Historia Archivo

No es ninguna novedad y nadie debe sorprender que para que un escritor logre una historia que impacte a cualquiera, debe tener una gran imaginación; sin embargo, que la imaginación llegue a tal punto que después de varios años, décadas o incluso siglos de publicados encontremos en nuestro presente similitudes con las historias que salieron de su puño y letra, resulta por lo menos sorprendente, si no es que admirable. Quizá uno de los ejemplos más representativos de autores cuyas obras se acercaron bastante al futuro es Julio Verne (1828-1905), por ejemplo, en sus obras encontramos naves espaciales, submarinos y otros cuantos desarrollos que fueron posible varias décadas después de su muerte, no conforme con ello, se dice además que se adelantó a algunos descubrimientos y eventos históricos, el más conocido es quizá el viaje a la luna del que Verne hablaba en su obra De la tierra a la luna publicada en la segunda mitad del siglo XIX y que fue una realidad casi 100 años después cuando Neil Armstrong se convirtió en el primer hombre en pisar nuestro satélite natural (1969). Verne durante décadas ha asombrado a lectores y aunque es quizá el más representativo, afortunadamente no es el único, [&hellip

Leer Más...

Como cada 23 de abril nos damos cita para celebrar el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, que a su vez coincide con otras fechas importantes como es el Día Mundial del Idioma Español y el Día del Bibliotecólogo en Colombia –¡Felicidades colegas de aquel lado del continente!–,  y con un día de diferencia también se celebra el Día de la Tierra (22 de diciembre); así que, como verán hay razones de sobra para festejar en grande. Como ya es costumbre, en el blog la celebración viene de la mano de recomendaciones de lectura, en esta ocasión de sólo un libro que, definitivamente merece más de una lectura y que deja con una impresionante cantidad de anotaciones, subrayados y marcadores: Shady characters: the secret life of punctuation, symbols & other typographical marks de Keith Houston: un libro simple y sencillamente iluminador en el que, con una lectura bastante ligera conoceremos el origen del asterisco (*), del octothorpe, mejor conocido como gato por estas latitudes (#) y que ha devenido en el famoso hashtag tan usado y maltrecho en twitter, la coma (,), los puntos (. :), los confusos guiones (medios -, largos –), la diagonal (/), el olvidado pilcrow [&hellip

Leer Más...

¿Sabías que durante una buena parte del primer milenio de la era cristiana, los textos copiados por los escribas no tenían espacios entre las palabras y tampoco existían los signos de puntuación que tantos dolores de cabeza provocan hoy en día a muchas personas; razón por la cual, era común en aquel entonces realizar la lectura en voz alta? ¿Sabías que antiguamente los textos sólo estaban escritos en mayúsculas y que fue gracias a Carlomagno, emperador de Roma del 800 al 814 de nuestra era, y su dificultad para aprender a escribir —porque sí, gobernantes analfabetas los ha habido en todos los tiempos— reproduciendo los trazos complicados de las “Capitales Romanas”, que su profesor Alcuino de York se dio a la tarea de revisar las letras utilizadas en aquel entonces y a simplificar los trazos, creando de esta manera las letras minúsculas que seguimos utilizando hoy en día? ¿Sabías que actualmente nadie logra ponerse de acuerdo en si la CH y la LL son letras o deben ser rebajadas al nivel de dígrafos, es decir, la combinación de dos letras para representar un sonido? Estos y otros datos más los encontrarán en El libro de las letras: de la A a [&hellip

Leer Más...

Revisando viejas notas encontré esta publicada hace tiempo sobre la ortografía española y que creo vale la pena rescatar. Sabías que: El abecedario español se oficializó en 1803 con un total de 29 letras. Que la CH y la LL en realidad son dígrafos, es decir, signos ortográficos compuestos de dos letras. Que ambos dígrafos actualmente son considerados respectivamente como la cuarta y decimocuarta letras del abecedario español. A partir del X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, realizado en Madrid en 1994 quedó establecido que las palabras que comienzan con CH se registrarán y ordenarán en la letra C, y a su vez, las palabras que comiencen con LL, se registrarán en la L (esto pudo ser de mucha utilidad para los catálogos impresos de muchas bibliotecas, cuando existían). La letra Y puede representar dos fonemas i o ll. El fonema de la C precedido por una A, O, U es de k; mientras que el fonema de la C, precedido por una E o U es s. La Real Academia española habla de: Fonema africado palatal sordo (ch), Fonema lateral palatal (ll), Fonema vibrante múltiple (rr), Fonema oclusivo velar sordo (c y q); y así a cada letra del abecedario [&hellip

Leer Más...

Querido lector, lectora, ruego no se confunda ya que esta entrega del glosario bibliotecológico nada tiene que ver con libros de autoayuda sobre desórdenes alimenticios o con la grandeza de la lectura, y aunque sí tiene que ver con lectura, no tiene que ver con lectura en el sentido que generalmente se maneja en este blog, es decir, sí, pero no, pero sí. En fin, para evitar más desvaríos y digresiones les explico, este post tiene que ver con el bonito y apasionante arte de la tipografía y al hablar de la letra, por ende, debiera tener mucho que ver con nuestro quehacer bibliotecario, digo, al menos para tener tema de conversación, ¡je! Comencemos: Resulta pues que en la vieja tradición tipográfica –mucho antes del siglo XX y de la llegada de las computadoras con sus trucos para utilizar distintas fuentes e incluso cambiar los tamaños de las mismas–, cada uno e estos tamaños recibía un nombre relacionado con el uso que se les daba en diferentes texto, por ejemplo, el tamaño óptimo para un diario, tenía un nombre específico que era muy distinto del utilizado para un folletín. Así, durante siglos los tipógrafos hablaban de nomparela, miñona, filosofía, breviaro, atanasia, burguesa, [&hellip

Leer Más...