerados respectivamente como la cuarta y decimocuarta letras del abecedario español. A partir del X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, realizado en Madrid en 1994 quedó establecido que las palabras que comienzan con CH se registrarán y ordenarán en la letra C, y a su vez, las palabras que comiencen con LL, se registrarán en la L (esto pudo ser de mucha utilidad para los catálogos impresos de muchas bibliotecas, cuando existían). La letra Y puede representar dos fonemas i o ll. El fonema de la C precedido por una A, O, U es de k; mientras que el fonema de la C, precedido por una E o U es s. La Real Academia española habla de: Fonema africado palatal sordo (ch), Fonema lateral palatal (ll), Fonema vibrante múltiple (rr), Fonema oclusivo velar sordo (c y q); y así a cada letra del abecedario [&hellip

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Querido lector, lectora, ruego no se confunda ya que esta entrega del glosario bibliotecológico nada tiene que ver con libros de autoayuda sobre desórdenes alimenticios o con la grandeza de la lectura, y aunque sí tiene que ver con lectura, no tiene que ver con lectura en el sentido que generalmente se maneja en este blog, es decir, sí, pero no, pero sí. En fin, para evitar más desvaríos y digresiones les explico, este post tiene que ver con el bonito y apasionante arte de la tipografía y al hablar de la letra, por ende, debiera tener mucho que ver con nuestro quehacer bibliotecario, digo, al menos para tener tema de conversación, ¡je! Comencemos: Resulta pues que en la vieja tradición tipográfica –mucho antes del siglo XX y de la llegada de las computadoras con sus trucos para utilizar distintas fuentes e incluso cambiar los tamaños de las mismas–, cada uno e estos tamaños recibía un nombre relacionado con el uso que se les daba en diferentes texto, por ejemplo, el tamaño óptimo para un diario, tenía un nombre específico que era muy distinto del utilizado para un folletín. Así, durante siglos los tipógrafos hablaban de nomparela, miñona, filosofía, breviaro, atanasia, burguesa, [&hellip

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Como ustedes sabrán (y si no saben, les platico), esta semana se celebra en Estados Unidos la Banned Books Week o lo que es lo mismo, la Semana de los Libros Prohibidos. Una campaña que inició en 1982 gracias a Judith Krug, una bibliotecaria que no se creía aquello de que sólo servimos para acomodar libros. En fin, la Banned Books Week celebra la libertad de la lectura, la escritura y la publicación a través de un llamado a la concientización sobre los libros prohibidos, porque aunque no lo crean, aún existen listas y listas de libros y escritores que son considerados una amenaza a las buenas costumbres, ideas, pensamientos, acciones y mil cosas más. Ya saben, la relación de los humanos con los libros siempre ha sido de amor-odio. Pues bien, como ya les decía, no sólo se trata de libros, sino de todo lo relacionado con los libros y la lectura y, justo en  este marco de celebración me he topado con Escritores tras las rejas una interesante infografía preparada por Corriere della Sera. Esta infografía presenta los principales casos de privación de la libertad de expresión en 30 países alrededor del mundo durante 2012 y está basada en un [&hellip

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Seguramente muchos recordarán con terror las clases de bibliotecología (ahora no recuerdo la materia específica) donde nos ponían a estudiar los niveles de los documentos y donde poco hablábamos de la historia de las distintas obras (esa era harina de otro costal, o de otra materia). Pues sí, aunque les parezca extraño los bibliotecarios clasificamos la información no sólo por materia, sino hasta por nivel de documento: están los documentos primarios, los secundarios y un tercer tipo, conocidos como obras de consulta o referencia. Ya en otro momento les explicaré en qué consiste cada nivel de documento y antes de que se me vayan aburridos a leer otra cosa, sólo les diré que dentro de las obras de consulta entran los diccionarios y, como a mi me gusta esto de la historia de la bibliotecología y todo lo que tenga que ver con los libros, el día de hoy toca el turno en este post al origen de los diccionarios. Aunque nadie ha logrado ponerse de acuerdo, se cree que los primeros diccionarios surgieron en Mesopotamia por allá del 2,300 a.C., según la Wikipedia, se han descubierto textos cuneiformes que pertenecieron a la famosísima Biblioteca de Asurbanipal y que describían palabras [&hellip

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